“Soso, ridículo y fraile” por Arturo del Villar

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La decadencia del partido usurpador del nombre de Socialista Obrero con el que fue fundado en 1879 es tal que vuelve a recurrir a fray Gabilondo para que se presente candidato a la presidencia de la Comunidad de  Madrid, considerada la perla de la Corona borbónica. Dios nos libre de que resulte elegido. Hizo bien cuando abandonó la orden de los corazonistas, porque la secta catolicorromana es la organización más criminal habida en la historia de la humanidad, pero demostró su calaña cuando profesó en ella voluntariamente. Al formalizar su ingreso debía saber lo que hacía, o es un imbécil ignorante. Su aspecto de inmenso despistado permite sospecharlo. Parece estar siempre esperando la visita del Espíritu Santo, como aquella vez en que le animó a hacerse corazonista.

La orden del Sagrado Corazón de Jesús fue creada en Francia en 1821, con el designio de ayudar a jóvenes necesitados, que es el deseo ardiente de los clérigos, estar en contacto con muchachos para satisfacer su lujuria en ellos. En los últimos años se ha puesto fin a la conspiración del silencio que impedía denunciar las violaciones de monaguillos y seminaristas por parte de los clérigos, pero en la actualidad hay diócesis en quiebra por las elevadas indemnizaciones que los jueces les han impuesto para compensar a sus víctimas. ¿Qué impulsó a profesar al hermano Gabilondo, que así se llaman ellos, en la secta? Un día la abandonó, pero no pudo librarse del aspecto característico por el que son reconocidos los frailes, lo mantiene todavía y sirve a los caricaturistas para presentarlo en su ser natural ridículo.

Un fraile  amoroso

En un vídeo promocional de su candidatura fray Gabilondo se ha autodefinido como “soso, serio y formal”, aunque no lo necesitaba confesar, puesto que se le nota. Sin embargo, este tipo tan soso precisamente por su aspecto frailuno se presta a toda clase de caricaturas. Se ha convertido en el payaso tonto de la campaña electoral, y cualquiera de sus contrincantes a su lado parecerá el listo que le pega las bofetadas. Las merece.

Seguramente las aceptará como una penitencia, en lugar del cilicio recomendado a los frailes piadosos, que al no haberlos nadie lo utiliza. A fray Gabilondo lo que le importaba era el amor, y deseaba ansiosamente encontrarlo en el convento. Al parecer fue la causa de su profesión, porque escribió un ensayo titulado Enséñanos a amar. Catecismo del Sagrado Corazón. Se supone que la petición le estaría hecha al corazón de Jesucristo, que es la víscera más venerada por esta gente, desde que la histérica Margarita María de Alacoque aseguró que había intercambiado su propio corazón por el de Jesucristo, en una operación quirúrgica sin anestesia, como un regalo que le hizo por ser tan imaginativa. Y los catolicorromanos aceptaron la patraña y la han declarado santa. Ellos son así de crédulos.

También fray Gabilondo lo creyó, y se convirtió en apóstol del amor, no del libre, que eso para él es pecado, sino del amor eclesiástico, que ya sabemos cómo se aplica. El arte de amar gabilondiano es completamente diferente al clásico de Ovidio, y supongo que más aburrido y peor escrito, porque no he sentido curiosidad por leerlo, ya que no parece interesante saber cómo le enseñó a amar una víscera independiente arrancada de su sitio. Pero a fray Gabilondo le enseñó a amar, y en consecuencia abandonó el convento aunque no las costumbres frailunas, porque imprimen carácter.

El ensayo apareció en 1969, impreso por cuenta de la editorial Mensajero, propiedad de la llamada Compañía de Jesús como partícipe del Grupo de Comunicación Loyola, por el apellido de su fundador Ignacio, con sede central en Bilbo. Ha ido decayendo a medida que el país se civilizaba y fue dejando de creer los absurdos eclesiales. Editaba numerosas publicaciones, cada vez más reducidas, con la revista El Mensajero del Corazón de Jesús, título abreviado a Mensajero después, como la más preciada, y también un taco calendario anual presente en todas las parroquias.

Un candidato equivocado

Si llegara a ser elegido presidente de la Comunidad, Dios no lo quiera, consagraría Madrid al corazón de Jesús, siguiendo el ejemplo de Alfonso XIII con España, y nos llevaría al Cerro de los Ángeles en peregrinación. Además nos enseñaría a amar, al corazón de Jesucristo, por supuesto, nada de amores carnales que suelen ser pecado. Si es que fray Gabilondo es como santa Margarita María de Alacoque en versión calvo y con gafas, se le nota mucho al natural, y sobre todo cuando habla. Sus mítines son sermones aburridos, expresados con ese tonillo típico de los clérigos en el púlpito. Su oratoria duerme a los insomnes con rapidez. No hay quien lo aguante. Por muy pecadores que seamos los madrileños, no merecemos que nos impongan la penitencia de fray Gabilondo presidente. Es como un resumen de las plagas de Egipto en una persona de aspecto ligeramente humano. No es un candidato político a las elecciones, sino un castigo.

Qué bajo ha caído el mal llamado Partido Socialista Obrero, para tener que recurrir a este semifraile exclaustrado, pero con todos los vicios conventuales. Al pensar en un socialista verdadero como Indalecio Prieto, que blasfemaba en dos idiomas y lo hacía sonoramente, comprendemos que la caricatura actual del partido fundado por Pablo Iglesias Posse en 1879 es una ridiculez, y por eso se ha quedado sin socialistas y sin obreros en la militancia, convertido en una mafia que roba, mata y entierra a las víctimas en cal viva, lo más vivo existente en sus órganos de dirección.

Aquel partido original era republicano, marxista y agnóstico, en el que nunca se admitiría a un personaje como fray Gabilondo, pero al cabo de un siglo de honradez la traición de Felipe González lo transformó en dinástico, socialdemócrata y confesional. En ese residuo fétido sí tiene cabida fray Gabilondo, aunque él asegura no estar afiliado, sino ser un simpatizante simplemente. Un simpatizante carente de simpatía, porque es acertada su autodefinición como “soso, serio y formal”, más la característica principal frailuna, por la que se le reconoce.

Seguro que hay madrileños socialistas catolicorromanos sinceros que ya están rezando novenas al corazón de Jesucristo y comulgando los primeros viernes de mes, que es costumbre jesuítica derivada de la comunicación de la locuela Alacoque, para impetrar la ayuda divina que impida el triunfo de fray Gabilondo en las urnas que lo convertiría en presidente de Madrid. Es verdad que no hay mucho personal convincente para elegir, pero lo peor de todos es fray Gabilondo el corazonista  descorazonado.

Por: Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.
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