Martes 21 de febrero, “La Opinión: Corrupción política, monarquía delincuencia e impunidad. Caso Nóos”

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A las 14:30 h. y R a las 19:30 h., La Opinión: Corrupción política, monarquía delincuencia e
impunidad. Caso Nóos.
Por Carlos de UrabáPeriodista y Birgadista Internacional.
El caso Nóos nos revela con claridad esa santa
alianza que han forjado nobles y plebeyos para expoliar a manos llenas las
arcas públicas. Un aberrante desfalco patrimonial promovido desde el mismísimo
Palacio de la Zarzuela.
La revolución francesa o la revolución rusa nos
brindan un estupendo ejemplo de cómo neutralizar con métodos poco ortodoxos la
realeza anacrónica y feudal.
El veredicto del caso Nóos ha sido un auténtico
escupitajo en el rostro del pueblo español (hoy súbditos reales) La banda de
corruptos y rateros encabezada por Iñaki Urdangarín y su esposa su Alteza Real
la Infanta Cristina de Borbón ha salido muy bien librados pues les han caído
unas penas exiguas en comparación a los graves delitos que les imputaban:
prevaricación, blanqueo de capitales, falsedad en documento, malversación,
tráfico de influencias y estafa a la Hacienda pública. Como se preveía desde un
principio la operación “salvar a la infanta” (y a la familia real) ha sido todo
un éxito. Ya lo predijo el presidente Rajoy en una entrevista hace unos meses
“A la infanta le irá bien” (con la justicia) y desde luego que todo le ha ido
muy, pero que muy bien. Para nadie es un secreto que el fallo judicial se había
arreglado de antemano para que todo este “escándalo” tuviera un feliz
desenlace.
Según la cúpula de la ONG e Instituto (mafioso)
sin ánimo de lucro Nóos nunca hubo ningún desfalco, ni delito alguno, jamás
tuvieron problemas con Hacienda, ni mucho menos se les puede acusar de
malversación de fondos públicos. Muy por el contrario, gracias al fenomenal
manejo de su junta directiva obtuvieron grandes beneficios, o sea, un superávit
que luego invirtieron por completo en instituciones benéficas y obras sociales.
A ellos solo les movía un espíritu altruista y caritativo.
La condena de 6 años para su excelencia el ex
duque de Palma Urdangarín y de 8 años para su compinche Diego Torres puede ser
recurrida ente Tribunal Supremo -que seguramente la rebajará a su acomodo-  Esta es la táctica consensuada entre los
abogados, los intermediarios de la Casa Real, los jueces y fiscales para que
toda esta farsa tenga una apariencia de legalidad. Lo importante es respetar la
independencia de la justicia. La credibilidad de la monarquía (¡democrática!)
está en juego y cada uno de los actores debe interpretar el guion con
inteligencia. Es muy probable que Urdangarín ni siquiera pase un solo día en la
cárcel puesto que la decisión del TS podría prolongarse al menos un año o
más.  El castigo será de todos modos
insignificante en relación al perjuicio causado al erario público y a las
instituciones del estado. 
Los jueces -como no podía ser de otra
manera-  han encontrado a la Infanta
Cristina, inocente. Su Alteza Real es pura e inmaculada de los pies a la
cabeza.  Su condición es más divina que humana
pues pertenece a la prestigiosa dinastía borbónica que ha reinado España con
benevolencia y honradez durante siglos. Ahora habrá que pedirle perdón a su
Alteza Real e indemnizarla por los costes de su defensa.
Los súbditos y lacayos deben postrarse de
rodillas y disculparse ante su Alteza Real puesto que su noble figura ha
sufrido la más sucia de las calumnias. No se ha encontrado la más mínima prueba
de que la Infanta haya cometido delito alguno. 
La sentencia afirma con rotundidad que ella era completamente ignorante
de los tejemanejes que llevaba a cabo su abnegado esposo en el Instituto (mafioso)
sin ánimo de lucro Nóos.
Su Alteza Real cumplía y cumple con su papel de
madre responsable dedicada a tiempo completo a la crianza de sus hijos. Mejor
dicho, es una hacendosa ama de casa que lleva los niños al colegio, los ayuda a
hacer las tareas o deberes escolares o se preocupa de su salud cuando están
enfermos. Además, barre, friega el suelo, cocina, lava la ropa, hace las
compras, etc. En fin, una madre coraje a la que se le debería premiar por su
alto grado de sacrificio y entrega. Sus abogados han cumplido fielmente su
cometido despejando cualquier duda sobre su actuación en este “asunto tan
engorroso”. Ella y su marido son víctimas de una perversa conspiración
orquestada por izquierdistas antimonárquicos obsesionados con hundir la
institución real tan amada por los súbditos españoles.
