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Miércoles, 11 de octubre. “La manifestación” por José Luis Úriz

La opinión por José Luis Úriz.

La
manifestación

El pasado
domingo una multitudinaria manifestación ha recorrido de nuevo las calles de
Barcelona. Esta vez no eran las huestes independentistas,  la mayoría de la población según los
convocantes, quienes jaleaban gritos sobre la secesión, han sido sus
contrincantes, igualmente mayoritarios según los otros convocantes, los que han
gritado justo en sentido opuesto.
En ambos
casos dos elementos comunes, somos la mayoría y defendemos la democracia. ¿Eso
es posible? ¿Puede haber dos mayorías contrapuestas que defienden de manera tan
radical ese manido concepto de democracia? Probablemente no, pero en este
diálogo de sordos en el que estamos instalados todo es posible, aunque existen
dudas que todo esté dentro de las normas básicas de la ética y la realidad.
En ambas la
simbología ha sido muy diferente, en la primera mayoría absoluta de esteladas
de diferentes tipos, en la segunda de españolas salpicadas de senyeras, que
cabe recordar que mientras no se cambie (y podían haberlo hecho) es la bandera
oficial de Catalunya.
Independencia,
democracia, España, Catalunya, llamamientos a la sedición, o a meter en la
cárcel a Puigdemont y dentro del ambiente festivo crispación, espíritu de
revancha y confrontación.
Manos mal
que entre ambas otras en diferentes ciudades de España, incluida la propia
Barcelona, con el blanco como único símbolo reclamaban hablar, parlem,
dialogar, negociar huyendo de los sectarismos y la radicalidad.
¿Dónde está
la mayoría silenciosa catalana pues? Probablemente durante las algaradas de
estos días en su casa, o en la playa, paseando, comprando, o viendo Sálvame y
en la del domingo exactamente igual.
Quizás esa
mayoría silenciosa esté esperando sabiamente a poder expresarse como se suele
hacer mayoritariamente en democracia, votando en unas elecciones legales y
reglamentadas, o posteriormente en un referéndum legalizado y legitimado, que deje
claro de una vez por todas que quieren seguir con el estatus actual, pero
actualizado y modernizado.
Probablemente
esta historia truculenta acabe así, con Puigdemont cediendo a las presiones más
poderosas, que no son ni la policía, ni los jueces, ni Rajoy y su gobierno,
sino el poderoso poder económico y financiero catalán, desde la banca a las
grandes empresas, que el sábado le pusieron las pilas en una tensa reunión con
el Círculo de Economía de Catalunya.
Si cede de
manera automática perderá el apoyo de una CUP totalmente echada al monte y no
tendrá más remedio que convocar elecciones anticipadas, que es precisamente lo
que más temen los independentistas, al menos los pocos que aún quedan que no
estén entregados con armas y bagajes a los extremistas anti sistema.
Porque
estos, los anti sistema, no lo son solo contra el español, también contra el catalán
como demostró su declaración extemporánea llamando al boicot al Banco Sabadell
y el resto de las empresa que se marcharan de Catalunya. A este paso ya no
podrán ir ni en coches SEAT y no sé si acabarán yendo en patinetes construidos
en el alto Ampurdán, si es que queda alguna empresa que los construya allí.
Unas
elecciones anticipadas después de la que ha caído pueden tener un resultado
imprevisible, aunque el olfato dice que si quienes manejan las últimas y más
actuales encuestas, las tienen más miedo que a un nublado, lo más probable es
que pueda darse la vuelta a la tortilla y su exigua mayoría se acabe
convirtiendo en minoría.
Pero
volviendo a la manifestación lo mejor fueron los dos discursos finales, el de
Vargas Llosa más académico, con ribetes culturales, incluyendo la cita a la
dictadura franquista que produjo algún movimiento en el escenario y el de
Borrell más político, de estadista. Eso a pesar de la polémica abierta en la
izquierda, sobre la oportunidad de que los miembros del PSC acudieran a dicha
manifestación.
Escuchar a
Borrell fue una bocanada de sensatez y coherencia, dijo lo que, esta vez sí, la
inmensa mayoría de la ciudadanía catalana quería escuchar. Palabras como
convivencia, pluralismo, diálogo, acuerdo atronaron en la Plaza de Francia como
un revulsivo político y social.
“Esto no lo arreglaremos tomando decisiones
unilaterales, no es un problema solamente de orden público”, dice Borrell.
Y se dirigió a Junqueras para que deje de “engañar” a los catalanes.
“Lo que usted defiende es lo contrario al ideal europeo, que es la ley y
la solidaridad”.
“La convivencia
está rota en este país. Tenemos que rehacer esta convivencia y defender el
pluralismo político”. “Los no nacionalistas somos tan ciudadanos de
Cataluña como ellos”
Hubo también un duro
reproche al poder económico catalán al que criticó sus “prisas” por marcharse ahora. “¿No lo podían decir
antes?”. “Los que ahora se están marchando deberían haber dicho antes
que lo harían, porque de haberlo dicho quizás no estaría ocurriendo”.
Gritos de Borrell
President sonaron como una llamada a una de las pocas personas, que podría
llegar a ese cargo con un mínimo de garantías para sacar a Catalunya del
atolladero actual.
¿Qué habrá pasado en el
instante en que sean leídas estas líneas? ¿Habrá sido capaz Puigdemont de
aplicar la DUI en el pleno de hoy? Es impredecible, aunque quizás alguien haya
sido capaz de recuperar el Seny de sus ancestros y aporte al final algo de luz
en este oscuro túnel.

Veremos….
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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