Miércoles 26 de abril, “80 años del bombardeo de Gernika. ¡Arrasad Gernika al belico grito de España imperial!”

83
0

La Opinión por Carlos de Urabá – periodista y brigadista internacional.

80 años del bombardeo de Gernika.¡ Arrasad Gernika al bélico grito de España imperial!


El día 25 de abril de 1937 el general golpista
Franco se encontraba reunido con su Estado Mayor en el Cuartel General de
Burgos cuando recibió la llamada del General Mola, jefe del Ejército del Norte,
quien le transmitía las últimas novedades del frente. En Vizcaya las tropas
nacionales avanzaban imparables y pronto Bilbao caería en sus manos, dijo. El
general Mola ansioso por cubrirse de gloria le insistió al caudillo sobre la
necesidad de asestarles un castigo ejemplar a los “rojos”.
Franco siempre había afirmado que la guerra se
decidiría por la moral de los combatientes y para ello era necesario castigar
al enemigo sin clemencia para rendirlos sin condiciones.
En el aeródromo de Vitoria el teniente coronel
Von Richthofen, jefe del estado mayor de la Legión Cóndor recibió un mensaje en
clave que significaba el visto bueno para dar comienzo a la operación Rugen.
Inmediatamente puso en estado de alerta a la tripulación de las escuadrillas
que abordaron sus naves cargadas hasta los topes de bombas y municiones. En
todo caso desde hacía semanas que las aviaciones fascistas venían realizando
diversos bombardeos en la provincia de Vizcaya con el fin de allanar el terreno
a las tropas nacionales.
El general Mola ya había advertido a sus
enemigos mediante el lanzamiento de panfletos desde los aviones su inapelable
sentencia: “He decidido terminar la guerra en el Norte de España. Quienes no
sean autores de asesinatos y depongan las armas y se entreguen, serán
respetados en su vida y haciendas. Si vuestra sumisión no es inmediata arrasaré
Vizcaya. Tengo medios sobrados para ello” Además los vuelos de reconocimiento
fotográfico se hicieron cada vez más frecuentes en la zona de la comarca del
Urdaibai con el propósito de marcar con detalle en los planos cartográficos los
objetivos a batir.
El 23 de Julio de 1936, unos días después del
alzamiento nacional contra el gobierno legítimo de la República Española,
emisarios de los militares golpistas, entre los que se encontraban el jefe del
partido Nazi en Tetuán el comerciante alemán Bernhardt y el capitán Francisco
Arranz, viajaron hasta Alemania para entrevistarse con el Fuhrer. Su misión no
era otra que entregarle una carta personal de Franco en la que le pedía ayuda
militar al Tercer Reich con el fin de llevar a feliz término “la gloriosa
cruzada contra el enemigo Bolchevique”.
Uno de los problemas más acuciantes que se le
presentaban al ejército nacional era el bloqueo marítimo de Ceuta y Melilla por
parte de los navíos republicanos y que impedía a los rebeldes cruzar a la
península.
Los emisarios tras un accidentado viaje
llegaron a Berlín el día 24 de julio y de inmediato los embarcaron en una
avioneta que los llevaría hasta el pueblo de Bayreuth donde Hitler se
encontraba asistiendo al famoso festival dedicado a Richard Wagner. Al día
siguiente el fuhrer, tras leer la carta, quedó muy entusiasmado con el mensaje
del caudillo. Tras algunas consultas con Hermann Goering, aprobó el envío de
material bélico y logístico como aviones de trasporte, cazas y bombarderos
junto a sus respectivas tripulaciones. La operación fue bautizada por él mismo
con el nombre de “Fuego Mágico” en alusión a la opera de las Valquirias de la
que tanto le gustaba. Hitler tenía un especial interés en que Franco se hiciera
con el poder en España pues esto le permitiría dominar el Mediterráneo
occidental y en especial el estrecho de Gibraltar.
