Viernes 9 diciembre, La Opinión, ¿Por qué maté a John Lennon? por Carlos de Urabá – Periodista y brigadista internacional.

21
0
Viernes 9 diciembre, a las 14:30 h. y R a las 19:30 h. La Opinión, ¿Por qué maté a John Lennon?  por Carlos de Urabá – Periodista y brigadista internacional.
Chapman era su más ferviente admirador, lo
conocía mejor que nadie, se sabía de memoria las letras de sus canciones, los
álbumes editados, la historia de los Beatles, en fin, John era su álter ego.
Realmente lo amaba y lo amaba con adoración. Pero, entonces, ¿por qué lo
asesinó a sangre fría? Los médicos hablaron de “suicidio psicológico”, es
decir, que quiso matarse a sí mismo al disparar contra Lennon.

A Chapman le ha sido denegada la libertad
condicional en ocho ocasiones debido a la “naturaleza inusual” de su delito. A
pesar de su buen comportamiento los jueces no han tenido clemencia. La opinión
pública insiste en que debe cumplir la totalidad de la pena. Es lo que merece
un criminal como él, ¿no? El ser más odiado y que destruyó la carrera de uno de
los genios musicales del siglo XX.
Tras pasar más de
media vida en una celda del correccional de Attica todavía hay muchas dudas
sobre las verdaderas razones que lo llevaron a cometer el crimen.
Pero en todo caso han
aparecido una serie de manuscritos anónimos -que según los grafólogos-
pertenecen a Chapman y que nos brindan claves para descifrar este sin igual
asunto.
“-Tú nos mandaste a
las manifestaciones contra la guerra mientras hacías el amor con Yoko en tu
suite de Dakota. Allí acostado en tu “bed peace”, en tu “hair peace” tarareabas
la letra de give peace a chance, acorralado por la prensa del mundo entero que
no quería perderse ni uno sólo de tus caprichos. Si una mañana cualquiera te despertabas
estornudando, medio mundo se preocupaba hasta la desesperación; si bebías
leche, si te enamorabas o te desenamorabas, si la idiota de Yoko te dejaba o si
volvía, si te empelotabas como un payaso diciendo que lo hacías para luchar por
la paz, cualquier cosa, era trasmitida a los cinco continentes en menos de lo
que canta el gallo. Más que Cristo ¿recuerdas cuando dijiste que los Beatles
eran más populares que Cristo? Y algunos te dieron la razón.
Pero yo apenas he
sido uno más del montón. ¡A quién le importaba mi situación! Y luego te exigen
que seas responsable, que te portes bien, que seas correcto. Si al menos me
hubieses mirado. Tú sólo te limitaste a gruñir en el vestíbulo del Dakota, tu
dulce hogar. Te esperaba allí desde hacía horas. Hacía frío. Hace frío en New
York en diciembre, ¿sabes? Desde el Central Park llegaba una brisa que calaba
los huesos. En pleno corazón de Manhattan, un corazón helado, sabes. Te
molestaste sobremanera, no quisiste esperar medio minuto. No me atendiste. Tal
vez ibas apurado a cumplir una cita. Pero llevaba seis horas aguantando ese
aire gélido. Un minuto, sólo uno, que me hubieras podido dedicar buenamente.
Hacía años que te buscaba. No hemos tenido nunca a nadie. Solo a ti. Pensábamos
que era inútil encontrarte, que no saldrías, que estarías cambiándole los
pañales a tu bebé o viendo la tele, saboreando un delicioso vaso de leche.
Pero, Yoko asoma y va hacia la limusina, y tú tras ella, trotando cual perrito
faldero. Sí, sí aparece el gran John por fin frente a mis ojos, que alegría,
que calor en el cuerpo, adiós frío. Y doy un paso hacia ti, con toda la ilusión
latiendo en mis venas, ¿y tú que haces? ¿El esbozo de un saludo, de una
sonrisa? No, nada de eso. Sólo, tan sólo, un infinito desprecio como si fuera
un perro vagabundo. Y al ver que te vas, me pongo a tu lado y te muestro tu
último álbum “doble fantasía”. Y te solicito un autógrafo. ¿Me miraste? ¿Qué
hora era? ¿Las cinco o las seis? No sé. Parece que comenzaba a oscurecer. Me
acerqué a ti con… con amor. ¿Firmaste? Algo pusiste ahí, sí. Pero, ¿era tu
firma, eso? Y entonces volviste la espalda y te alejaste. Sí, vienes y cruzas y
pasas de largo, te subiste a la limusina que te aguardaba a unos metros y te
perdiste en el tráfico de Manhattan. Y yo empiezo a decirte adiós como si
agitase un pañuelo al viento, adiós, adiós. Me quedé con el disco entre mis
manos, viendo como tú y Yoko se besaban en la imagen, tan amorosos, tan
tiernos. Recuerdo que caminé por los senderos y atajos del Central Park, sin
ver por dónde iba o venía, extraviado, sin saber dónde me hallaba, en qué
lugar, en que pueblo, en que tiempo, como un niño solo, como un viejo solo,
como si hubiese sido abandonado en un desierto oscuro y mortecino.
