Viernes, 1 de diciembre. “Muros de sangre” por Carlos de Urabá

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La opinión por Carlos de Urabá.

Muros de sangre
Denuncia y compromiso
estético en homenaje a las víctimas del conflicto armado en Colombia.
Con motivo del Año de Colombia en Francia la
artista colombiana Delcy Morelos presenta su obra intitulada: Muros de
Sangre-la Sombra Terrestre que hace parte de la exhibición: “Medellín, una
historia colombiana”  Este es el mejor
ejemplo para comprender el por qué muchos artistas plásticos de nuestro país
han sido  abducidos por el flagelo de la
violencia.  Es una obsesión constante por
el tánatos olvidándose de cualquier aspecto onírico o poético. El virus de la
violencia marca a fuego candente nuestro inconsciente colectivo, parece que es
algo genético que fluye en nuestro ADN y se trasmite de generación en
generación.  Y no es para menos pues la
historia colombiana desde la conquista y colonización española ha sido un
continuo volcán en erupción. La última fase de la escalada bélica que va desde
1948 hasta nuestros días se ha caracterizado por ser la más cruenta y
destructiva.

La pintora de Tierralta (Córdoba) Delcy
Morelos nos explica que el propósito de su obra es el de rendirle un sentido
homenaje a las víctimas del conflicto armado. (Entre las que ella misma se
cuenta como una más). Desde luego que es un compromiso personal por reivindicar
a su propia familia, parientes, amigos o su comunidad. Por eso la artista ha
elegido esta brutal metáfora de un laberinto de sangre, muros de sangre, sangre
derramada, ¿un paredón de fusilamiento? Todo esto es muy paradójico pues la
sangre también es la savia que mueve el corazón o el pálpito vital. Pero lo que
aquí predomina es la muerte, los asesinatos, las torturas, las masacres. En
Tierralta siguen actuando los paramilitares -hoy denominados el clan Usuga,
Águilas Negras y las Bacrim- Acordémonos que uno de sus corregimientos es Santa
Fe de Ralito es donde se desarrolló el proceso de desmovilización de los paramilitares
en el 2005. (Por allí campaban a sus anchas asesinos como Mancuso, Jorge 40,
Don Mario, Don Berna o los hermanos Castaño) Los principales damnificados son
las comunidades indígenas Emberá Katios y Zenues que han pagado un alto precio
en su lucha de resistencia por la tierra y su cultura ancestral. Uno de los
casos más sonados fue el secuestro, tortura y asesinato del líder indígena Kimy
Pernía a manos de la AUC en el año 2001.

A raíz de los documentos desclasificados
recientemente por el gobierno norteamericano (con relación al asesinato de
Kennedy) aparece una carta secreta de una agente de la CIA que afirma que
Hitler consiguió salir vivo del Führerbunker de Berlín. Y no solo eso sino que
se habría escapado a Colombia. ¡A Colombia! Esto es algo descabellado. Además,
el agente aporta una foto en la que se le ve junto a un amigo en la ciudad de
Tunja. Y yo doy todo el crédito a dicha información porque lo más seguro es que
el Führer engendró una numerosa prole cuyos descendientes ocupan los puestos
más relevantes en la cúpula del gobierno y las FF.AA.

Colombia se desangra, se ha venido
desangrando desde hace siglos y todo porque las clases bajas al servicio de los
oligarcas y terratenientes decidieron levantarse, quitarse el bozal y reclamar sus
derechos  ¿Y cuál es la respuesta? Plomo,
bombas y metralla. Esto es algo que narra magistralmente el escritor colombiano
Eduardo Caballero Calderón en su libro “Siervo sin Tierra”. El pueblo se ha
rebelado no porque quisiera utilizar la fuerza para cometer un delito sino para
asegurar su propia supervivencia.

En esta sala de exposiciones no hay
orquídeas, ni paisajes idílicos, ni amaneceres de ensueño o  puestas de sol evocadoras; al contrario, los
muros de sangre reflejan una dantesca alegoría que nos deja estupefactos. Aquí
no existe el realismo mágico sino el hiperrealismo macabro. Algo que el
embajador de Colombia en Francia Federico Renjifo intenta obviar declarando que
esta exposición ¡es el mejor homenaje a la paz! Nos parece algo inaudito que la
paz se celebre con un escenario más propio de una morgue o camposanto. Las
contradicciones del gobierno colombiano no pueden ser más estúpidas y absurdas.
En esta exposición palpita el corazón herido de Colombia, ese es nuestro karma
o la ley de causa  y efecto de la que no
nos podemos librarnos.

Esta generación de artistas ha sido marcada
por unos acontecimientos que les ha desgarrado el alma.  Y eso es algo que se reflejan sus obras de
arte, en sus esculturas o pinturas. No es por explotar el morbo o el amarillismo
sino por denunciar al mundo tantas injusticias y arbitrariedades. De la forma
más cruda el espectador va tomando conciencia de la verdadera dimensión de este
devastador holocausto.

