Miércoles, 24 de enero. “Un Enero negro que no debemos olvidar” por José Luis Úriz

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Miércoles, 24 de enero. “Un Enero negro que no debemos olvidar” por José Luis Úriz

Un Enero
negro
que no debemos olvidar
Atribuyen al
gran pensador romano Cicerón una célebre frase: “un pueblo que olvida su
historia está condenado a repetirla”. También que los juglares de la Edad Media
se encargaban con sus trovas de evitar ese olvido. Como cada año, cual juglar
del siglo XXI me encargo de intentar imitarles.
Recordaba por
esta razón ésta mañana fría de Enero el que sufrimos en éste país hace justo
ahora más de 40 años y que viví en primera persona. Unos acontecimientos tan
bien reflejados por Bardem en su espléndida película.
Tengo muy vivos
en mi memoria aquellos dramáticos días. En aquel tiempo militaba en el PCE y en
Comisiones Obreras, en la Universidad de Madrid donde estudiaba y en el sector
de Artes Gráficas donde trabajaba, en ese pluriempleo peculiar típico de
aquella época.
Se inició el
domingo 23 de Enero de 1977, ahora hace 41 años, cuando un grupo de
ultraderecha asesinaba al joven Arturo Ruiz en una manifestación pro amnistía,
en el cruce de las calles de Silva y
Estrella
 en la
trasera de la Gran Vía (entonces avenida de José Antonio) de Madrid.
Aquel día andaba
cerca con compañeros de la Universidad. 
Al día siguiente muere la estudiante de sociología María
Luz Nájera, como consecuencia
del impacto del bote de humo que
recibe en la manifestación en protesta por la muerte de Arturo. Ocurre en la
esquina de la Gran Vía con la calle de Libreros.
Impactados por ambos hechos toda la izquierda antifranquista se conmociona.

Precisamente
aquel terrible 24 de Enero, los camaradas de Artes Gráficas teníamos previsto
reunirnos en el despacho de abogados laboralistas de Atocha, lugar que
alternábamos con el de Españoleto para nuestros encuentros, pero horas antes
recibimos una llamada para suspenderla, porque había otra más importante del
Transporte que por entonces estaba en huelga.
La sustituimos
por una mini reunión en mi casa, lugar que solíamos utilizar en momentos
puntuales. Había negros nubarrones, y algo se barruntaba en el ambiente.
Decidimos esperar acontecimientos.

Y estos sucedieron de inmediato, a las doce de
la noche, estando ya en la cama porque solía levantarme a las 6 de la
madrugada, sonó el teléfono de mi casa. Un camarada, Eugenio, me informaba de
lo de Atocha. Asesinados Enrique, Sauquillo…seis en total y heridos graves
Lola, Alejandro… Gentes que conocía my bien. Pensé que podíamos haber sido
nosotros.

Luego una
vorágine de reuniones, asambleas, contactos, y sobre todo un mensaje claro; hay
que mantener la calma, no responder a la provocación. A pesar de la rabia
contenida por nuestros camaradas asesinados apretamos los dientes y tragamos el
sapo. Éramos comunistas y por tanto teníamos una mayor responsabilidad.
Después, el
impresionante entierro en el que participé activamente como “servicio de
orden”, y la sensación de estar viviendo momentos históricos. Luego con el
tiempo entendí que aquel llamamiento a la calma de mi partido fue clave para
conseguir la democracia, y desde entonces defiendo esa misma reacción en
circunstancias parecidas.
Antes otro día
de Enero, fatídica casualidad, el 20 pero años atrás en 1969, caía asesinado
por la BPS Enrique Ruano. Conocí a Enrique en la lucha anti franquista, era de
mi misma quinta, aunque en aquel tiempo yo militaba en el PCE y estudiaba en la
Escuela de Teleco.
Precisamente allí
nos enteramos de su muerte, de su asesinato, recuerdo las conversaciones con
José Luis “Avinareta”, Pepe Carpintero, Manolo Briso, Manolo Gamella, aunque
los dos últimos eran de la FUDE teníamos una muy buena relación, y nos
estremecimos al pensarlo.
El franquismo
agonizaba, lo sabíamos, pero temíamos sus últimos coletazos, y éste fue uno de
ellos. También conocíamos a sus torturadores, a sus asesinos, el comisario
Conesa, el temible Yagüe, y un sádico, “Billy el niño”, o lo que es lo mismo
Juan Antonio González Pacheco. No los conocíamos físicamente pero circulaba por
los círculos de lucha antifranquista la fama de su crueldad. 
En aquel tiempo,
1969, se estaba discutiendo el Estatuto para la Politécnica, y la izquierda
lideró esa lucha. Era representante de Teleco, y después de una reunión
clandestina en la Escuela de Ingenieros de Caminos, al salir camino del
autobús, paró bruscamente un Seat negro a mi lado, supe enseguida qué suponía
aquello, bajaron dos policías de la Brigada Político Social, uno de ellos era
un personaje siniestro, flaco, pequeño,  “Billy el niño”.
Creo que nunca
se borrará de mi mente aquella cara. Hoy vuelven a mí los recuerdos de aquellos
interminables días en la DGS, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta
del Sol, también las veces posteriores. Aquel tétrico edificio aún me da
escalofríos al pasar delante, por más que ahora sea la sede del Gobierno de la
Comunidad de Madrid.

Hoy al recordar aquellos hechos pienso que pude
ser yo, cuando Billy “actuaba” y uno de sus compañeros le decía “ten cuidado
que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar”. Resuenan esas palabras y
las recuerdo como si fueran ahora, cuando él situado a mi espalda respondía “no
importa, hacemos como con Ruano lo tiramos por la ventana y decimos que se ha lanzado
al querer escapar”.

Pienso en
Enrique, en todos los Enriques que dejamos por el camino, en aquellos
camaradas, los abogados de Atocha, y que quizás el destino haya querido llevar
hasta hoy para ejercer de juglar, para escribir estas líneas que son, que
quieren ser, un homenaje a quienes lucharon codo con codo conmigo y hoy ya no
están, pero también como cada año un recordatorio para las nuevas generaciones.
Esas que despectivamente nos consideran del “régimen del 78”. Qué sabrán ellos
de lo que pasó entonces. 
Estamos en otro
tiempo, pero esta mañana de invierno recuerdo aquellos momentos, aquellos días,
aquellos interrogatorios crueles, aquellas gentes, a mis camaradas caídos con
sensaciones profundas, muy profundas, y alguna lágrima asomando por mis ojos,
sintiendo que al recordarlos recupero mi capacidad para llorar de emoción.
Para después
lavarme la cara con agua muy fría y continuar la lucha, también en su nombre,
una lucha revolucionaria, pacífica, activa, desinteresada, valiente que frene
nuevas agresiones de un fascismo diferente pero igual de cruel.
Os recuerdo hoy,
os recordaré siempre camaradas, compañeros…..vuestro ejemplo me guía y guiará
siempre….
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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