Hermann Goering, que en un principio se mostró
un poco reticente a esta “aventura”, pronto se dio cuenta que esa era una
oportunidad de oro para poner a prueba la eficacia de la Luftwaffe. Y nada
mejor que España, un país exótico habitado por “razas inferiores” (conejillos
de Indias) -según los arios, un verdadero campo de tiro donde experimentar a
gusto su maquinaria de guerra. El cuerpo expedicionario se bautizó con el
nombre de Legión Cóndor y fue integrado por 100 aviones y 5.000 efectivos.
Algunas de estas unidades se sumaron al puente aéreo entre Tetuán y Sevilla que
transportaría a los legionarios y regulares para iniciar la campaña de Andalucía.
Igualmente, el Duce Benito Mussolini, gracias a los buenos oficios del general
Mola, también se comprometió a ofrecerle a Franco su incondicional apoyo por
tierra, mar y aire a su “noble” causa.
A eso de las 16 horas del día 26 de abril de
1937 55 aviones de la Legión Cóndor alemana y la Aviazione Legionaria Italiana
entre los que se contaban Junker 52, Heinkel 51, cazas Messerschmitt 109,
Savoia SA-79, Heinkel He- 111, cazas Fiat CR-32 y S79 despegaron desde la base
aérea de la Rasa (Soria) Burgos y Vitoria en una misión conjunta bajo la
dirección del comandante y jefe del estado mayor del general Sperre, el
teniente coronel Von Richthofen y la supervisión del general Mola  (con la anuencia del generalísimo Franco, por
supuesto) Una operación que tenía como “objetivo legítimo” arrasar la ciudad de
Gernika con el fin de enviar un mensaje contundente al bando republicano y al
separatismo vasco para que de una vez por todas depusieran las armas. El
general Mola arengó a sus valientes guerreros con un: “es preciso destruir la
capital de un pueblo pervertido que osa oponerse a la causa irresistible de la
idea nacional”
Gernika en ese entonces era un pueblo laborioso
situado en la provincia de Vizcaya en el valle del río Oria, en el que existía
un cierto desarrollo industrial y algunas fábricas de armas. Aunque sus raíces
estaban muy vinculadas al mundo rural de campesinos y de pastores. Un pueblo
que se enorgullecía de su origen y de poseer un bello paisaje montañoso entre
bucólico y salvaje. Su población se estimaba en 5.000 habitantes, aunque había
aumentado considerablemente con la llegada de los refugiados y el
acantonamiento de los gudaris vascos del Frente Popular. La ciudad a pesar de
contar con varios cuarteles carecía de defensa antiaérea y sólo se habían
construido algunos refugios bajo tierra para salvaguardar a los vecinos en caso
de emergencia.
La Legión Cóndor y La Aviazione Legionaria ya
habían demostrado su gran eficacia en las distintas misiones desarrolladas a lo
largo y ancho de la península. Sin lugar a dudas que la supremacía aérea del
bando nacional fue vital para ganar la guerra. Unas semanas antes, como prólogo
al espantoso crimen que se iba a cometer en Gernika, la aviación fascista
bombardeó Durango provocando más de 300 muertos y cuantiosos daños materiales.
Los Nazis tenían gran interés en probar sus
arsenales de guerra y perfeccionar el poder destructivo de sus armas. Algo que
más adelante aplicarían con toda su crudeza durante la Segunda Guerra Mundial
en los bombardeos sobre Londres y el sur de Inglaterra.
Von Richthofen no quería perderse el
inolvidable espectáculo que el mismo había diseñado así que en compañía de sus
guardaespaldas se dirigió rápidamente en un convoy desde el acuartelamiento de
Vitoria hasta la cumbre del monte Oiz de 1.026 metros (el mirador de Vizcaya)
Desde allí, haciendo gala de un demencial sadismo, disfruto extasiado durante
las tres horas y media que duró el horroroso holocausto de Gernika que dejó un
trágico saldo de más de 300 muertos, 200 heridos y el 85% de las casas y
edificios destruidos por el fuego y la metralla.
