¡Viva riego! por Arturo del Villar

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El 7 de noviembre de 1823 el heroico general Rafael de riego fue primero ahorcado y después decapitado en la madrileña plaza de la cebada, por orden del tiránico rey Fernando VIII de borbón y borbón, el más criminal monarca de la historia de España. no podía perdonarle que le hubiera obligado a jurar la constitución de 1812, un texto legal que se negaba a admitir como válido para su reino por creer que limitaba sus atribuciones reales, y que se apresuró a suspender a su regreso a España del voluntario exilio francés, por decreto del 4 de mayo de 1814.

Llegaba hinchado de odio contra los vasallos que se enfrentaron al ejército napoleónico, vencedor de Europa. Eran tan absurdos que lo hicieron  para reponerlo a él en el trono al que voluntariamente había renunciado el 6 de mayo de 1808 ante el emperador de los franceses. El embrutecido populacho español le apodaba el deseado, y mantuvo durante cinco años largos una guerra con el mayor ejército de Europa para que fuera su rey y señor, simplemente porque le creían más honrado que su padre.

Fernando vi implantó un régimen de terror, que causó la muerte de militares y civiles opuestos a su absolutismo. Algunos generales liberales que pretendieron poner fin a esa situación fueron ejecutados si no habían logrado exiliarse. Esas noticias no asustaron al teniente coronel Rafael de riego, segundo jefe del batallón de Asturias acantonado en el municipio sevillano de las cabezas de san juan. Educado en una familia de ideas liberales, ansiaba liberar a su patria de la tiranía borbónica, y arengó a su pequeña tropa para organizar un pronunciamiento por la constitución. Sabían todos los conjurados que si fracasaban les esperaban la muerte y el deshonor oficial, pero su patriotismo vencía los temores.

EL pronunciamiento

El 1 de enero de 1820 riego y sus hombres se pronunciaron para invitar al rey a jurar cumplir la constitución de Cádiz de 1812. En ningún momento pensaron en deponer al monarca ni en juzgar su actuación criminal contra los servidores del rey José Bonaparte es de justicia reconocer que José I sí fue un rey constitucional, tanto como para ordenar a un grupo de españoles elaborar la primera constitución en bayona, que él juró cumplir el 8 de julio de 1808, un acto por el que le felicitó el  ex rey Fernando, alojado en el castillo de valen cay. el 1 de enero de 1820 es una fecha felizmente histórica, porque dio inició al conocido como trienio liberal, cuando el rey se vio obligado a olvidarse del absolutismo característico hasta entonces de su reinado, para ser un monarca constitucional.

Las noticias tardaban entonces en difundirse, pero el pronunciamiento de riego pronto fue conocido. El 7 de marzo de 1820 el pueblo rodeó el palacio real, y exigió a gritos que el rey jurase cumplir la Pepa, como era llamada popularmente la constitución. El monarca dio instrucciones al general ballesteros, jefe de la guardia real, para que ordenase disparar contra los amotinados, pero el general le hizo ver que sería inútil mandarlo, porque no obedecerían, al estar de acuerdo con la opinión del pueblo.

Así, el 10 de marzo el rey tirano tuvo que hacer pública la nota más rastrera que se ha emitido en la historia de España, porque afirmaba: “marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”, con la seguridad de que ni cumpliría la promesa ni perdonaría a riego su pronunciamiento. Pero taimado como era, disimuló sus intenciones secretas.

El 3 de setiembre entró riego en Madrid, aclamado en las calles como el libertador. Por la noche se ofreció una sesión extraordinaria en el teatro del príncipe, en la que se le vitoreó y se cantó el trágala contra el monarca. Parecía que España alcanzaba la libertad y se ponía a la hora de los regímenes europeos, aunque sólo fue una breve quimera.

Una nueva invasión francesa

Se encargó de informar acerca de su fin el rey de Francia, Luis XVIII de borbón, al anunciar el 28 de enero de 1823 que cien mil franceses hijos de san Luis estaban preparados para entrar en España, y devolver a su rey todos los poderes de que había sido expoliado. son los llamados cien mi hijos de san Luis, que al mando de Luis Antonio de borbón, duque de angulema, cruzaron la frontera el 7 de abril de 1823, con la intención de terminar con el trienio liberal que parecía molestarles mucho.