La Infanta furiosa recrimina y descalifica a
los jueces que han condenado injustamente a su marido el excelentísimo señor
(que es como todavía hay que dirigirse a él) Iñaki Urdangarín.  6 años de prisión es algo abrumadoramente
desproporcionado para un Caballero que ostenta la Gran Cruz de la Real orden
del mérito deportivo.  Es una verdadera
ofensa que se trate de una forma tan ruin a un ser pluscuamperfecto, grácil y
atractivo; el superhombre español campeón de balonmano que ha llevado a la más
alta cima la bandera rojigualda y la santa gloria del reino de España.
Los lacayos y vasallos envidiosos quieren
hundirlo en el fango inventándose oscuras tramas de desvíos de fondos públicos
y fraude fiscal.   Pero el gran coloso de
1.90 metros de estatura se yergue omnipotente cual guerrero invicto listo a
batirse cara a cara ante sus más enconados enemigos.  Las espadas están en alto y ya veremos si no
es también declarado inocente.
En resumen, estos ladronzuelos pagarán unas
mínimas penas y multas muy reducidas por sus maquiavélicos crímenes. Lo más
seguro es que parte de dicho patrimonio desfalcado ya esté a buen recaudo en
paraísos fiscales o a nombre de sus testaferros. Trucos que aprendieron de su
principal asesor fiscal y consejero financiero su majestad el rey Juan Carlos
I. Utilizando el buen nombre de la familia real Urdangarín logró amarrar
jugosos contratos y licitaciones públicas (cifrados en aproximadamente unos ¿20
millones de euros?) con los mandamases del Partido Popular en Valencia,
Mallorca y Madrid. Nadie le iba a negar a Iñaki Urdangarín – el yerno del rey
de España y esposo de la infanta Cristina- ese trato a favor que se merece todo
un noble virtuoso y deportista de élite. 
Así se demuestra una vez más que la justicia del reino de España mide a
los acusados con un doble rasero. No es lo mismo un grande de España o una
Infanta que cualquier pelagato, plebeyo o lacayo.
La sangre azul se respeta y su pedigrí se impone.
A esos seres elegidos por la gracia de Dios y los caprichos de la democracia
seminal hay que rendirles pleitesía y adoración.  Bendito es el fruto del vientre de la reina,
de la princesa o de la infanta. Ya lo dice la Constitución en su artículo 56:
“la corona no muere jamás, simboliza más fuertemente el cuerpo político y es su
mejor factor de integración”
Con toda la razón este fallo clamorosamente
favorable a los intereses de los acusados y que raya la impunidad ha enfurecido
tanto a la opinión pública más progresista. Aunque no saben muy bien de qué
manera expresar su indignación. Porque esa rabia no se manifiesta en las calles
en forma de protestas o motines, sino que se concentra en las redes sociales,
es decir, el ciberespacio. Éste se ha convertido en el nuevo campo de batalla
de los más radicales y extremistas. Allí gritan y vociferan, vomitan sus
consignas a través de Internet, Twitter, WhatsApp o Facebook. En letras
mayúsculas escriben sus mensajes en los teléfonos móviles, tablets u ordenadores
vapuleando a Urdangarín y a la Infanta. Hacen un buen acopio de munición y
lanzan sus demoledoras descargas de fuego cibernético contra los jueces y
magistrados, misiles teledirigidos contra el gobierno o la Casa Real. Los más
aguerridos suben geniales montajes fotográficos ridiculizando a la Infanta o
Urgandarín; también envían selfies con cortes de mangas o muecas burlescas y un
sin fin de delirantes memes para demostrar que su ímpetu revolucionario no
tiene límites. Otro ciber bombazo apunta al rey emérito don Juan Carlos I que
en estos momentos debe descansar a gusto en algún paraíso tropical en compañía
de una preciosa geisha o escort VIP.  La
mejor arma es Twitter y como si fuera un Kalashnikov con sus 140 caracteres van
ametrallando a esos parásitos de sangre azul a diestra y siniestra; sobran las
frases ofensivas, insultos e improperios y llamados a la insurrección popular ¡a
las barricadas! En el muro de las lamentaciones se encienden las luces de
colorines y emoticons que les levantan la moral y estimulan el ardor
guerrero.  ¡A tomar las calles! es la
consigna más repetida, aunque la verdad la plebe prefiere abarrotar los bares y
cantinas donde se dedica a libar alcohol o elevarse al séptimo cielo a base de
yerbas alucinógenas. ¿Quizás por medio de los poderes extrasensoriales, la
santería, la magia negra o un vudú se derrumbe la monarquía? En ese plano de
los espejismos oníricos sus majestades serán conducidos al patíbulo o a la
guillotina made in Photoshop donde la turba enfurecida celebrará con el puño en
alto el advenimiento de una nueva era. 
