‘Viejos dogmas’ por Concha Casas

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Decíase antaño, que el “señorito” o cacique alimentaba y cuidaba a “su gente”, como si ésta le perteneciera y fuese una posesión más; creencia vertida exacerbadamente por ese mecenas tan altruista entre las clases populares (el populacho a modo despectivo), el pueblo. Contando así con el agradecimiento eterno de éste, no reparando el mismo, en qué por ese chusco de pan sobradamente ganado, no hacían otra cosa, sino llenar los bolsillos del amo o patrón atándose los grilletes aún más, convirtiendo esa práctica en lo que hoy denominamos esclavitud. Un modo refinado de legitimar una de las acciones más horrendas que el hombre ha llevado a cabo sobre el hombre, desde tiempos inmemorables; sin cadenas físicas ni sometimiento brutal, sino a través del discurso, promesas y palabrería derramada sobre éste y germinado en la ignorancia del mismo.

Poco ha cambiado la sociedad contemporánea desde entonces. Ha sustituido la tiranía del cacique, por la de las grandes corporaciones o lobbies, sometiéndose a éstas a través de la deuda. Hábito aunado y consentido por los ejecutivos de turno y sus políticas neoliberales, agrandando así las diferencias entre una clase y otra. Creando beneficios y prebendas para una élite, en detrimento de la mayoría, que se ve cada vez más hundida en ese pozo de corrupción pestilente, que inunda ésta, nuestra querida España (que cantaba Cecilia, allá por los 70).

Está claro que es rentable para esa clase vampírica, mantener en la ignorancia a la clase predominante, excluyéndola de la cultura y por ende de las universidades encareciendo y privatizándolas, llevando así al sistema regente o capitalista hasta la cumbre, convirtiéndolo en el estamento por excelencia y asentado en unos cimientos más que estables, a través de la ignorancia de los que serán sus vasallos. Y para rematar su felonía se dota de un discurso demagógico e irreal; Ejemplo y pieza clave de ello fue la Transición Española y como su propio nombre indica, se transigió o lo que es lo mismo por su etimología, se impusieron unas ideas políticas sobre otras, con el fin de atajar las diferencias entre ambas, dando por hecho un entendimiento entre las partes bajo esos términos; pretensión del todo improbable a ojos vista, pues se cambió la Dictadura por el continuismo de ésta; a través de la demagogia como herramienta engañosa.

Desde los albores de los tiempos, el hombre ha estado inmerso en la lucha de clases, (los que defendían su pan y los que se lo querían quitar) Dos clases. En el siglo XXI la esencia de esa lucha no ha cambiado substancialmente. Los grandes monopolios, bancos y colaboradores, someten a la población. Es un hecho mundialmente extendido y aunque la Globalización sea un Titan, es necesario implicarse en un cambio.

El verdadero deber del patriotismo (muy de moda últimamente) debe ser la transformación de nuestro país en una sociedad más acorde con los tiempos y necesidades de la ciudadanía. Desterrar el expolio y la corrupción de las instituciones. Sólo así conseguiremos un Estado libre y ser patriota tendrá otras connotaciones.

Es fundamental si queremos un Estado de derecho, una verdadera democracia con garantías y participativa con separación de poderes, la renovación de pactos mediante un Proceso Constituyente, un proyecto nuevo de país que acorte las diferencias sociales y que ponga sobre el tapete el discurso republicano.

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