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Martes, 9 de enero. “Agur 2017, ongí etorri 2018” por José Luis Úriz

La opinión por José Luis Úriz.

Agur 2017, ongí etorri 2018
Acabamos de abandonar un año convulso aquí y
allí, lleno de situaciones duras y en el que algunas cuestiones  importantes en vez de solucionarse se han
agravado aún más.
Así en nuestro país la crisis catalana se
vuelve a introducir en una especie de bucle melancólico, con los partidos
independentistas y constitucionalistas incapaces de desenredarlo. Para
complicarlo aún más, la ciudadanía ha vuelto a confirmar la fractura política y
social en dos mitades equivalentes.
Si en la política actual se echa de menos una
mayor altura de miras, faltando estadistas de peso y con ausencia de virtudes
como la audacia, la imaginación y la generosidad, en este espinoso tema estas
carencias se multiplican de manera exponencial.
También ha sido este 2017 el de la
constatación de otros fracasos, quizás el más doloroso el de la violencia
machista. Así, termina con una cifra escalofriante de 54 mujeres asesinadas por
sus parejas o ex parejas, más nada menos que 8 niños y niñas, por no citar a
decenas de huérfanos y familias rotas. Un fracaso que también va a exigir a la
clase política un esfuerzo complementario.
La crisis ha mejorado, pero no así la
situación de un sector importante de nuestra juventud, en paro, o con empleos
cada vez más precarios. Se sigue por el terrible camino de que existan gentes
con trabajo, pero en situación de pobreza o de exclusión social.
2017 ha sido otro año de la corrupción sin
fin. El PP, Convergencia y PSOE se han visto involucrados de una u otra manera
en escándalos de ese tipo. Con mayor contundencia el primero acosado por casos
que poco a poco van pasando por el filtro de la justicia. Que al partido del
Gobierno se le acuse de ser una “organización criminal” es de una gravedad sin
precedentes. Pero todo ello sin ningún castigo electoral, con una sociedad a la
que parece que estos temas afectan a la hora de la encuesta del CIS pero no a
la de emitir su voto.
El denominado caso Pujol, o el del Palaouen
Catalunya y el de los Eres en Andalucía, abochornan a las gentes más sensatas
que militan o votan a una Convergencia que ha tenido que cambiar de nombre
salvándole la campana con todo el lío de la DUI y el 155 y el PSOE, que con la
llegada de nuevo de Pedro Sánchez a su SG parece remontar, pero mucho más
lentamente de lo previsto.
Ha sido el año del desencuentro, el encuentro
y de nuevo el desencuentro de una izquierda que parece a la deriva, incapaz de
ponerse de acuerdo y de aprovechar las debilidades actuales de su rival.
El terrorismo yihadista ha golpeado de nuevo
a nuestro país, en Barcelona en esta ocasión, pero casi ningún país de Europa
se ha librado de sufrirlo. También aquí existe una incapacidad para atacar de
raíz el problema de esos jóvenes, en muchos casos integrados en nuestra
sociedad, dispuestos a hacer tanto daño.
Un elemento positivo en ese año que nos ha
abandonado ha sido los avances, al menos desde una de las partes, sobre la paz
y la convivencia. El trabajo de la sociedad civil, en especial desde un plural
Foro Social Permanente han dado sus frutos y la D, del código internacional
DDR, ya se ha cumplido. ETA se ha desarmado de manera unilateral y con
garantías.
Ahora falta rematar la faena con la otra D,
la desmovilización, o disolución y en la otra orilla del antaño río de aguas
turbulentas hoy remansado, con la R de reintegración acercando las y los presos
y buscando soluciones para quienes están fuera. Después vendrá continuar con el
complejo trabajo de la convivencia en el que experiencias como las del
Ayuntamiento de Rentería parecen indicar el camino a seguir.
Fuera de nuestras fronteras las guerras de
Siria e Iraq están acabando con la derrota del Daesh, pero esto abre otro
peligro a medio y largo plazo, la vuelta de centenares, quizás miles, de
militantes adiestrados para matar y dispuestos a exportar su “guerra santa”. O
Europa, el primer mudo, se toma muy en serio atacar la raíz del problema o
seguirá el sufrimiento.
En EE.UU. el nuevo Presidente Donald Trump
continúa con sus ocurrencias, empeñado en gobernar a golpe de tuits. La última
meter su zarpa en el conflicto árabe-israelí para azuzar los rescoldos. El
comentario sobre reconocer a Jerusalén como capital de Israel, puede tener
consecuencias desastrosas para la inestable situación en la zona.
Su 
confrontación con el líder de Corea del Norte Kim Jong-un, otro venado
como él, ha creado una tensión sin precedentes, más aún teniendo en cuenta la
