Miércoles 15 febrero, “La opinión: Una izquierda a la gresca” por José Luis Úriz

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Miércoles 15 febrero, a las 14:30 h. y R a las 19:30 h., La Opinión: Una izquierda a la gresca por José Luis Úriz.

José Luis Úriz
De manera lamentable, especialmente para los
intereses de las capas más desfavorecidas de la sociedad de este país (ponga
aquí cada cual lo que desee), la izquierda como una especie de maldición
bíblica, ha estado habitualmente a la gresca, repleta de conflictos internos y
también entre las diferentes opciones políticas.
¿Quién no recuerda la lucha fratricida
desarrollada durante la Guerra Civil, que probablemente fuera una de las causas
de su derrota? Socialistas frente a comunistas, estos contra anarquistas, UGT
enfrentada a la CNT, así durante todo el tiempo que duró la contienda.
Debilitándose, desangrándose  y al mismo
tiempo a la II República que acabó cediendo ante el fascismo llevando a España
a años negros de penuria y sufrimiento.
A pesar de que aquel episodio de nuestra
historia ha sido estudiado por las nuevas izquierdas, no parece que hayan
aprendido de sus errores de entonces, más bien al contrario a la vista de los
últimos acontecimientos.
Mientras tanto la derecha y el centro-derecha
caminan con paso firme más unidas que nunca, fortalecidas en sus últimos congresos
que se saldan con una unidad prácticamente absoluta. Tanto Ciudadanos como el
PP, sus líderes Rajoy y Rivera han salido con sus liderazgos fortalecidos
conscientes de que es la manera de ganar las elecciones y por tanto de
conseguir el poder.
Cuando reflexionamos sobre esa derecha nos
preguntamos cómo es posible que en España, al igual que ocurre en Francia,
Bélgica, Grecia o Alemania no exista un partido de extrema derecha fuerte y
consolidado. La respuesta resulta evidente, porque aquí están en el seno del
PP, como grupo de presión organizado pero bajo el paraguas común.
En la izquierda al contrario se están
desarrollando batallas cruentas por el poder, con pocas dosis de diferenciación
ideológica. Pablo Iglesias frente a Iñigo Errejón, o Pedro Sánchez contra
Susana Díaz, hacen que Podemos y el PSOE se encuentren en plena ebullición
fratricida, debilitados en esas guerras absurdas. No sólo en sus
correspondientes territorios, también entre ellos.
Reconozco que también, al igual que a una parte
importante de la ciudadanía, la aparición de Podemos en la escena social y
política me produjo una sensación de ilusión. Es cuando menos curioso que una
de las acepciones de ésta palabra sea “esperanza que carece de fundamento en la
realidad” que quizás venga muy bien para éste caso.
Su inicio fue espectacular, rutilante, era como
una bocanada de aire fresco que irrumpía en un panorama político demasiado
envejecido, obsoleto. Rompía con todos los estereotipos ver a un grupo de
jovenzuelos universitario subiéndose a las barbas del poder establecido con
propuestas novedosas, incluso rompedoras, en las formas y en el fondo.
Eso en un momento de especial decepción de la
ciudadanía, desmoralizada, cabreada con el machaque de la derecha gobernante y
la parálisis de una izquierda que ni estaba ni se la esperaba. Representándolo
gráficamente era como echar una piedra en un estanque pleno de quietud pero
enfangado.

El problema fue que al menos mi idilio con
ellas y ellos duró poco. Justo hasta comenzar a detectar signos de prepotencia,
de una cierta chulería cargada de tópicos como considerar “casta” a todo los
que no fueran de los suyos. Perdón, debo decir de los suyos, suyos. Resulta
curioso que ya no utilicen esa acepción, quizás conscientes de que ya ellos y
ellas ya se han acabo convirtiendo en esa casta que antes criticaban.
Por eso esa ilusión que genera entusiasmo y
alegría se fue transformando poco a poco en decepción (frustración que se da al
desengañarse de lo que no satisface nuestras expectativas).

Lo más triste, quizás lo más doloroso es que
bajo esa capa exterior de colores y viento fresco hemos ido descubriendo el
gris, las deficiencias, las perversiones y maldades del ser humano, los viejos
tics de los viejos aparatos que también se descubrían en su seno. Lo de siempre
recubierto de una falsa originalidad.

Así durante el periodo previo a la II Asamblea
de Vista Alegre los peores defectos de los partidos clásicos han emergido con
fuerza en esa batalla brutal entre “pablistas” y “errejonistas” en la que ha valido
todo.

