Miércoles 8 febrero, “La Opinión: ¿Una izquierda líquida?”

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Este miércoles en La Opinión: ¿Una izquierda líquida? por José Luis Úriz. Como siempre a las 14:30 h. y R a las 19:30 h.

El recientemente fallecido Zygmunt Bauman
introdujo en sus reflexiones la idea de sociedad líquida, modernidad líquida, e
incluso amor líquido. Intentaba definir con ellas el actual momento de la
historia donde todo parece efímero, frente a lo que vivimos nuestra generación
y la anterior en la que lo consistente se imponía.
Casas fuertes, de ladrillo, empleos que duraban
toda la vida laboral, matrimonios que acababan con la muerte, amistades
eternas. Ahora esa liquidez acaba generando relaciones de usar y tirar,
inconsistentes, empleos en precario, una sociedad voluble, amores volátiles y
dispersos.
Ahora todo es líquido como el agua en un vaso
que cambia de posición a la menor vibración. Esa sensación de interinidad va
desde la situación profesional, familiar, amorosa o vivencial. Es como si
cambiáramos de traje, o de camisa, cada mañana. Esa situación produce
inestabilidad, inconsistencia, miedo, nadie puede sentirse seguro, la todo
poderosa clase media de antaño ha saltado hecha añicos y se encuentra en KO
técnico.
Bauman en su reflexiones planteaba que se
estaba produciendo una “devastación emocional y mental de muchos jóvenes que
entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no
pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga”. Y
concluía, “la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que
hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos” con lo cual
esa sensación de liquidez se incrementa.
Esta liquidez de la sociedad, se traslada a las
relaciones humanas, el amor ya no es como antes, le falta anclaje, fuerza en su
construcción, porque los sentimientos cada vez son más vacuos, vacíos de
contenido. Se cree que se siente, pero al menor envite ese estado líquido hace
que se derrame por el suelo desperdiciando el empuje que provoca un sentimiento
profundo consolidado.
La política actual también se ve infectada,
invadida por ese estado de liquidez. Los y las políticas son personas y por
tanto susceptibles de sufrir esa terrible enfermedad. Afecta así a sus
comportamientos y por lo tanto a esa política cada vez más débil, con ideas
poco profundas que a veces recuerda al famoso diálogo de los Hermanos Marx:
“Estas son mis condiciones (ideas), pero si no le gustan tengo otras”.
Pero dentro de esa política afecta
especialmente a una izquierda vacía de ideales y huérfana de ideólogos. Lo que
existe hoy mañana desaparece. Lo ocurrido en Francia y lo que está ocurriendo
en España o Italia es un ejemplo de ese estado de liquidez por el que atraviesa
especialmente la izquierda europea.
En el caso de Francia afectada por el virus de
la incertidumbre los candidatos de PSF aparecen y desaparecen. El heterodoxo
Hamon ha vencido en sus primarias al oficialista Valls que a su vez había
desplazado al anterior líder Hollande. Cuando parecía que lo más conservador del
socialismo francés se disponía a dar batalla a lo más rancio de la derecha,
Fillon el extremo del centro y Le Pen el extremo de la derecha, la militancia
socialista da la campanada imponiendo con sus votos a un socialista de
izquierdas, vamos cómo debe ser un socialista.
Quizás ahora esa sensación de liquidez pueda
desaparecer, aunque cabe la posibilidad de que Hamon, como Corbyn en
Inglaterra, Tsipras en Grecia, o Renzi en Italia acaben pragmatizados volviendo
a esa izquierda a su estado de liquidez.
La misma liquidez que se observa en nuestro
país, con un PSOE a la deriva y un Podemos que no acaba de encontrarse, ambos
en plena lucha fratricida. Observar la poca consistencia que existe en sus
debates más personalistas que de fondo, produce decepción. Se observa también
aquí ese estado de liquidez que apuntaba Bauman.
Sólo la reaparición de un nuevo Sánchez con un
discurso más potente, ideologizado, de izquierdas, con propuestas novedosas que
cuando era Secretario General, puede dar un poco de esperanza. Eso y la
rebelión de las masas de afiliación que se está produciendo en el seno del
PSOE.
Curiosamente parecía que ese fenómeno fuera más
fácil en un Podemos mayoritariamente joven, pero al igual de la Revolución en
Rusia ahora que se cumplen los 100 años, se dio allí cuando todos los análisis
apuntaban a que fuera en la Alemania industrializada y con una clase obrera
potente.

Si esa marea revolucionaria socialista es capaz
de imponerse en las primarias, la izquierda española celebrará ese centenario con
una gran noticia. Ojalá….
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