Miércoles, 27 de diciembre. “21-D: ¿pierde Catalunya, pierde España?” por José Luis Úriz

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La opinión por José Luis Úriz.

21-D: ¿pierde Catalunya, pierde España?
Ha sido una campaña electoral larga y dura,
quizás la más enconada de nuestra democracia, donde la crispación ha sobrepasado
a la política llegando de manera peligrosa a la propia sociedad catalana.
Una campaña atípica derivada de dos hechos
complejos y trascendentales, la declaración por el Parlament de la DUI y la
respuesta contundente del gobierno de Rajoy con la aplicación del artículo 155
de la Constitución, por primara vez en nuestros casi 40 años de historia
constitucional.
Atípica también por desarrollarse con varios
candidatos, entre ellos dos cabezas de cartel, o en la cárcel o en el exilio,
que ha transcurrido entre situaciones esperpénticas de mítines virtuales de
ambos, en un caso sonoros y en el otro por videoconferencias y que ha culminado
en otro elemento excepcional, que la votación desarrolle, también por primera
vez, en un día laborable.
Dura porque no sólo han existido los típicos
rifi rafes entre candidatos y candidatas, sino porque también al más puro
estilo de la Euskadi con ETA, la crispación se ha trasladado a la sociedad. Así
las pintadas, los insultos, las descalificaciones, los escraches, la
participación de la extrema derecha españolista, recordaba más a los años 80 y
90 de por aquí arriba que a la Catalunya moderna y civilizada del siglo XXI.
Produce tristeza y desconsuelo observar que
precisamente ahora que aquí impera la sensatez, el diálogo y el entendimiento,
allí donde antes nos mirábamos como ejemplo a seguir, hayan seguido justo la
senda contraria con el peligro que eso representa.
Finalmente extraña por no haber tenido
debates en profundidad, contrastes entre programas o ideologías, donde temas
fundamentales como la educación, la sanidad, el empleo, o temas económicos no
han estado sobre la mesa, sólo ha existido el contraste entre independencia sí o
no, con los diferentes matices del espectro.
Llegó el momento de la verdad y ya durante la
jornada se podía intuir que la participación sería de record aunque el primer
dato a las 14 h era prácticamente el mismo que en el 2015, pero al ser en día
laborable todos los indicios indicaban que el patrón de horario de voto
cambiaba, así a las 18 h ya batía el record con 5 puntos por encima de aquella.
Ese 68.3 % era ya una cifra increíble para los nuevos tiempos.
Y llegó el instante definitivo, las 8 de la
tarde se cerraban los colegios electorales, la sentencia estaba dictada, el
pueblo catalán, esta vez todo el pueblo catalán, había decidido. Porque el 82 %
de participación final significa según todos los expertos que ha resulta plena,
descontada la abstención técnica todas y todos han acudido a votar.
Tradicionalmente llegaban en primer lugar los
sondeos a pié de urna que solían generan muchas dudas, en este caso más al
mentirse mucho sobre voto emitido, tanto en un extremo como en el otro, por eso
las televisiones renunciaban al mismo.
Estos sondeos iban a tener una nueva prueba
de fuego por eso han echado marcha atrás. Sólo La Vanguardia se atrevió pero a
través de una encuesta telefónica de dudosa validez.
Pero no todo ha sido negativo en esta
campaña. Existen elementos positivos evidentes, desde la alta participación, la
ausencia de incidentes reseñables, hasta la credibilidad de su desarrollo a
pesar de los intentos de crear dudas sobre un hipotético “pucherazo”, imposible
en un país ejemplo de seriedad y transparencia.
Llegaron los resultados y resultó también una
noche electoral atípica, daba la sensación de que nadie había ganado, más allá
de las reacciones de júbilo contenido en las huestes de Puigdemont o Arrimadas.
Quizás porque nadie había conseguido cumplir sus objetivos plenos. Algunos
tenían motivos para la alegría pero no suficientes.
Así Cs celebraba su histórica victoria con
subidas excepcionales en escaños y votos, era el partido ganador, pero la
sensación era agridulce al no haber sido capaces el sector constitucionalista
de evitar la mayoría absoluta del independentismo.
Puigdemont y su recién nacido JuntsXCAT
también resultaba ganador por partida doble, al conseguir desde cero un gran
resultado ganando a su competidor ERC, pero se le amargaba al observar que Cs
le superaba y que su sector independentista perdía escaños y votos.
.
Luego estaba el pelotón de los perdedores,
PSC aún ganando un escaño no llegaba ni de lejos a sus expectativas, ERC se
veía superado por sus dos máximos competidores, CatComunPodem perdía con
contundencia y lo que es más terrible dejaba en la cuneta su condición de
imprescindible, por su parte la CUP y PP se hundían estrepitosamente.