La clerecía era y sigue siendo contraria al liberalismo, por el temor de que se rebajen sus prerrogativas. La consideran una doctrina diabólica, y efectivamente iba a ser condenada por el papa Gregorio xvi en su encíclica Mirari vos el 15 de agosto de 1832, y por pío ix en su quanta cura el 8 de diciembre de 1864. Curas y frailes deseaban que el rey fuera absoluto, o neto, como se decía entonces, en su propio beneficio.

A la muerte del tirano en 1833 la mayor parte de los curas y frailes se negaron a reconocer a su hija Isabel como heredera, prefiriendo al infante Carlos, hermano del difunto y mucho más fundamentalista que él. De ese modo empezaron las guerras civiles carlistas. En su ejército destacaron los llamados curas trabucaires, que se sujetaban la sotana con un cinturón con dos pistolas. Por eso los púlpitos tronaron a favor de los invasores franceses, y aquellos españoles incultos que en 1808 se enfrentaron al ejército napoleónico, quince años después predicaban a sus fieles la recepción de los invasores con los brazos abiertos, ya que venían a liberar al rey de sus opresores liberales. Por ese motivo las tropas de angulema avanzaron por el territorio español triunfalmente, hacia Sevilla, en donde se habían instalado las cortes con el monarca, no por su gusto.

Una proclama de riego

El 17 de agosto de 1823 Rafael de riego viajó desde Cádiz a Málaga, para tomar el mando del tercer ejército de operaciones. Al día siguiente dirigió una proclama a sus hombres, a los que empezaba llamando “compañeros”, algo inusual en el clasista ejército español, muy respetuoso con los mandos,  y en la que les anunciaba:

Compañeros: no hay medio, o vencer a nuestros enemigos y vivir libres y honrados, o sucumbir a su efímero poder, y vivir y morir encadenados y llenos de ignominia. Por mi parte, jamás dejaré de ser español, y al lado o delante de los que lo sean, veréis siempre a vuestro compañero y jefe partir las privaciones, las fatigas, las glorias y satisfacciones con los valientes que hagan su deber; así como sabría castigar con mano fuerte al débil, al cobarde, al infame que atente contra el honor o la libertad de la patria.

Quiso entrevistarse con el general ballesteros, comandante del ii ejército, porque fue uno de los que se habían pronunciado en 1820. Para ello se trasladó a Priego, en córdoba, y se encontró con la sorpresa de que su antiguo compañero había abandonado el liberalismo, y obedecía al rey neto. No sólo eso, sino que ballesteros animó a los soldados de riego a desertar.

Como era obligado, riego continuó sus planes, y el 13 de setiembre entró en Jaén triunfalmente, vitoreado por la población. Pero a las dos de la tarde se presentó el ejército francés reforzado por los realistas españoles que lo acompañaban. y se entabló una batalla en la fuente de la peña, prolongada hasta las diez de la noche, cuando riego, herido en una pierna y sin caballo, al comprobar las deserciones de sus tropas, ordenó la retirada a los fieles que le quedaban.

Vencidos, pero conservando intactos sus ideales, alcanzaron el municipio de Jódar a la mañana siguiente. Pero la caballería francesa seguía sus huellas y se entabló la última batalla, con el triunfo de los hijos de san Luis, que hicieron setecientos prisioneros. Los que lograron escapar con riego se refugiaron en arquillos, muy agasajados por sus habitantes, quienes en cuanto los vieron dormidos, cansados de las batallas y del trayecto recorrido, los denunciaron a las autoridades locales, quienes a su vez avisaron a las tropas realistas: recuérdese el nombre del pueblo como el de la mayor traición colectiva a las libertades públicas.

El día 16 fueron trasladados a la cárcel de Andújar en una carreta con paja, heridos, cansados, hambrientos e insultados por los jienenses en todos los lugares por lo que pasaban en dirección a Madrid: en Valdepeñas, pueblo manchego vinatero, sus habitantes, quizá alegres por el vino más que por la visión de los derrotados, quisieron linchar a riego, al mismo general que unos meses antes era considerado el libertador.

