Muere Olghina, “la bien pagá” del decrépito

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Dicen que el primer amor no se olvida nunca, y si es así el rey decrépito Juan Carlos de Borbón y Borbón tiene que estar entristecido este 29 de noviembre de 2021 por la muerte de su primera barragana de nombre conocido, la condesa italiana Olghina di Robilant, fallecida cuando acababa de cumplir 87 años.

Solamente 22 tenía cuando inauguró la larguísima lista de amantes conocidas, del entonces caballero cadete en la Academia General Militar de Zaragoza, escogido por el dictadorísimo español para sucederle cuando él se muriese. Corría por entonces el año 1956, cuando la familia Borbón vivía en Estoril su dorado exilio, pagado por las cuotas de la llamada nobleza española para que no necesitaran ganarse el pan con el sudor de su frente, un castigo divino, según cuenta la Biblia, que no afecta a las familias irreales, siempre mantenidas a cuerpo de rey.

Ese año resultó histórico para la borbonería, porque el caballero cadete Juan Carlos mató a su hermano Alfonso el 28 de marzo, jueves santo para los cristianos. Aseguraban que era muy inteligente, cosa insólita en la borbonidad, por lo que le apodaban El Senequita, en recuerdo del filósofo cordobés autor del diálogo Sobre la brevedad de la vida: la de Alfonso de Borbón lo fue, desde luego, porque terminó a los 14 años. Es innata la afición de Juan Carlos por las armas de fuego. Cuando llegó a ser rey, cumpliendo así las órdenes póstumas del dictadorísimo, distrajo sus ocios dedicándose a cazar animales más o menos salvajes, ya que si lo eran los emborrachaban, como al oso Mitrofán, de infeliz memoria.

Por un puñado de diez millones

   Pero la muerte que hoy debemos comentar es la de Olghina di Robilant, condesa italiana número 1 en el listado de barraganas juancarlistas, porque nos costó mucho dinero a los vasallos del rey católico nuestro señor Juan Carlos de Borbón y Borbón. Es cierto que también nos proporcionó momentos de cachondeo al leer las cartas de amor, o lo que fuera aquello tan apasionado, que le escribió a la condesa el entonces caballero cadete familiarmente conocido por Juanito.

Porque la condesa quiso rentabilizar aquella relación erótica de la que no quedó satisfecha, haciendo chantaje al ya rey con las cartas enviadas cuando era cadete. Así, para evitar el previsible escándalo, en 1986 el entonces jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo, le compró 47 cartas cursilísimas de amor que le había ido enviando en ese período el que firmaba Juanito, por diez millones de pesetas, con cargo a los llamados fondos reservados del Estado es decir, a nuestros impuestos, pagados para facilitar la vida disipada del que sería designado sucesor a título de rey por el dictadorísimo.

Dado que ni antes ni después de serlo tenía nada importante que hacer, su ocupación preferida a lo largo de su larga y descansada vida ha consistido en ejercitar el Kama sutra en su propia cama. Ser rey es muy cómodo, hasta que se organiza la revolución, como bien comprobó su tatarabuela Isabel de Borbón, alias Isabelona. El abajo firmante Juanito demostraba carecer no solamente de moral, sino también de nociones gramaticales en la mezcolanza de español, francés e inglés de su literatura pornográfica para expresar sus deseos secretos.

El dispendio de nuestros fondos reservados no sirvió para nada, porque la astuta condesa tuvo la precaución de fotocopiar las cartas antes de la entrega al ingenuo Fernández Campo, que desconocía la existencia de máquinas multicopistas. Era lógico, puesto que trabajaba en la Casa Irreal, en donde las cosas lo son. Así que se las vendió a la revista italiana Oggi y a la española Interviú, que las publicaron para diversión de los italianos y vergüenza de los monárquicos españoles, aunque la mayoría de los vasallos se regodeó con aquellas muestras de la cultura mostrada por nuestro rey impuesto. Está claro que Olghina supo ser “la bien pagá” de aquella historia nada edificante, como que era borbónica.

Más intimidades reales

La revista Interviú sobresale en la historia del periodismo español por sus portadas ilustradas con mujeres ligeras de ropa, cuando llevan alguna, de modo que el tema le quedaba a la medida. En el número 611, fechado el 27 de enero de 1988, pudimos leer, unos con escándalo, otros con regocijo, algunos con asombro gramatical, las confidencias de Juanito a su condesa, cuatro años mayor que él y con un amplio historial de amantes a sus espaldas. O a sus vientres, según se mire. Tal para cual.

No quedó ahí la cosa, puesto que en el número siguiente, el 612, del 2 de febrero, en la cubierta, junto a una divertida mujer desvestida, figuraba este anuncio: “Escribe la condesa Olghina di Robilant: ‘Así fue mi relación con Juan Carlos”. El reportaje se tituló en el interior “Cuando se quiere de veras”, como la dulzona canción de Gonzalo Roig que ha atraído a muchos cantantes, incluido Plácido Domingo. ¿Habrá querido de veras a alguna persona Juan Carlos de Borbón y Borbón? Su único amor permanente ha sido al dinero, bien demostrado con los millones guardados a su nombre en bancos extranjeros. En ese reportaje la condesa confesó, con esa gracia innata suya, lo que estimaba oportuno desvelar. Lo demás lo reservaba para otro negocio tan cómodo como repugnante.

Sí, porque en 1991 la prestigiosa editorial milanesa Mondadori publicó un libro firmado (escrito es más dudoso) por Olghina, titulado Sangle blu, sus memorias despampanantes. Apareció en 1993 en Barcelona, por cuenta de Grijalbo, con el título más certero de Reina de corazones: Vida y amores de una aristócrata, traducido por Juan Vivanco. Lástima de diez millones de pesetas dilapidados estúpidamente, por ignorar la existencia de fotocopiadoras.

El mentado no se ha molestado en replicar a esas publicaciones, lo que indica según el refrán castellano, que quien calla, otorga. Ahora que es multimillonario podía avergonzarse de aquellas aventuras juveniles, y devolvernos los diez millones de pesetas que derrochamos inútilmente para ocultar sus incansables trabajos sexuales. Claro está que no podría detenerse ahí, y si acumulara todo lo que nos ha costado su licenciosa vida sexual entraría en la miseria.

Durante el tiempo en que Olghina mantuvo su “entrañable amistad”, como decía la Corinna, otra que tal, con Juanito nació su hija Paola, en 1959, de padre desconocido, por lo que algunos autores deducen que resulta fácil colocarle un apellido real. Un caso más de reclamantes de paternidad borbónica. Dado que el hispanista inglés Andrew Morton le ha contado 1.500 barraganas al rey católico mientras estuvo en ejercicio, no es sorprendente que haya dejado dispersos numerosos bastardos, algo habitual en los reyes, porque en algo tienen que emplear el tiempo para no aburrirse. La relación con Olghina terminó al hacer público Juanito el compromiso con Sofía, el 13 de setiembre de 1961. Entonces continuó la relación con todas las demás barraganas conocidas.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

 

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