Los más osados proclaman la república cibernética y se ponen la boina
del Che Guevara listos a engrosar las filas de los rebeldes que se preparan al
asalto virtual al Palacio de Invierno. Las pantallas táctiles se resquebrajan
de cólera, las teclas de los computadores saltan por los aires demostrando la combatividad
y el extremo cabreamiento de los ciber guerrilleros. Los alzados en armas se
muerden la lengua o los labios ansiosos por consumar la venganza.
Mientras Iñaki y la Infanta protegidos por las
fuerzas de seguridad y sus guardaespaldas celebran una romántica velada en su
mansión en Ginebra. Además, a su servicio cuentan con un séquito de pajes y chefs
que les complacen todos sus caprichos gastronómicos. Después de la tempestad
viene la calma.  Es la hora de relajarse,
de respirar profundo y brindar con champagne por su victoria. Y es que el
fiscal llegó pedirle nada menos y nada más que 19 años de cárcel a su
excelencia, el padrino del Instituto Nóos. ¡Vaya desfachatez! No era más que
una broma de su suegro para meterle miedo en el cuerpo. 
La plebe, los súbditos y lacayos no representan
un peligro latente para el sistema. Estamos hablando de una masa alienada por
el consumismo extremo, el hedonismo extremo, las compras on line, las ropas de
marca, el sibaritismo, el alcohol, la ludopatía o el virus futbolístico. La
monarquía se aprovecha del estado cataléptico y les inyecta una dosis más
fuerte de veneno mediático para castrar de una vez por todas cualquier conato
de resistencia. La institución regia no debe preocuparse de nada pues los tres
partidos políticos el PP, PSOE y Ciudadanos (que suman una arrolladora mayoría)
se desviven y esfuerzan por salvaguardar su legitimidad (eterna) La Monarquía
es la única institución capaz de mantener la unidad del reino y garantizar el
crecimiento económico y el estado de bienestar.
El veredicto absolutorio de la Infanta es una
buena prueba de cómo el rey emérito don Juan Carlos I mueve a su antojo los
hilos del poder. Los súbditos fieles y sumisos se pliegan a los caprichos de
sus majestades y por nada del mundo los traicionarán. Y no solo eso, sino que
también son masoquistas pues parece que les produce infinito placer que les
mientan, que les roben o que los humillen. No puede ser más dantesco el
panorama a corto, mediano y largo plazo.
Estamos abocados al despotismo dictatorial de
la derecha, la ultraderecha, la monarquía, la aristocracia, la oligarquía, los
grandes de España, los banqueros, empresarios, la casta militar o eclesiástica.
Inmersos en la sagrada corrupción donde el abuso de poder, el clientelismo, los
testaferros, comisionistas o los vividores capean a sus anchas. Y encima en un
hipotético referéndum entre monarquía o república ganaría por goleada la
papeleta de la corona borbónica. Bueno, lo mejor es que sigamos lanzando
misiles en el ciberespacio-que para colmo está controlado por el paraguas de la
Audiencia Nacional y la Ley Mordaza- a ver si por casualidad damos en el blanco
y hundimos a la armada invencible.

Lo única oposición se llama Podemos, IU y el
separatismo catalán y el vasco, aparte de algunos grupúsculos anarquistas.
Fuerzas que no suman los votos, ni los escaños necesarios para cambiar tan
desolador panorama. Impotentes no nos queda otra que confiarnos en la realidad
virtual o la ficción infinita de las alucinaciones cibernéticas. Esto significa
mantener la posición en las trincheras concentrados en las pantallas del
computador, las tablets o de los teléfonos móviles dispuestos a vender bien
caro el pellejo. Quizás de aquí a unos cuantos siglos las cosas cambien y
renazca nuevamente el sentimiento de dignidad y decoro.
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