Gernika, la ciudad sagrada de los vascos, la
cuna de la patria vasca fue cobardemente demolida con el lanzamiento de 500
bombas rompedoras de 250 kilos y 6.000 bombas incendiarias de fósforo blanco
(bombas incendiarias tipo “termita” que desprende al estallar una energía
calorífica que puede alcanzar los 2.400 grados centígrados y que llevaban
grabadas la cabeza del águila imperial alemana)
En total 50.000 kilos de explosivos. Mientras
la ciudad era consumida por el fuego los pilotos de los cazas sin compasión
ametrallaban a los supervivientes que presas del pánico corrían despavoridos
por las calles intentando escapar del infierno. Las oleadas de aviones iban y
venían desde al aeródromo de Vitoria repostando la gasolina y la munición
necesaria para cumplir con su “heroica epopeya”.
Sólo a base del terror y la barbarie el
fascismo podía doblegar el espíritu de resistencia del pueblo vasco.
Un bombardeo tan devastador no tenía ningún
precedente en la historia militar pues jamás se había atacado tan cobardemente
a la población civil. Con premeditación y alevosía eligieron Gernika para
cometer este genocidio porque representaba el solar de la identidad vasca, la
cuna de uno de los pueblos más antiguos de Europa y la patria sagrada donde se
encuentra el mítico árbol de roble que es el símbolo de las libertades.
El generalísimo Francisco Franco al conocer las
repercusiones que había alcanzado en la prensa mundial el bombardeo de Gernika,
se negó a aceptar las evidencias. ¿Cómo podían acusar a los más apasionados
defensores de la civilización cristiana de semejante crimen? “Sin duda alguna
los separatistas vascos, que llevan en su sangre escrito el espíritu
autodestructivo, prefirieron inmolarse”
80 años después en una soleada mañana de
finales de invierno me encontré en la plaza del ayuntamiento de Gernika con uno
de los supervivientes del bombardeo, el señor Luis Iriondo. Luis Iriondo de 94
años y mejor conocido como el “chico de Gernika”, es uno de los pocos testigos
de primera mano que todavía mantienen muy frescos esos trágicos recuerdos.
Iriondo es una persona que ha sabido perdonar,
es decir, que no guarda rencor a pesar que le destrozaron su vida; incendiaron
su casa, y tan sólo siendo un niño le obligaron a escapar como un delincuente
en compañía de su familia rumbo a Bilbao; luego a Santander y de ahí, metido en
la bodega de un barco inglés, tuvieron que embarcar rumbo al exilio en Francia.
Luis Iriondo es capaz de narrarnos hasta los detalles más insignificantes lo
sucedido en aquel trágico día en que perdió la inocencia y a sangre y fuego se
hizo mayor prematuramente.
Él no se cansa de pregonar un mensaje pacifista,
un llamado de atención para que no haya más guerras y para que nadie en este
mundo tenga que experimentar más ese dolor y el desarraigo que sufrió en carne
propia cuando era un niño. Insiste en que este tipo de monstruosidades no
pueden volver repetirse jamás. Pero todos sabemos que no son más que vagas
ilusiones pues el nazismo lejos de desaparecer se ha reactivado peligrosamente.
Por desgracia los conflictos bélicos continúan causando millones de muertos a
lo largo y ancho del planeta y no bastan las palabras poéticas para detenerlos.
La victoria franquista en la guerra civil tuvo
graves consecuencias en el País Vasco. A los gudaris por su indómita actitud
había que escarmentarlos, ponerles un bozal, colocarles un yugo. La primera
medida que se tomó fue prohibirles hablar en su lengua madre, el euskera y a
continuación someterlos a un indignante sistema represivo que buscaba
españolizarlos y borrarles su identidad. El resultado no pudo ser más
traumático. Esa feroz dictadura que les intentaba robar hasta el alma de alguna
forma había que combatirla y un profundo sentimiento de odio y de venganza les
emponzoñó el alma.