Las secuelas de la guerra en Colombia no solo
han sido las heridas físicas, las muertes violentas, las masacres, el
exterminio, las torturas, las violaciones o las desapariciones forzadas
sino  que es necesario también contar el
daño moral, psicológico y espiritual – Factores que muchas veces no se miden o
se mantienen al margen-  La peor parte se
la llevan los supervivientes, lo heridos, los encarcelados, los desplazados,
los exiliados.  Al fin y al cabo los
muertos muertos están pero los vivos son los que realmente van a sufrir las
consecuencias; sus seres queridos, sus esposas, sus esposos, sus hijos, sus parientes
directos, los huérfanos y viudas, deudos, 
amistades o su propio pueblo. 
Esto es algo que se agravó en las zonas donde el conflicto armado se ha
recrudecido con fiereza- ¿Cómo sanar el daño moral, esa herida que corroe el
alma? Los creyentes pueden consolarse con la misericordia de Dios que al menos
les devuelve la esperanza. Tras los acuerdos de paz el gobierno ha prometido
que se castigarán a los culpables (paramilitares y FF.AA) de las masacres y
matanzas (que no prescriben) y que se hará cargo de pagar las debidas
indemnizaciones a los deudos.  Pero nos
tememos que se traten nada más que de actos 
meramente simbólicos en el que se repartan algunas dádivas a cambio del
silencio y el olvido. Porque es difícil confiar en que la  justicia colombiana corrupta y parcializada
se incline de lado de los más débiles y desfavorecidos.

Los psicólogos y psiquiatras han venido
estudiado los efectos malignos de esta 
guerra interminable y que afecta a varias generaciones de
colombianos.  Hay infinidad de enfermos
mentales que carecen de tratamiento y cuya situación es prácticamente
irreversible. Si hiciéramos una sesión de psicoanálisis nos daríamos cuenta del
deplorable estado mental de muchos ciudadanos que residen o residían en las
zonas de conflicto. Abundan los cuadros de estrés postraumático, insomnio,
delirios de persecución, ataques de pánico, baja autoestima, depresión,
tendencias suicidas, angustia existencial, psicosis, alcoholismo, drogadicción,
marginalidad.  La mayoría de las víctimas
en silencio mascullan su desconsuelo, otros siguen tratamientos  a base de pastillas y barbitúricos para
atenuar ese dolor que les taladra el cerebro. 
Unos cuadros clínicos que afecta desde niños hasta personas
mayores.  Y una vez más nos preguntamos
¿cómo curar las heridas del alma? Son los daños colaterales de una guerra
infame que ahora muta en infinitas variables. Se ha firmado la paz pero el
ejército colombiano sigue armándose sin abandonar un minuto su política
represora.

El gobierno nacional dice que ha llegado la
hora de la justicia y la reparación, ha llegado la hora de la reconciliación
entre todos los colombianos, que Dios todopoderoso nos va a iluminar.   
¿Dónde están los más de 200.000 desparecidos
que ha habido a lo largo de estos últimos 50 años de guerra fratricida? Algunos
insinúan perversamente que lo más seguro es que eran cómplices y auxiliadores
de la guerrilla. ¿Dónde están los testigos y el cuerpo del delito o las pruebas
incriminatorias? Es la palabra de las víctimas contra la palabra de los
victimarios y por eso es que sus familiares 
recurre a organismos internacionales como la Corte Interamericana de
Justicia para que fructifiquen las demandas contra el estado colombiano.
Menos mal que en Colombia existen artistas
comprometidos y sensibles que no son ajenos a la tragedia que ha sufrido la
población civil. Estas obras son una forma de desahogar su rabia, exorcizar
esos fantasmas que les rondan por sus cabezas. Los muros de sangre, cataratas
de sangre, ciénagas de sangre.  Entonces,
como es natural el espectador al meter el dedo en la llaga se interroga ¿qué
habrá acontecido en ese país?, ¿por qué ese pueblo ha merecido un castigo tan
bárbaro y despiadado? Crímenes contra la humanidad que no tienen ninguna
explicación racional.
En todo caso nuestra obligación es dignificar
a las víctimas: a los más humildes, los jornaleros, los campesinos, indígenas o
afrocolombianos que fueron despojados de sus tierras, a los que fueron
esclavizados, embrutecidos por los amos y terratenientes, los niños explotados,
las niñas abusadas y prostituidas, un pueblo condenado al destierro a las
grandes ciudades. El genocidio del mundo rural es una de las tragedias más
abominables y de la que es imposible resucitar. Definitivamente hay unos
agredidos y unos agresores y esos agredidos empuñaron las armas en defensa
propia. ¿Cómo enfrentar al ejército colombiano, a los paramilitares, a las
mafias y sicarios que pretendían exterminarlos? Se utilizaron tácticas y
métodos nazis para acallar a los opositores a los que se les acusaba de
guerrilleros, de terroristas, de subversivos y por ende había que fusilarlos en
el paredón. Ahí están esos Muros de Sangre, 
la sombra terrestre que como una mortaja convierte el día en una noche
perpetua, una noche enrojecida y tenebrosa.

 
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

 
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