condición nuclear de dicho país. Acaba el año sin resolverse, otro tema al
pasivo del 2017.
El cambio climático avanza de manera
peligrosa para la humanidad, incapaz de frenar la emisión de elementos
contaminantes, agravada por la posición del líder mundial más poderoso, de
nuevo Trump, contraria a su control. Nuevo peligro que deja 2017 sin resolver.
En Europa el Brexit continúa su camino, la UE
no termina de consolidarse y los avances de la extrema derecha en algunos
países no ayuda. La izquierda mientras tanto sigue sumidad en una profunda
crisis y ni está ni se la espera en los próximos años. Sólo Portugal o Grecia,
más la primera, suponen un pequeño islote entre tanto gobierno conservador.
La crisis de los refugiados ha sido este 2017
otra de las asignaturas pendientes. Sigue muriendo gente en un Mediterráneo
convertido en una gigantesca tumba de personas desesperadas huyendo de guerras,
hambre y enfermedades.
Aunque quizás la mayor crisis que asole
occidente sea la de los valores, cada vez más en desuso en un mundo
individualista y egoísta. Es probable que como aseguraban algunos expertos hayamos
entrado en una segunda Edad Media, aunque el elemento positivo sea la esperanza
de recordar que  la primera tuvo su
continuación en el Renacimiento.
Termina pues 2017, un mal año, y comienza un
2018 incierto en cada tema reseñado. Para empezar lo hace con mal pié al menos
en tres aspectos.
El pasado día 3 José Antonio Pérez Tapias
anunció que abandonaba su militancia de 25 años en el PSOE. Allí donde había
sido diputado, candidato a su SG frente a Pedro Sánchez y Eduardo Madina,
además de líder de Izquierda Socialista hasta la profunda crisis abierta en la
misma y que aún perdura.
Se va decepcionado después de haber puesto
toda la carne en el asador, impulsando y apoyando la candidatura del actual SG.
Una campaña con el lema “somos la izquierda” en la que se cantaba la
Internacional puño en alto al final de cada acto, con propuestas de unidad con
el resto de la izquierda, flirteos evidentes con el mundo nacionalista,
confrontación directa con el PP y Cs (aún resuena el contundente “no es no”) y
defensa cerrada a un Estado Federal Plurinacional.
Tapias se va porque todas ellas han quedado
abandonadas por el camino y esta pérdida supone la descapitalización del PSOE
precisamente por su izquierda. Además sale uno de los pocos ideólogos de una
izquierda muy necesitada de ellos. Quienes estos días le han criticado con
dureza ignoran, que se va precisamente porque quiere y respeta al partido donde
ha militado tanto tiempo.
Pero en su comunicado y en las diferentes
entrevistas concedidas, apunta que seguirá con la bandera socialista en otros
lugares sin abandonar la política, defendiendo precisamente esos conceptos, que
las diferentes izquierdas deben entenderse para derrotar al PP y Cs y que se
debe abrir un nuevo proceso constituyente, que solucione definitivamente el
viejo problema de las tensiones centro-periferia heredado de la Transición, a
través de un Estado Federal Plurinacional.
¿Hay espacio entre el PSOE actual y el
Podemos actual, para una nueva formación política que recoja a los
desencantados de ambas formaciones y los votantes que han ido nutriendo la
abstención? Los datos sociológicos indican que sí.
Ha continuado este 2018 con otra mala
noticia, la decisión del TS de mantener en prisión al líder de ERC Oriol
Junqueras. Mala noticia porque si hay alguien en el mundo nacionalista, con
capacidad de dialogar con autoridad con el Gobierno de Rajoy, es precisamente
él. Una persona formada política y culturalmente.
Mala noticia para la resolución de un
complejo conflicto. Es la alternativa seria a un cada vez más mesiánico y
alejado de la realidad Puigdemont. Quizás este nuevo año el PP aproveche la
debilidad de sus oponentes y nos traiga unas elecciones anticipadas, de
terribles consecuencias para una izquierda a la greña.
Tampoco en la violencia de género comienza el
año con buen pié. El caso de Diana Quer conmociona a una sociedad incapaz de
frenar este espiral de violencia contra la mujer.
Aunque nos llega una buena noticia porque el
Foro Social Permanente asegura, que en un plazo máximo de 6 meses se producirá
la Desmovilización (disolución hablando claro) de ETA.
Fuera Trump sigue con sus andanzas ahora
batallando contra un libro sobre sus desmanes, el cambio climático asola al
país que se niega a poner medios para evitarlo y así NY se hiela de frío.

Aún así ongi etorri 2018, mal panorama traes,
aunque debemos mantener la esperanza. De ilusión también se vive.

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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