Yoko ha entrado al
Dakota y tu pasas a mi lado sin prisa rumbo a tu apartamento. Si me hubieses
visto, si me hubieses sólo mirado, no me habría atrevido… Con el revólver,
ahora con el revólver cogido entre mis dos manos y flexionando levemente las
piernas cual si fuese un héroe de un filme americano -¡Mr. Lennon! – te grité-
te detienes y giras hacia mí y me miras. Ahora si me miras, me ves por primera
vez, me quedas mirando. Me viste, ¿no? Ahora que llevo un arma me ves, ¿no? Y
te hago sentir algo, algo al menos. ¿Despierto algo en ti, no es cierto? Fíjate
estamos en medio de la noche más plena y en el centro mismo de la ciudad más
soberbia, alta y fuerte del planeta. Los dos solos, perdidos, náufragos en un
mar insondable. No creías que un don nadie como yo pudiese ser capaz de esto.
Tu cara no era de fiesta. Te viste triste, desvalido el cantante más amado, el
ídolo universal. Dabas pena”.
Dicen que en los
últimos momentos uno ve su propia vida como si se tratara de una película.
Imágenes rápidas, imágenes tal vez simultáneas.
“Todas las gentes
solitarias, ¿de dónde vienen todas?
Todas las gentes
solitarias, ¿a dónde pertenecen todas?
Eleanor Rigby recoge
el arroz en la iglesia donde ha
tenido lugar una
boda; vive en un sueño.
Espera tras la
ventana, vistiendo la cara
que guarda en una
jarra junto a la puerta.
¿A quién espera?
Lennon solía acertar
al hacer las canciones. Pero sólo acertaba cuando hacia su música, no en el
trajín cotidiano de la vida. Como Eleanor Rigby, tal vez. Viviendo dentro de un
sueño, junto a una ventana, esperando. Pero el caso es que Mark David Chapman
igual se hallaba en la cima del abandono y la orfandad, igual de solo, igual
esperando. Y John Wiston Lennon se daba de cabeza contra algo que nunca pudo
saber qué diablos era. Estaba a la intemperie, viajaba a la deriva y los
demonios de su infancia aparecían una y otra vez, acosándolo. No le quedaba
otra sino agarrarse a un madero cualquiera. Y fue entonces que asomó Yoko,
cabeza dura, japonesa, loca y astuta.
¿Cuántas ventanas
tiene New York? Más que ciudadanos, seguro. Pero sin balcones. La gente se
asoma nada más que por esa otra ventana tan abierta y tan cerrada haciéndola
sintonizar con la realidad y la mentira del mundo. Tan importante, tan esencial
es esto, que incluso los ataúdes son fabricados con esas pantallas para dar
compañía y entretención en las fosas. Mientras Lennon canta: “el papa fuma
droga cada día” ¡Poder para la gente hoy! ¿Qué pasa New York? Chapman
empapelaba las paredes de su dormitorio con todo lo que tuviera que ver con los
Beatles.
“Sí, ustedes fueron
los perros domesticados de un circo pero ahora son los amos del circo.
Pensábamos que hasta te acordarías de los más desamparados, que tratarías de
proporcionar cobijo a los solitarios vagabundos, esos que aquí en New York
pululan por todas partes. Qué incluso, fíjate, que hasta osarías atacar el gran
mal del hambre ¿acaso no habías dicho que eras tanto como Cristo? ¿O que hasta
tal vez mejor? Practicar, entiendes, poner en práctica lo que cantabas a la paz
y el amor. Eras un gurú que se llenaba la panza y los bolsillos a costa de la
ingenuidad de tus devotos. 500 millones de dólares de regalías, casas,
apartamentos, castillos y comodidad suprema.
Qué fácil, ¿no? Si tú
ni siquiera has luchado, me hablas de tus verdades que son un puñado de
mentiras. Porque para triunfar hay que ser un hijo de… y los Beatles fueron los
hijos de puta más grandes que pisaron la tierra. Pero así y todo han sido
reverenciados por todo el mundo desde los mendigos a los reyes, desde los
analfabetos a los intelectuales, desde los negros y los blancos, los muertos de
hambre y los ahítos de manjares. No en vano hay una moda Beatles, una cultura y
contracultura Beatles. Salidos de la nada, han demostrado que se puede alcanzar
el infinito aunque uno tenga que bajarse los pantalones.
Cualquier movimiento
termina por ser absorbido por el poder o se convierte en poder. No eras más que
una marioneta en manos de los fabricantes de noticias, de famas, de modas o de
credos. Se acabó tu mal viaje de LSD, brother, se acabó esta triste mascarada
de pequeños burgueses. Como decías, el dolor induce al placer. Girl, ¿no?”
El Dakota Building
queda situado en la calle 72 de la zona oeste de New York. Es un complejo
señorial donde tienen sus nidos un montón de pajarracos celebres y millonarios.
