Martes, 30 de mayo. “Ignorancia Cómplice” por Judith Bosch

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La Opinión por Judith Bosch.

Ignorancia Cómplice
Los tres asesinos de este fin de semana no
escuchaban voces en su cabeza ni eran personajes en los que Hitchcock pudiera
haberse inspirado para escribir la secuela de “Psicosis”. Son hombres
que saludan a los vecinos y guiñan el ojo a las vecinas, pensando por dentro
“me la follaba”; dicen: “Ciudadanos y ciudadanas, ¡lo que
faltaba! ¡dictadura feminazi!”; dicen: “Las niñas de 14 años se
visten como guarras, luego pasa lo que pasa y es culpa del machismo”;
rabian porque haya cada vez más mujeres en política y en órganos directivos de
empresas “No como antes, que sabían cuál era su sitio”, “Encima
hay cuotas para que entren”; usan sus cuentas en redes sociales para
acosar y amenazar mujeres “Hola, ¿cómo estás bonita?”, “Esta
zorra estirada ni siquiera se digna a contestarme”, “Feminazi
hembrista, como te pille por la calle desearás estar muerta”; dicen:
“¿Acaso las mujeres han hecho algo en la historia? Ahora encima, nos
obligan a decir “la historia de la humanidad” en lugar de “la
historia del hombre”, como si ellas hubieran hecho algo aparte de vivir
mantenidas y tocar los huevos”; dicen: “Patriarcado el que tengo aquí
colgado. Menudas tonterías se inventan las feminazis”. Dicen: “Yo no
digo que matar esté bien, pero es que algunas se lo merecen”.
Y tarde o temprano Violan, Golpean y Matan.
Esto es estructural.
Hay personas que sí hemos tenido ocasión de
estudiar, analizar la sociedad en la que vivimos y comprender todos los
factores que nutren el patriarcado: desde la apropiación de nuestros derechos
reproductivos hace 20 siglos y la instauración de la patrilinealidad, hasta
religiones en las que salimos de costillas o se nos compra y vende a cambio de
animales, pasando por el lenguaje androcéntrico, las cazas de brujas, la
invisibilización histórica de las mujeres y la cosificación e indefensión a las
que se nos somete desde pequeñas. Y cada vez somos más. Cada vez hay mayor
necesidad de conocimiento y abertura mental. Por eso, a las personas que aún no
se han enterado de nada y se espantan con estos crímenes, pero al mismo tiempo
dicen que el patriarcado no existe y blablabla: no os vamos a obligar a
entender lo que está pasando, pero dejad de tratarnos como locas. Dejad de
discutirnos fenómenos que conocemos. Dejad de jugar con nuestra paciencia y
luego responder con un: “Normal que el feminismo cause rechazo, si es que
no sabéis dialogar”. Dejad de creer que la ignorancia es un punto de
partida neutro y el conocimiento un plus.
Hacednos este gran favor: si no vais a sumaros
a la lucha y os vais a quedar en el balcón, diciendo “qué mal los asesinatos,
pero no hace falta cambiar nada”, al menos no nos toquéis los ovarios en
vuestro tiempo libre. ¿Os aburrís? Pues en lugar de cuestionarnos a nosotras,
id a visitar a un maltratador y preguntadle a él por qué lo hace, preguntadle
qué valores patriarcales tiene inculcados, cómo entiende las relaciones, cómo
entiende a las mujeres, cómo entiende a la sociedad. Igual por esta vía descubrís
todo aquello que os negáis a ver.
Quizás, si hicierais ese conciso trabajo de
investigación, en lugar de cuestionarnos a nosotras, os daría por conocer más.
Quizás llegaríais a la conclusión de que los cambios sociopolíticos de los
últimos ochenta años son minucias: una alfombra bonita bajo la que tapar el
polvo. Quizás comenzaríais a entender que este mundo no está hecho de
casualidades. No es casualidad que llevemos delante el apellido paterno, que
los libros sagrados sean misóginos, que Santo Tomás afirmara que no tenemos
alma, que los grandes filósofos hablaran de nosotras como si fuéramos animales,
que apenas se conozcan inventos hechos por mujeres, que sepamos que Neil
Armstrong y Buzz Aldrin pusieron el primer pie humano en la luna e ignoremos
por completo que esa nave fue programada por una ingeniera llamada Margaret
Hamilton. No es casualidad que los pronombres masculinos no nos incluyan, sino
que nos aparten. No es casualidad que usemos la palabra niña para insultar a
una persona adulta y contribuir con ello a que nuestras hijas crean que
realmente son inferiores, débiles, tontas… Nada de esto es casualidad. Tal
vez ataríais cabos y deduciríais que toda esta estructura que nos aplasta e
invisibiliza justifica desde hace siglos que se nos viole, pegue y mate. Que no
somos sujetos en esta sociedad patriarcal sino objetos a merced de los hombres.
Que no se nos educa para tener metas propias sino para completar a alguien. Que
no tenemos posibilidad de elegir, que se nos programa desde la infancia. Que lo
que entendemos por masculinidad es una construcción tóxica y antinatural y lo
que entendemos por feminidad es sometimiento.
Entre tanto, si queréis seguir padeciendo
ceguera. Si os viene bien seguir paseando por las redes aquel “Ni una
menos”, un par de días al año, y al siguiente “Ni machismo, ni
feminismo. Igualdad”. Si os resulta particularmente tranquilizador afirmar
“En España hay igualdad. Lo del machismo era antes”. Al menos tened
la decencia de no intentar taparnos a nosotras los ojos.
Nos sangran los ojos, nos escuecen las lágrimas
podridas, nos quema el silencio perturbador, las espaldas grises pasando de
largo y cada “loca” “exagerada” “hembrista”
“amargada” irrumpe a navajazo limpio en aquel lugar en el que
guardamos el sentido común que os falta. “No hay esperanza”, lloramos
tantas veces, no por los asesinatos que se amontonan, tristemente, lloramos por
vuestra ignorancia cómplice.

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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