Especialmente relevante resulta que un partido que gobierna España sea
insignificante en Catalunya, anunciando que el relevo en la derecha está ya
listo.
De un resultado para el independentismo de 50
%-48 % en 2015, sumando a Unió que no obtuvo representación parlamentaria, se
pasaba a un pobre 47-51. El Proces no remontaba sino que se hundía en sus
expectativas. Por cierto beneficiado por un sistema electoral injusto copiado
del Estado, que produce el efecto perverso de teniendo menos votos poder ganar
las elecciones. Con un sistema proporcional provincial puro el independentismo
habría sacado 67 escaños y con circunscripción única 66.
Por otro lado moviéndonos en los terrenos
clásicos de derecha-izquierda, poco habituales a ser tenidos en cuenta
últimamente, la primera ha ganado por goleada con un contundente 74-61, lo que
nos da pié a afirmar que esta última es otra de las perdedoras.
En definitiva nadie ni en partidos, ni en
bloques habría respondido a sus expectativas.
¿Qué va a pasar a partir de estos resultados?
La primera consecuencia es que de las tres
hipótesis posibles el 20, un gobierno independentista de nuevo, uno
constitucionalista, o uno transversal, dos caían. Sólo dan los números para la
primera posibilidad. Pero esta se podrá consolidar con dificultades
extraordinarias.
Puigdemont se perfila de nuevo como President
de Catalunya, pero con una ERC herida y recelosa, una CUP derrotada pero que
mantiene intacta su carácter decisivo y radical, más de la mitad del electorado
en la otra orilla de ese río de nuevo con aguas turbulentas, le va a resultar
muy complejo gobernar. Por no hablar de un gobierno del estado con su espada en
la mano dispuesto de nuevo a cortarle la cabeza.
Además se abren interrogantes preocupantes.
¿Qué va a pasar el día que Puigdemont se decida a pasar la frontera española?
¿Se atreverá el gobierno de Rajoy a detenerle? ¿Es previsible que tome posesión
de su cargo estando en la cárcel? ¿Qué puede pasar con la constitución de un
nuevo Parlament con 7 miembros en la cárcel o en el exilio? ¿Queda en
entredicho la democracia española ante estas circunstancias?
Porque así no se podrá lograr la mayoría
absoluta para investirle. En el mejor de los casos nos podemos encontrar, si el
resto de afectados dimite y corre la lista, al menos con 4 parlamentarios en la
cárcel, Puigdemont, Junqueras, Jordi Sánchez y Forn y la posibilidad de que se
incrementen con Marta Rovira. De esta manera resultaría imposible conseguir los
68 votos necesarios.
Un último interrogante: ¿va a mantener el
Estado el pulso hasta el final? Lógicamente la justicia debe ser independiente
y si no se mueve por intereses políticos, cuestión esta que genera muchas
dudas, ese escenario es el más probable, lo que nos lleva a una situación
absolutamente diabólica.
¿Eso es lo deseable? ¿Teniendo en cuenta los
intereses de Catalunya e incluso de España es beneficioso o perjudicial?
Indudablemente perjudica a ambas, más aún con el foco internacional fijado
sobre nosotros y la economía pendiente de un hilo.
Va a ser necesaria ahora más que nunca mucha
mano izquierda, mucha imaginación, audacia y generosidad. El independentismo
debe tener claro que la vía de la DUI ha quedado definitivamente bloqueada y
como ya apuntaban durante la campaña desde ERC y también desde los sectores
sensatos de PDeCAT, hay que ir a una acumulación de fuerzas transversal, en
especial con los socialistas y comunes, para en un plazo razonable de dos o tres
años conseguir pactar un referéndum con el estado.
Un tiempo de tregua que tranquilice al sector
empresarial y financiero, permita curar las heridas sociales. ¿Eso lo va a
aceptar la CUP? Probablemente no y eso va a dificultar su acceso a la presidencia.
El 21-D la ciudadanía catalana ha dictado
sentencia. Vistos los resultados fríamente dan la sensación de que al ser tan complejos
perjudican seriamente a Catalunya y a España. Pero hay que mantener la
esperanza de que al ser tan ajustados obliguen a soluciones novedosas y
probablemente transversales. ¿Sería una hipótesis descabellada que el
independentismo renuncie a depender de una CUP irresponsable y se apoyen en
sectores sensatos constitucionalistas como los comunes, e incluso los
socialistas?
¿Se puede en el Estado crear un caldo de
cultivo, desde una posición conjunta de PSOE y Podemos, para aportar soluciones
a corto y largo plazo? Una conjura de fuerzas que obligue al gobierno de Rajoy
a mover ficha, en especial destensando la presión judicial, o el entendimiento
en el tema fiscal y a largo plazo abrir el camino hacia un Estado Federal
Plurinacional. Pero eso es ya otra historia.

Veremos…..
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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