Miércoles, 6 de septiembre. “Dos años sin Aylan” por José Luis Úriz

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La opinión por José Luis Úriz.

Dos años sin Aylan
Hace dos años que una foto emocionó a Europa.
Era la de un niño sirio, Aylan, que huyendo de una guerra que hemos fomentado,
o en el mejor de los casos no hemos evitado mirando de manera cómplice hacia
otro lado, aparecía sin vida en la playa turca de Bodrum.
Había muerto ahogado en la misma puerta del
paraíso que su familia buscaba, pero el motivo real era que lo había sido por
la sinrazón que impera en su país.
Nos emocionó, indignó, alteró nuestra cómoda
vida. Comenzamos a preocuparnos por esos miles, quizás millones de personas,
que se jugaban, que se juegan aún la vida para cruzar el Mediterráneo muriendo
en el intento.
Exactamente según ACNUR 8.200 en esos dos
años. Es probable que la cifra sea mucho mayor. Incluso ahora mismo al leer
estas líneas varias de ellas lo estén haciendo desesperadas ante la guerra y el
hambre.
Algunos comenzamos en aquel instante a
observar con rabia ese sufrimiento de la población civil en Siria, Iraq o
Afganistán. Miles de niños y mujeres muertos en los bombardeos de los aviones
rusos, americanos, franceses, del régimen sirio, o de las milicias del Dáesh.
Qué más da quién los mata, quién los asesina, en ese mar tranquilo, o en las
calles de Mosul. Realmente qué más da.
Han pasado ya dos años y el efecto de esa
imagen se ha diluido, hemos seguido con nuestra cómoda y tranquila vida, hasta
que un día nos despertamos sacudidos por lo sucedido en Barcelona y Cambrils. Ahora
lo que nos indigna es otra imagen parecida, la de otro niño muerto, esta vez
español…., o catalán, porque a veces los debates nos llevan a esa otra
sinrazón, sobre la acera de las Ramblas. Éste asesinado por un radical que se
consideraba combatiente yihadista.
Me habría gustado haber mantenido una larga
conversación con él antes de que realizara semejante salvajada. Haberle podido
enseñar las dos imágenes y saber cuál era su reacción. Intentar comprender, más
allá de la locura que les atribuimos, cuánto de lavado de cerebro realizado por
el famoso Imán tenía su mente y cuánto del efecto que le causó la otra imagen,
la de Aylan. Si ese impacto había tenido algo que ver en su transformación.
Comprender si las imágenes en TV, o en la
prensa escrita de los niños asesinados en Siria tienen o no algo que ver. Si el
odio inculcado, si   la falta de
respuesta de un occidente ciego y sordo, le empujó a convertirse en un asesino
de “infieles”. Comprender cómo un chaval joven, que ha estudiado, trabajado,
jugado con sus supuestos enemigos, acaba convirtiéndose en ese monstruo que
sembró la muerte y el dolor en Barcelona.
Interrogarme, interrogarle buscando
explicación para lo que parece inexplicable, para así con sus posibles
respuestas fabricar un antídoto contra ese veneno. Porque eso es lo que
realmente nos debe interesar, no si la CIA mandó no se qué documento a uno u
otro, o si Trapero habla o no en catalán en las ruedas de prensa, sino los motivos
por los que Younes Abouyaaqoub se transformó de un “ciudadano ejemplar” en un
hijo puta asesino.
Para curar una enfermedad hay que analizar
los síntomas, los motivos que provocan esos síntomas, dar con el diagnóstico
adecuado y aplicar un tratamiento eficaz. Eso no se consigue con disputas entre
cuerpos policiales, o entre gobiernos.
No se consigue con utilización perversa de un
acto execrable, sea de los medios de comunicación o de los políticos, sino
justo con lo contrario, con un análisis certero de los motivos reales. Con este
terrorismo, como ocurrió con el de ETA de manera diferente, no se termina sólo
con medidas policiales, judiciales, o de colaboración internacional, se acaba
analizando la raíz del problema.
Hoy escribiendo estas líneas la foto de Aylan
vuelve a mi memoria, la pongo al lado de la del niño de Barcelona e intento
averiguar cómo podemos salir de esta locura. Quizás Rajoy, Puigdemont, Trapero,
Zoido…debieran hacer lo mismo…..juntos.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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