El edificio es sobrio, gris y sin mayor personalidad. La verdad es que por la
noche da la impresión de algo así como un mausoleo de grandes dimensiones. Ahí
se alza la vertical del Central Park West, una de las zonas más exclusivas de
la ciudad de los rascacielos.
“Imagínate un millar
de soles
juntos en el cielo.
Déjalos brillar por
una hora.
Luego déjalos
apagarse
lentamente en el
cielo.
Hazte un bocadillo de
atún
Y comételo”
“Tu firma la
garabateaste sobre el álbum con infinito desprecio. Me lastimaste, me heriste,
hermano; me heriste con una lanza en el costado. ¡Actué en legítima defensa,
señor juez! Él disparó primero. Aprende a respetar hasta la flor más pobre y
silvestre, cualquier gota o grano de vida porque tú no vales más que aquello.”
-Chapman, un fanático
de los Beatles que se pasaba todo el día cantando sus canciones, que también se
casó con una japonesa y comenzó a firmar como John Lennon, portavoz de la paz y
del amor, el genio universal.-
Ahí estás junto a tus
compinches, los más guapos, los más ambiciosos, y en medio del derroche beben
cerveza, fuman yerbas, injieren barbitúricos o viajan felices en las alas de
placer y del engaño llevando una jeringa en sus manos. Cómplices de la publicidad
y del consumo. ¡Traidores!
“Como decías
“abandónalo todo” “sigue al Maharashi” “deja tu familia”, “sal de tu casa” y
nos embarcas a todos y usted se queda en la playa. Lo acuso de incitarnos a
romper con todo lo establecido, mientras usted se divertía en las discotecas de
New York o de Londres, lo acuso de haber ganado 500 millones de dólares a costa
de nosotros, de obligarnos a dejar nuestras casas cuando él se compraba
edificios enteros y una serie de mansiones en distintos paraísos terrenales, lo
acuso de haber empujado a toda una generación a la bebida y a la droga mientras
juraba haberse convertido en un abstemio y en un honorable amo de casa, lo
acuso de cantar contra lo establecido hasta ganar el dinero suficiente para
establecerse, lo acuso de utilizar la paz y el amor, sus amistades y hasta su
madre para obtener el número uno en los rankig del éxito, lo acuso de haber
dicho “uno tiene que perder toda la dignidad para ser lo que eran los Beatles”
Lo acuso de aceptar el despojo, el crimen, la burla. “de renegar de los líderes
cuando él tenía como líder a Dios y a Elvis Presley y, en el colmo, llegar a
afirmar lo siguiente “yo manejo a la gente, eso es lo que hacen los líderes,
fabrico situaciones que redundan en mi propio beneficio, así de sencillo, manipulación,
no hay que avergonzarse de ello, todos lo hacemos” lo acuso de confundir el
amor con la dominación “,yo he trabajado para ganar dinero, para hacerme rico;
de todas formas sigo siendo socialista” Hipócrita.
Lo sé, viejo, pero
con un revólver 38 en la mano es difícil que no me tengas en cuenta. ¿cómo me
mirabas, hermano? Me mirabas con respeto ¡Confiésalo! Con respeto y también con
amor porque te arrodillas ante el poder y en ese momento yo era el hombre más
poderoso del mundo. Ni más ni menos. Cuando te disparé obedecí un impulso
atávico. Después de escuchar el disco Sargeant Peppers Lonely Hearts, supe que
eras un farsante, un vil farsante.”
“Flores de celofán
amarillo y verde,
Amontonándose sobre
tu cabeza.
Buscas a la chica con
el sol en los
ojos se ha ido”.
“Con nuestro amor,
con nuestro amor
podríamos salvar el
mundo.
Sólo que lo
supiéramos…”
“En realidad no me
importa
si estoy equivocado.
Estoy bien.
Allí de donde soy,
estoy bien.
Allí de donde soy…”
Los parias, los
miserables los muertos de hambre son los míos y son más que los tuyos.
Te olvidas que
comprar un arma es más barato y fácil que comprarse una corbata. Te llamé para
comunicarte el veredicto inapelable “Mr. Lennon” y cuando volteaste la cabeza,
sin que me temblara el pulso, apreté el gatillo, una, dos, tres, cuatro, cinco,
seis veces. -¡Me han disparado, me han disparado! Fue tu postrer despedida-.
John Lennon murió a
las 23:20 horas del día 8 de Diciembre de 1980 en brazos de Yoko Ono, cuando en
un auto patrulla lo conducía a un hospital. Allí, sentado en el andén, se quedó
Mark David Chapman leyendo su novela favorita “El Guardián del Centeno”. «Si
quieres ser alguien famoso mata»
Escucha nuestra radio y los #podcast, si quieres oír los programas íntegros.
Artículo anteriorViernes 9 diciembre, “La otra voz” (Informativo alternativo)
Artículo siguienteLunes 12 diciembre, “Mujeres en la República” esta semana Carmen de Burgos