Otra cruzada infantil por Arturo de Villar

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El tirano de Marruecos ha querido demostrar su poder al reino de España en este mes de mayo de 2021, mandando a unos miles de vasallos a invadir pacíficamente las ciudades de Ceuta y Melilla. Cuando la invasión está formada por miles de personas en unas ciudades de escasa población, resulta tan perjudicial si no llevan amas como si están armadas, porque es inevitable el choque entre  los habitantes y los invasores.

Además en este caso el sátrapa marroquí movilizó también a niños, porque las leyes internacionales los protegen. Fueron engañados sin conocimiento de sus padres, que después los han reclamado, y por eso algunos pueden ser devueltos a su patria. Pero la mayor parte de ellos no quiere regresar, debido a que los marroquíes malviven, carecen de libertades, y su futuro es nefasto, como resulta forzoso en una tiranía en la que el rey es el señor de vidas y haciendas, jefe de los ejércitos y de la policía, comendador de los creyentes y director de la economía nacional.

Hemos asistido así en el año 2021 a una repetición de la cruzada infantil organizada en 1212. Los historiadores discuten mucho sobre lo que verdaderamente sucedió entonces, sin ponerse de acuerdo, aunque parece que fue un movimiento de masas infantiles fanatizadas por unos visionarios, que terminó trágicamente para los crédulos ingenuos que lo siguieron. El fanatismo religioso conduce siempre a la muerte, lo mismo en el campo de batalla que en los procesos judiciales ante tribunales intolerantes.

Las cruzadas constituyen uno de los capítulos más sanguinarios en la historia de la Iglesia catolicorromana, y comprende desde 1095 hasta 1270. El primer culpable de su realización fue el papa romano Urbano II. Envió predicadores por paises del sur de Europa, con objeto de reclutar un ejército con destino a liberar Jerusalén y los llamados santos lugares del poder de los turcos. El mensaje transmitido por los predicadores era taxativo: “¡Dios lo quiere!”, de modo que aquella guerra contra los infieles era santa.

Los guerreros llevaban cosida una gran cruz en el peto, por lo que fueron conocidos como cruzados. Les habían asegurado que esas cruces rechazaban las armas enemigas, así que gozaban de una protección divina que les garantizaba el triunfo sin sufrir ningún daño, pero en el caso de producirse algún fallo y fallecer el piadoso guerrero, los predicadores certificaban la salvación de su alma en el reino de los cielos.

Esta teoría medieval absurda no fue exclusiva de esos siglos fanatizados y candorosos, sino que se propaló también en el científico siglo XX: en la guerra librada en España desde 1936 el ejército sublevado lucía los llamados detentes, unos escapularios de tela con la imagen del corazón de Jesucristo y a su alrededor la frase “Detente, bala”, que hacía invulnerables a quienes los llevaban. Parece ser que las balas del ejército leal sabían leer, y al ver la inscripción se daban media vuelta para no dañar a la santa víscera.

Se habían realizado ya cuatro cruzadas cuando aconteció la infantil, un episodio turbio que demuestra el poder de la superstición  delirante. Existen varias versiones sobre lo ocurrido, e incluso se divide en dos escenarios, Francia y Alemania. En síntesis, sucedió en cada uno de esos países que un joven visionario afirmó haber recibido de Jesucristo la revelación de conducir a niños a Jerusalén, porque al ser puros y creyentes, las aguas del mar se abrirían a su paso, como le sucedió a Moisés, y las murallas de la ciudad caerían ante ellos como las de Jericó sin necesidad de combatir.

La versión francesa cuenta que unos 25.000 niños se encaminaron a Niza, aunque solamente llegaron dos mil, a causa de muertes y deserciones. Allí se pasaron quince días orando sin cesar para que se abrieran las aguas, sin conseguir el milagro, hasta que dos mercaderes les ofrecieron siete barcos para llevarlos a Jerusalén. Aceptaron, dos de los barcos se hundieron, y los otros cinco llegaron a Alejandría, en donde los dos mil niños supervivientes fueron vendidos como esclavos y acabaron en los serrallos moros. La versión alemana es semejante en todo.

De modo que el tirano marroquí organizó otra cruzada infantil para liberar Ceuta y Medilla, aprovechando que este siglo XXI es tan crédulo como el XIII, y la guerra santa llena de fervor religioso a cualquier sectario.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.
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