‘Otro rancio 12 de octubre’ por Javier de Miguel

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Otro 12 de octubre se celebra el día de La Nación Española, fasto que ha pasado sin solución de continuidad de Día de la Raza a Día de la Hispanidad, y desde 1987 Día de la nación española.

Para ese día hay programadas más de 120 actividades en toda España, curiosamente todas ellas referidas al ejército, que se convierte en el imaginario ciudadano en la esencia de la patria.

El día 12 vemos  presidiendo el desfile a un monarca cuya dinastía ha sido impuesta por golpes de estado, Alfonso XII por el golpe de enero de 1875 y tras un paréntesis democrático a partir de 1931, impuesta de nuevo por los sublevados en 1936, que convirtieron a España en un reino allá por 1943. Una dinastía golpista que nunca se ha sustentado en la voluntad popular y que no parece muy dispuesta a ello en pleno siglo XXI.

Preside el rey un desfile exclusivamente militar en el que la unidad más aplaudida suele ser un cuerpo mercenario de infausta memoria en nuestra historia, la legión y su cabra.

Al mismo tiempo, en Andalucía los colegios van a celebrar el ya olvidado Día de la Hispanidad, icono de la historiografía franquista, que miraba hacia una época imperial sustentada en la cruz y la espada. Otra victoria de VOX.

Y todo ello con el mar de fondo de una ultraderecha ya declaradamente   postfranquista y una derecha que en sus dos versiones pacta con ellos y mira hacia otro lado ante posiciones claramente fascistas.

Y con el PSOE, como siempre, puntal de la monarquía, teniendo el presidente Pedro Sánchez la desvergüenza de decir que el borbón Felipe VI representa los valores de la Segunda República.

Y es que esta débil democracia no ha sido capaz de romper el hilo umbilical con el pasado y ni siquiera convierte en Día de la Nación la conmemoración de la Constitución de 1978, que mal que bien y como un trágala votamos la ciudadanía.

Necesitamos una rebelión democrática que, como pedía Joaquín Costa hace más de cien años, ponga siete llaves al sepulcro del Cid.

Necesitamos una rebelión democrática que rescate lo mejor de nuestra historia para apoyados en ella mirar al futuro para conseguir, no más país, sino un país mejor.

Necesitamos referencias comunes en las que podamos mirarnos sin sentir vergüenza.

El día 12 de octubre no puede ser esa referencia.

Propongo para ello la fecha del 19 de marzo. Ese día en 1812 y en Cádiz es proclamada una Constitución que trata de romper con el absolutismo. Una constitución que  significa el nacimiento de España como proyecto político.

Por supuesto que debemos verla en su contexto histórico.

En una sociedad feudal con la monarquía absoluta y la Iglesia Católica como sostenedores de ella, las Cortes de Cádiz tratan de acabar con el absolutismo, convertir a los súbditos en ciudadanos, con las limitaciones de la época.

El monarca lo será POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA CONSTITUCIÓN, limitando los poderes del rey, se atisba una separación de poderes y aparece tímidamente el sufragio, universal pero masculino e indirecto y como fruto de una burguesía liberal, vinculado a la propiedad.

Esta Constitución será abolida por un golpe de estado, otro, de Fernando VII que soborna a la guarnición de Madrid e inicia un terrible represión. En 1820 Riego, sí, el del himno de Riego, se subleva y la pone de nuevo en vigor. Poco durará, en 1823 tropas francesas, los cien mil hijos de San Luis, son enviadas por la Santa Alianza, una especie de OTAN avant la lettre, que reponen a Fernando como monarca absoluto.

La sublevación de 1868 que envió al exilio a Isabel II, y la primera y segunda repúblicas, forman parte, con aciertos y errores de ese vector de lucha por la dignidad.

A lo largo del siglo XIX, el grito de ¡VIVA LA PEPA!, en referencia a la fecha en que fue proclamada, será en España un grito de libertad.

De nuevo ante esta casposa y rancia España que rechazamos, ¡VIVA LA PEPA! y a ver cuándo logramos que la republicana de nuevo ondee libertad.

Javier de Miguel Sáenz

 

 

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