Martes 11 de abril, “La Opinión: 9 de abril, la legalización: ¿Victoria o derrota?”por José Luis Úriz

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José Luis Úriz
El 9 de abril de hace 40 años el gobierno de Suárez decidía por
sorpresa la legalización del PCE. Es uno de esos momentos históricos de nuestra
joven democracia.
Recuerdo
perfectamente ese día, llegaba a Pamplona de un viaje de Semana Santa a Navarra
y veníamos de Andorra. Una gran nevada nos recibió, cogí mi coche y me volví a
Madrid a celebrarlo con mis camaradas de Artes Gráficas, donde militaba y antes
en la Universidad.
Después
mi primer carnet, la cena de celebración en su entrega, mis camaradas, Manolo
Galán, Guille, Felisa, Bernardo, Carlos Elvira, Emiliano y tantos y tantas otras…aún
les recuerdo. Años de lucha, de riego, de clandestinidad, de detenciones,
persecuciones, torturas, años de una política que hoy ya no se lleva, prostituida
como está en los tiempos actuales.
Reconozco
que aún me siento comunista, aunque milite en el socialismo, moriré siéndolo y
como mi amigo Enrique Curiel de cuya mano entré en el PSOE pondrán la bandera
de la hoz y el martillo sobre mi féretro antes de incinerarme…………….
Vivimos todas esas sensaciones, todas esas experiencias, pero
también otras que ahora van desapareciendo lenta, implacablemente. Solidaridad,
sinceridad, generosidad, audacia, honestidad, complicidad en una lucha justa,
valentía ante el poder de los cobardes, amigos, camaradas, de los de verdad,
aquellos con los que se forjó el acero de la lucha anti franquista.
Hemos perdido, especialmente la izquierda, demasiados valores en
el tránsito por esta compleja democracia, quizás engañados por la falsa
creencia de que para conservarla todo vale, o probablemente engatusados por la
idea de que alcanzando el poder nuestras propuestas, nuestros ideales se podían
llevar a la práctica, o simplemente porque nuestros líderes los de arriba, en
medio, abajo, se conforman con las poltronas que ponen en sus caminos.
Pero creo que el tiempo nos ha demostrado que eso no es así, que
alcanzar el poder en una democracia pervertida, trucada, no permite aplicar
nuestras ideas, poner en marcha nuestras recetas para solucionar las
injusticias de este mundo, porque es mentira que el poder como idea
fundamental, se alcance a través de las urnas, de los votos.
Hay un poder, el financiero, económico e incluso religioso, que no
participa en las elecciones pero que está por encima de estos mecanismos
democráticos, un poder que controla, dirige, ordena, sin que nada ni nadie se
le pueda oponer. ¿O sí?
De la respuesta a esa pregunta depende el futuro de una izquierda
ahora debilitada, confundida, aplastada en lo ideológicos, e incluso en lo
vivencial. Una izquierda inmersa en el cainismo de luchas internas y externas.
¿Es posible con métodos puramente democráticos llevar adelante
nuestras ideas, nuestros proyectos de transformación?
Hace 40 años pensábamos que sí, aquel 9 de abril al inundar las
calles con nuestras banderas rojas con la hoz y el martillo, esos símbolos que
ahora las nuevas generaciones que han ido llegando consideran ya trasnochados al
igual que nuestras teóricas, Marx, Engels, Lenin, Keynes, Freud y tantos otros,
creíamos torpemente que la legalización la habíamos conseguido con nuestra
lucha.
Qué ingenuos fuimos todos estos años creyéndolo, en primer lugar
porque ignoramos, o quisimos ignorar, lo que nuestros dirigentes pagaron,
ingenuos porque olvidamos que el poder, el verdadero poder, sabía que para
perpetuarse era necesario ese movimiento que entonces pareció una claudicación,
ingenuos porque eso nos desactivó hasta nuestros días.
Aquel 9 de abril comenzamos a cavar nuestra propia tumba, la tumba
de la izquierda, o al menos la de la izquierda real, sin descafeinar, sin
moldear. Ahora somos, todos de la izquierda civilizada, domesticada diría yo,
esa que ya no le da problemas al poder real.
Quizás en el futuro tengamos que realizar lo que en el cine
consideran un Dèjá Vu, una vuelta atrás, al pasado, con el fin de que nuestra película,
película acabe con victoria. Volver al momento previo a ese 9 de abril, a lo
que representábamos antes de ese fatídico día, a nuestros ideales primigenios,
primitivos si queréis, a lo esencial de nuestras propuestas y aplicarlas
también con la praxis de entonces, con la lucha, clandestina si es necesario,
de aquel tiempo.
Cuando sabíamos quién eran nuestros enemigos y también quienes
nuestros amigos, nuestros compañeros y camaradas. Cuando teníamos claro la
dirección de nuestros pasos, las medidas a tomar para vencer, para vencer
realmente.
Quizás llega el tiempo de desperezarnos de este largo letargo de 40
años, de volver a blandir nuestras armas ideológicas y prepararnos para una
larga lucha. Con sacrificios como en aquel tiempo, con sinsabores, dolor,
sufrimiento, recordando nuestro viejo lema: “más vale morir de pié que vivir de
rodillas”. Que de nuevo el acero forjado en tantas batallas vuelva a brillar
dando luz a la oscuridad actual. De buscar nuevos líderes que no se vendan, ni
corrompan, ni se dobleguen, líderes valientes, honestos, solidarios, generosos.
O lo hacemos pronto o las masas, que ya no confían en nosotros,
nos pasarán por encima, no lo dudéis. De hecho, ya lo están haciendo,
probablemente ahí se encuentre el argumento fundamental para entender, por qué
en este país gobierna un partido corrupto hasta las cejas como el PP.
Éste es el momento, éste el lugar, precisamente en la
conmemoración de ese 9 de abril. ¿Por qué no puede ser este país quien lidere
ese nuevo tiempo, esa nueva estrategia?
Solo la lucha nos puede llevar a la victoria después de 40 años de
derrotas.

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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