Fernando VII y su familia se trasladaron al puerto de santa maría, para entrevistarse con el de angulema, lo que aprovechó el rey para volver a suspender la constitución que tres años antes juró cumplir y hacer cumplir. Las palabras de los borbotes están muy devaluadas históricamente.

El proceso

Riego y sus compañeros llegaron al Madrid ocupado por los hijos de san Luis el 2 de octubre, en su carromato prisión. La casa natal de riego en Tuña (Asturias) fue destrozada por los hijos de don Pelayo. Al mismo tiempo el rey decretaba el encarcelamiento de cuantos liberales conocidos había en su reino, para lo que propiciaba las delaciones.

El ministerio de gracia y justicia organizó el proceso contra riego, que todo el mundo sabía cómo debía terminar inexorablemente, incluso su abogado defensor, Faustino Julián de santos, a quien le facilitaron los legajos del proceso para que los leyera en un solo día y preparase la defensa. la vista se celebró el 27 de octubre, sin la comparecencia del acusado, una irregularidad más, a quien representaba su abogado: tuvo la suerte de que se encontrase en la sala un  militar francés, quien impidió a la iracunda turba que lo linchase en el mismo tribunal, cosa que a los jueces españoles no parecía importarles. El fanatismo del populacho azuzado por los clérigos no tiene límites. Ya no era el libertador, sino el librepensador digno del fuego eterno, según predicaba la clerigalla enfervorecida.

El 5 de noviembre le fue comunicado el fallo a riego en su celda, sin ninguna sorpresa porque las órdenes del rey se cumplían inexorablemente:

Se condena a don Rafael de riego a la pena ordinaria de horca, a la cual se le conducirá arrastrado por las calles del tránsito, y a la confiscación de todos sus bienes, aplicados a la real cámara de s. m. puesto en noticia que comunicó a la sala el ilustrísimo señor decano.

A las diez de la mañana del ya histórico 7 de noviembre de 1823 salió de la cárcel de la corona una comitiva digna de ser copiada por goya entre sus pinturas negras. La abría la caballería, seguida por los carceleros, una gran cruz alzada rodeada por los familiares del tribunal del santo oficio de la inquisición restablecido por el mismo monarca al regreso de su exilio voluntario en francia, después iba riego vestido de negro y metido en un serón de esparto arrastrado por un caballo, rodeado de frailes que intentaban animarle a sufrir la muerte con alegría, puesto que si se arrepentía de sus horribles pecados iría al purgatorio, y de allí al cielo.

El crimen

En la plaza de la cebada se había alzado el patíbulo, con asistencia del verdugo y de jueces y testigos, además de una multitud enfebrecida que clamaba contra el reo. Así terminó el ilusionante trienio liberal, y comenzó la llamada por los historiadores década ominosa, porque se prolongó hasta la muerte del rey, y estuvo jalonada por los crímenes habituales en su reinado. Triste historia la de España bajo los Borbones.

El esperpento criminal vivido aquel 7 de noviembre escandalizó a los europeos, porque una vez más los españoles demostraban no merecer serlo, debido a su falta de civilización, adornada con el fanatismo habitual. Muerto el tirano el 29 de setiembre de 1833, su viuda maría cristina de Borbón, reina regenta durante la minoría de edad de su hija Isabel, fue asesorada por el jefe del gobierno, el liberal juan Álvarez y Mendizábal, para que firmase un real decreto el 21 de octubre de 1835, por el que se reponía riego “en su buen nombre, fama y memoria”, y además ordenó que “la familia gozará de la posición y viudedad que le corresponde según las leyes”.

La viudedad llegaba tarde, porque maría teresa del riego se refugió en Gibraltar tras la muerte de su marido, y de allí se trasladó a Londres, en donde falleció el 4 de julio de 1824. Había hecho testamento ante tres testigos, uno de ellos Mendizábal precisamente.

El 1 de enero del ya cercano año 2020 se cumplirá el bicentenario del pronunciamiento de las cabezas de san juan. No es de esperar que el gobierno de su majestad el rey católico vaya a celebrarlo, de modo que nos corresponde a los republicanos recordarlo.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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