Observar esa pelea en algunos instantes
barriobajera da también para entender que las diferencias políticas,
ideológicas, resultaban mínimas y desde luego eran y son fácilmente
sintetizables. Quizás la única relevante tenga que ver, aunque no se haya dicho
con claridad, la que existe entre el pactismo con la otra izquierda, el PSOE,
que defiende Errejón y la confrontación de Iglesias. Poca cosa para tanto
ruido. Ahora conocido que Iglesias ha ganado de manera arrolladora, habrá que
observar si como en los partidos clásicos aplica el rodillo, o de manera
innovadora, integra y suma.

Pero también ese PSOE, la otra izquierda se
encuentra en plena convulsión. Después del golpe de estado del Comité Federal
del pasado Octubre las dos posiciones han paseado sus diferencias por los
diferentes territorios expectantes ante la decisión de sus dos líderes. Pedro
Sánchez al fin dio el paso en su multitudinario acto en Dos Hermanas, Susana
Díaz aún medita a la vista de la marea de apoyos que está recibiendo su contrincante
por cada lugar por el que pasa.

Él y sus leales escuderos Odón Elorza, Zaida
Cantero, José Luis Ávalos y el resto de los sargentos que aún le quedan tras el
abandono en masa de generales y coroneles. Quizás no los necesite ante unas
primarias en las que el voto del más humilde afiliado vale igual que el del más
poderoso general. A día de hoy Susana tiene esos generales y Pedro la
soldadesca. Las guerras ya se sabe las ganan ellos y ellas, con su valor, su
arrojo. Quizás en esta ocurra lo mismo.
Puede que ese acto de Dos Hermanas sea un
momento histórico no sólo para un socialismo a la deriva sino incluso para una
izquierda que de momento ni está, ni se la espera. Puede ser que su discurso,
mucho más escorado a la izquierda que cuando era Secretario General del PSOE,
sirva para su recuperación, para su renacimiento después de una tenebrosa
particular II Edad Media.
El PSOE necesita reinventarse, la izquierda de
este país también y ver al lado de ese Pedro Sánchez resucitado a Elorza y
Tapias da al menos para concebir la esperanza de que lo haga desde la izquierda
y para la izquierda. Este país lo necesita ante una derecha encarnada por  Rajoy y su PP cada vez más insultantemente
fortalecida. Los últimos discursos de éste entre faltones y prepotentes
necesitan de una respuesta contundente que ese trío, Sánchez, Elorza, Tapias
puede propiciar.
No se debe mirar hacia detrás, porque como en
la Biblia se corre el riesgo de convertirse en estatua de sal. No más mirar al
pasado, a los Comités Federales de la vergüenza, ni tampoco obsesionarse con
las traiciones, ni con mensajes ya caducos, aunque hayan tenido tirón hasta
ahora entre las bases socialistas. El No en no debe dar paso a un sí es sí de
esperanza, a unas propuestas que ilusionen en positivo.
En ellas adquiere una importancia relevante
solucionar las viejas tensiones centro-periferia, evitar el choque de trenes
con Catalunya con planteamientos audaces, imaginativos y generosos como la
defensa de un Estado Federal Plurinacional que lleve adjunta una propuesta
sobre el derecho a decidir que encaje constitucionalmente, o plantear que se
debe abrir un proceso constituyente que nos lleve a una reforma progresista de
nuestra actual Constitución que incluya una decisión sobre el modelo de Estado.
República frente a monarquía.
Trabajar las ideas es lo más importante,
ponerlas negro sobre blanco no en un “tocho” de 200 páginas que nadie se lea,
sino en un folio con 10 propuestas sería suficiente. Y una recomendación;
aunque sea impopular debe trabajar también la necesidad de consolidar la paz y
la convivencia después de los años de “plomo y fuego” de ETA. No debe temer
tampoco a afrontar ese espinoso problema de manera audaz.
Momentos convulsos para una izquierda que corre
el peligro de convertirse en líquida, siguiendo las reflexiones del
recientemente fallecido Sygmunt Bauman. Con candidatos que van y vienen,
inconsistentes, vacíos de contenido, confrontaciones personalistas, batallas
exclusivas por un lugar en el poder, mientras la sociedad que dicen representar
observa entre perpleja y decepcionada su devenir.
Evitar esa liquidez es tarea de quienes tomen
el poder, en Podemos ya se conoce que Iglesias y en el PSOE quien gane sus
primarias Dotar sus propuestas de contenido ideológico, sólidas, contundentes,
profundas, alejadas de esa liquidez que inunda nuestra sociedad actual.
Después trabajar por restañar heridas, por
buscar puntos de encuentro, de síntesis y unir fuerzas para plantar cara a esa
derecha prepotente, aquí y allí. Precisamente ahora que se cumplen los cien
años de un hito histórico: la Revolución en Rusia. Unidad, unidad de la
izquierda para tomar el poder y defender los intereses de las capas populares,
en especial las más débiles. Podemos y PSOE unidos dentro y fuera, ese es el
futuro, ese el reto.

Veremos si están a la altura de las
circunstancias.
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