Viernes, 28 de julio. “Somos una sociedad en plena decadencia ética?”

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La grave situación a la que ha llevado a esta
sociedad la corrupción que en cadena asola a la práctica política y ahora también
al deporte, nos hace preguntarnos cada día qué está ocurriendo para que se
produzcan estos hechos.
Cuando ya parecía que estaban encima de la mesa
todos los escándalos posibles, desde los Eres en Andalucía, Pujol, 3 % y Palau
en Catalunya, a la Gürtel, Púnica, incluso en sectores sindicales de la UGT en
Asturias o CC. OO con las tarjetas “Black”, surge un nuevo escándalo, esta vez
en el deporte rey, el fútbol.
La detención por supuesta práctica corrupta del
presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar y su hijo
Gorka, da un nuevo giro de tuerca en el estado de descomposición de este país.
Ya no sólo afecta a la política ahora incluso se sumerge en el deporte, en su
“sancta sanctorum”, en la parte más popular de él.
Es como si fuera una continuación de los
escándalos de dopaje ocurridos en tiempos pasados, desde el ciclismo, al
atletismo, pasando por la gimnasia. Ahora ya parece que ningún estamento esté
libre de pecado.
Que Villar haya estado 28 años en lo más alto
del fútbol, que una parte de investigación vaya por la compra de voluntades
ocurridas para lograrlo, indica que quizás una fórmula para evitarlo sería
trasladar la exigencia de límites de dos mandatos, no sólo en la política sino
también en el resto de prácticas de poder.
No existe antídoto eficaz contra la corrupción,
pero sí medidas que intenten paliarla. Cortafuegos que al menos eviten que éste
se extienda por todo el bosque. El límite de mandatos es una de ellas. Evitar
que la gente se perpetúe en el poder al menos garantiza que éste no será
absoluto.
Como en la política, democratizar todos los
ámbitos de la actividad humana puede al menos hacer, que la ciudadanía castigue
a través de los votos las prácticas mafiosas, incluso las sospechas de que se
estén produciendo.
Aunque no siempre es eficaz y de ahí el
interrogante del título de esta reflexión. Porque quizás el mal que nos domina
en todas las esferas sociales tenga su origen en la propia sociedad, o quizás
avanzando más, en la naturaleza del ser humano.
Sólo así se podría explicar esta especie de
plaga bíblica que nos asola. No sólo con la corrupción, también con los casos
de maltrato a la mujer, de asesinatos, de violencia indiscriminada hasta en un
paso de peatones o a la puerta de una discoteca, de agresiones sexistas, o
xenófobas, una juventud desnortada a la que la droga de nuevo sacude con
fuerza. Los casos de vandalismo en los lugares de vacaciones, de infracciones
de tráfico por el uso y abuso de alcohol y drogas también nos sirven de
indicador.
Por no citar la imagen de maleducados que
producen los niños actuales, que no saben hablar sin gritar, que insultan y
agreden a su progenitores o abuelos, la cada vez mayor violencia sobre los
educadores y sanitaros.
Si hasta quien debería ser ejemplo de buen
comportamiento, la Iglesia Católica, se llena de casos indignos de pederastia.
Mucho más grave sucede en el Islam con la pandemia de la Yihad.
Más bien parece que este mundo se nos
desmorone, se degrada, se corrompe. No sólo en lo ético, también en el medio
ambiente destrozado hasta límites que hacen peligrar nuestra propia existencia.
¿Cómo explicar si no que un país civilizado
como EE.UU. elija a un patán como Donald Trump? ¿O que en nuestro país 8
millones de personas sigan votando a un PP inmerso en una corrupción hasta las
trancas?
La traca final ha sucedido el pasado miércoles
26, cuando en un caso inédito en nuestra democracia, el propio presidente del
Gobierno ha declarado como testigo sobre la corrupción en su partido. Ver esa
imagen de Rajoy ante el Tribunal, aunque sea de testigo resulta demoledora,
pero quizás la actitud indignante del Tribunal cortando las preguntas más
incisivas de la acusación resulte aún más.
¿Pesimismo o realismo? ¿Es todo esto fruto de
una sociedad degradada, corrupta en sí misma? ¿Esa corrupción arriba viene de
que abajo la gente hace las obras de su casa sin IVA, o intenta engañar en el
cobro de prestaciones?
La respuesta como aseguraba Dylan está en el
viento, pero o cambiamos radicalmente el estado de las cosas o esto pinta
francamente mal.
¿Todo está perdido? Quizás aún no, pero para
eso necesitamos reaccionar todos y todas rápidamente en nuestra praxis
personal, o seguiremos siendo una sociedad en vías de extinción.

Veremos………
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.


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