“Políticos y borbones” por Arturo del Villar

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Han coincidido el 23 de junio de 2021 la excarcelación de los nueve políticos catalanes presos, y el anuncio de que el preso Iñaki Urdangarin ya no tiene ni siquiera que ir a dormir a la dorada cárcel de mujeres en la que residía, después de pasar todo el día fuera de ella, y puede viajar al extranjero cuando le pete si le peta.

A los catalanes se les ha concedido un indulto condicionado, revisable y parcial, de modo que si hacen o dicen algo que les parezca inconveniente a los jueces habrán de volver a la mazmorra. Al Borbón consorte lo han puesto en la calle, sin otro requisito que presentarse una vez a la semana en la cárcel para demostrar que sigue estando en el reino, pero con la posibilidad de telefonear en lugar de ir si no le conviene hacerlo. A los catalanes les exigían que pidieran perdón por haber intervenido en la vida política de Catalunya debido al hecho probado de haber sido elegidos por el pueblo precisamente para hacerlo, y prometer que no lo volverían a hacer. Al cuñado del rey no le ponen deberes, seguirá haciendo su real gana.

La verdad es que el Urdanga no encontrará facilidades para continuar su vida delincuente. Como decía la sentencia que lo condenó a cinco años y diez meses de cárcel, pudo delinquir debido a “la situación de privilegio de que disfrutaba como consecuencia de su matrimonio con una hija de quien era entonces jefe del Estado”. Si a partir de ahora pretendiera volver como antes a robar con guante blanco, gracias al privilegio de ser cuñado del rey Felipe VI, nadie se fiaría de él, porque sus andanzas han servido de comentario durante meses a los vasallos, y al monarca no le conviene demostrarle ningun afecto familiar: ya les privó a los dos de utilizar el ducado de Palma de Mallorca, otorgado complacidamente por el padre y suegro con motivo precisamente de su boda, porque al ser toda España suya podía regalarla en trozos a quien gustara, sin tener que consultar al pueblo de la localidad su opinión: cuando manda el rey el pueblo no puede hacer más que obedecer.

Tiene gracia recordar que durante el tiempo en que se sustanció el proceso, el entonces monarca en ejercicio Juan Carlos I repetía muy ufano que “La Ley es igual para todos”, como lo demostraba el juicio a su yerno.  Sin embargo, quedó muy claro que su hija la infausta Cristina, esposa legítima del Urdanga, era la jefa de la banda, porque el balonmanero carecía de inteligencia para programar todos los delitos por los que fue acusado. La evidencia en este caso no sirve para nada, porque al ser borbona resultaba inimputable, ya que resultaría un conflicto severo que la hija del rey fuese condenada por los delitos achacados a su cónyuge: malversación, prevaricación continuada, tráfico de influencias, fraude a la Administración y dos delitos fiscales. Es yerno de un rey y cuñado de otro. ¡Qué familia!

Ahora Juan Carlos ya sólo es rey decrépito, se ha exiliado en Abu Dabi y no se ha pedido su extradición para ser juzgado, pese a su eslogan repetido de que “La Justicia es igual para todos”. Le faltó añadir “Los que no se  apelliden Borbón”, porque en su caso el axioma falla. Sus dos mil millones de euros obtenidos fraudulentamente en robos continuados al pueblo español se hallan colocados en paraísos fiscales, y si se los entregara a la Administración de Hacienda contribuiría a paliar la situación crítica en la que se halla el reino. Cuando reinaba le llamaban en los medios de comunicación servilones “El primer español”: lo era en el cobro de comisiones, pero su teórico patriotismo no le animaba a depositar su fortuna en bancos españoles, sino que la trasladaba a lugares opacos.

Así que vive su dorado exilio en Abu Dabi, junto a sus amigos los tiranos de los emiratos árabes. En cambio, los jueces se despepitan pretendiendo conseguir la extradición de un político catalán, Carles Puigdemont, exiliado en Bélgica, país que no se halla dispuesto a concederla, porque sus magistrados no encuentran que sea culpable de los presuntos delitos de carácter político por los que está acusado en España. En cualquier caso, ya que Puigdemont no ha robado nada, no podría tampoco devolver nada a la Hacienda, como sí tendría que hacer el rey decrépito exiliado en el caso de ser extraditado. Pero puesto que es un Borbón, es intocable: aunque haya dejado de reinar no ha perdido su real condición adquirida al nacer, por ser hijo de sus padres borbónicos ambos. La monarquía es así.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.
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