Unos días después del bombardeo el ejército franquista
hizo su entrada triunfal por las calles Gernika. Marchaban altivos los
regulares norteafricanos del Tetuán número 1, los requetés carlistas del tercio
de Begoña, los falangistas, los legionarios todos cantando a coro el “Cara al
Sol” y el “Novio de la Muerte”. Las tropas se concentraron en La Casa de
Juntas, donde se encuentra el Árbol de Gernika (que no sufrió ningún daño pues
los aviadores tenían órdenes expresas de no tocarlo) y tras lanzar loas de
salutación al caudillo, al fuhrer y al duce izaron la bandera roja y gualda en
un claro gesto de provocación hacia los vencidos.
Al domingo siguiente se celebró un Te Deum de
acción de gracias en la iglesia de Santa María como homenaje a los héroes y
mártires de la gloriosa cruzada nacional. Los capellanes implorando la
misericordia de Dios rogaron por la conversión de los impíos, de esos
sediciosos rojos, de los marxistas ateos, de los comunistas bolcheviques, de
los vascos separatistas que habían blasfemado el venerable nombre de Jesucristo
y su padre celestial.
Pero el pueblo vasco, a pesar de la derrota, se
negó a claudicar y continúo su tenaz lucha de resistencia contra el ejército de
ocupación.
¿Quién puede olvidar esos crímenes ejecutados
por el fascismo?, olvidar a esos seres asesinados a sangre fría, gentes
quemadas vivas, sepultados vivos; niños, mujeres, ancianos que importa si es en
Gernika, en Durango, en Bilbao, en Madrid, en Barcelona, en Valencia o en
Málaga, por no hablar de aquellos que fueron ajusticiados en las cunetas, o los
que padecieron la tortura franquista en las cárceles, los que fueron condenados
a la pena capital en los juicios sumarísimos, o las ejecuciones
extrajudiciales, los desaparecidos, y los millones de exiliados. Una vil
política de exterminio que no perdonaba la disidencia ni la más mínima actitud
contestataria.
Aunque quizás lo más aberrante -según nos
comenta Iriondo- es que tan sólo el gobierno alemán se ha dignado pedirles
perdón por tan execrable genocidio. En una carta remitida por su presidente el
señor Román Herzog en 1997 reconocieron que la Legión Cóndor había ejecutado el
bombardeo y por lo tanto presentaban públicamente disculpas. Incluso entregaron
al ayuntamiento un donativo en metálico para que se construyera un centro
cultural o un polideportivo.
El gobierno español, por el contrario, aún no
se ha pronunciado al respecto, cobardemente calla y no es capaz de asumir su
responsabilidad en este bárbaro ataque. Ni Felipe González, ni Aznar, ni
Zapatero, ni Rajoy o el rey de España, que juró los principios fundamentales
del movimiento, ni siquiera han enviado una tarjeta de condolencia. Menos el
ejército español como brazo ejecutor del franquismo, ni mucho menos la propia
iglesia católica que no se ha atrevido a condenarlo ni a rezar un responso en
nombre de las víctimas. Así no es de extrañar que el tristemente célebre
cardenal Gomá, arzobispo de Toledo y primado de las Españas, haya bendecido el
bombardeo: “Lamento como el que más lo que ocurre en Vizcaya pero no había más
remedio que limpiar la mala hierba de la viña del señor”
Por último, el ejército franquista obligó a los
presos políticos y a los represaliados del bando republicano a realizar los
trabajos de desescombró y reconstrucción de Gernika. Los pobladores tuvieron
que enterrar a los muertos sin mayores ceremonias, tuvieron que callarse la
verdad de lo que acontecido y para rematar ¡Franco fue nombrado por el
ayuntamiento hijo adoptivo de Gernika! Esta es la gran paradoja: las víctimas a
la picota y el verdugo honrado con las más altas condecoraciones.
Sin justicia y reparación es imposible que se
cierren las heridas, es imposible abrir el camino a la reconciliación.
Por eso de nada vale cantar himnos de paz y
fraternidad cuando la memoria histórica se pisotea impunemente y las víctimas y
sus familiares sufren el más indignante desprecio y humillación.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.


Artículo anteriorMiércoles 26 de abril, “Charla-debate, Hacía donde va la literatura”
Artículo siguienteJueves 27 de abril, “Mi truculenta historia en el PSOE: Merindo”