No queremos OTAN

0

Tres días antes de la prevista llegada a Madrid de las 40 delegaciones otánicas, en la mañana del domingo 26 de junio de 2022 ha recorrido las calles una animosa manifestación en contra de su presencia. Con incontables banderas tricolores y pancartas opuestas a la Organización Terrorista Agresiva Nefanda, que eso significan las siglas criminales de OTAN, unas 30.000 personas recorrimos las principales calles del centro de la Villa y Corte, desde Atocha a la plaza de España, entre tanquetas de las fuerzas brutas represivas borbónicas, sin que se produjera ningún incidente.

Entre los gritos más coreados estaba el ya clásico de “¡OTAN no, bases fuera!”, que muchos de los manifestantes reclamábamos en las marchas a Torrejón de Ardoz hace ya tiempo. La opinión mayoritaria de los españoles representados por los madrileños, no ha variado en estos años: nos oponemos a la pertenencia del reino de España a esta organización imperialista al servicio de los Estados Bandidos de América, y queremos que se desmantelen las bases militares en la que almacenan armas nucleares.

Eso fue lo prometido por el secretario general del partido falsamente llamado Socialista, Felipe González, si le votábamos el 28 de octubre de 1982. Lo hicimos, pero no cumplió su palabra, sino que traicionó todo cuanto había dicho y en último término a España, demostrando así su calaña. La única de todos los sociatas que aceptan la situación, genuflexos siempre ante el emperador gringo de turno. Ahora es el Perico Sánchez el que comete la gran infamia de recibir en Madrid a los dirigentes de la Organización Terrorista. En el Cementerio Civil se removerán estos días los huesos de Pablo Iglesias Posse, El Abuelo, al comprobar cómo han transformado para mal al partido fundado por él como republicano, marxista, ateo y antiimperialista, que en la actualidad es su caricatura.

Los 50 millones de euros que gasta en esta ópera bufa nada más el Ministerio de Asuntos Exteriores tendrían que aplicarse a cubrir las más perentorias necesidades del reino, empezando por reducir la milmillonaria deuda exterior, y continuando con mejorar las condiciones de vida del pueblo, que clama inútilmente contra la carestía de todos los productos de consumo, la elevada tarifa eléctrica, la pésima Sanidad pública, y en general la desorganización económica en que está hundido el reino.

La aportación de España a la OTAN suma 149,75 millones de euros anuales, según datos publicados por la Organización. Y según el Ministerio de Defensa, el gasto del reino en el año 2021 en esa materia superó los 12 millones de euros. Pero somos un reino hundido en la miseria.

Las intervenciones de la OTAN en los conflictos internacionales resultan siempre catastróficas. La más sonada de todas, que servirá como ejemplo histórico, ha sido la guerra en Afganistán, originada por el colonialismo gringo para vengarse de los atentados sufridos en el corazón mismo del imperio el 11 de setiembre de 2001, cuando fue derribado su orgullo junto con las Torres Gemelas. El 7 de octubre siguiente Afganistán era invadido por fuerzas de la OTAN, comandadas por generales gringos. Veinte años después, el 15 de agosto de 2021, los Estados Bandidos de América reconocieron su derrota y anunciaron una salida urgente de Afganistán, abandonando a los colaboracionistas que les habían servido en ese tiempo, y que lógicamente son considerados traidores por los talibanes vencedores.

El reino de España participa en las misiones exteriores de la Organización. En Afganistán las tropas españoleas tuvieron a su cargo pacificar las provincias de Herat y Badghis, en donde se derrochó inútilmente el dinero de nuestros impuestos. Las fuerzas de ocupación extranjeras son despreciadas por los talibanes vencedores, porque cometieron crímenes terribles. El  reino de España es maldito en muchos lugares del mundo por su pertenencia a la OTAN. Con razón justificada.

Los vasallos de su majestad el rey católico Felipe VI de Borbón carecemos de opinión propia. Aceptamos lo que nos impone el Gobierno de turno, que siempre es contrario a nuestros deseos. Pasó aquel tiempo en que se valoraba la honra, y por ella se hacía incluso una revolución. La raza degenera inevitablemente, pero más no va a ser posible. Hemos tocado fondo.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Artículo anteriorSintonía laica en RRR, 26.06.2022
Artículo siguiente19:00 h. en directo La hora de la República en RRR, 28.06.2022