Lunes 6 febrero, “Salud es luchar”

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Esta semana en Salud es Luchar escucharemos un articulo de Antoni Barbara que a escrito para La Lamentable. A qui tenéis su articulo por escrito y también lo podéis escuchar en la radio el lunes 6 febrero a las 11:30 h., o en el podcast del programa que se colgara después de su emisión en radio.

LA SALUDABLE LUCHA POR UNA SALUD Y SANIDAD
PÚBLICAS
Las pecunias y agresiones para la sanidad y la
salud públicas se han cronificado y agudizado desde la que llamaron crisis del
2008. Lluvia fina sobre lo llovido y un quinquenio negro (2010-15 -en Cataluña-
y en todo el estado), recortando sobre lo recortado hasta el sobrevenido
austericidio.
Difícil de ilustrar con suficientes datos,
cifras y ejemplos en tan reducido espacio y con tanto espectro que tratar. Así
les propongo la lectura o audiovisión retrospectiva de cualquier media o
hemeroteca que trate de la sanidad cotidiana en estos últimos (y ya largos)
tiempos. Elijan.
Estas líneas no pretenden repetir otro
ejercicio más de relación de calamidades, de errores y de horrores, de lamentos
o de indignaciones plenamente justificadas. No es otro listado de listas de
espera-desespero, de co-Repagos, de exclusiones, de plantas y servicios
cerrados, de puestos de trabajo eliminados y nunca renovados. Cualquier
estadística es concluyente.
Mejor sería aportar un mensaje de esperanza, de
luz al final del túnel, de prescripción no –farmacológica, si alcanzan ustedes
a leer hasta el final. ¿Es posible revertir toda esta calamidad?
Sabido es que la salud es tridimensional: bio-
psico- social. Por desgracia, el desastre actual la afecta en todos los
órdenes. La tres patas están severamente lesionadas.
Biológico. La sanidad
privatizada-externalizada, depauperada, desangrada y parasitada a manos de la
“colaboración público-privado”, el negocio vía consorcio o “alianzas
estratégicas”. Características globales con identidad locales propias en
calidad y cantidad. En Cataluña: líderes en opacidad y corrupción.
Infrafinanciación, masificación, derivación a la privada. Un sistema catalán
compartido más que menos con otras fórmulas de gobernanza autonómica.
Psicológico. Instalación de una auténtica
triple epidemia de miedo, resignación, autoinculpación. Baja autoestima, alta
demanda, estrés, ansiedad, depresiones y más enfermedades y mala salud mental.
Suicidios, como innombrables cada día más tangibles y más como punta de un
iceberg tan explícito como molesto para el sistema.
Social. Cronificación del paro versus trabajo
digno y estable, precariedad y condiciones inhumanas, desahucios ejecutivos y
ejecutados de vivienda, carencia o insuficiencia manifiesta de pensión o de
ayuda vital, contaminaciones amenazantes, presentismo laboral (figura
antagónica al absentismo: ir al puesto de trabajo aún no pudiendo tirar del
cuerpo), pobreza energética y pérdida de servicios básicos, depauperación de
ayudas sociales,  educación pública
hermana de la sanidad pública en miserias financieras y en esfuerzos cuasi heroicos
de sus trabajadoras/es.
Con estas premisas, se entiende y se explica
que la inequidad se muestre descarnada, con unas desigualdades en crecimiento,
que las exclusiones sean acusadoras, que surjan día tras día noticias
espeluznantes de muertes o secuelas a la espera de atenciones eliminadas, de
diagnósticos demorados, de tratamientos ineficientes, de un transporte
sanitario que no llegó, de una complicación que no se detectó a tiempo, de una
dignidad lacerada en una camilla precaria aparcada en cordón en un pasillo de
urgencias. Que no pase más se organizan puestas en pie las víctimas. Todos
indicadores de salud son demoledores, empezando por la esperanza de vida, y la
mortalidad. La tensión se ha hecho ya irrespirable. Interesad@s que venían a
estudiar la sorprendente eficiencia del sistema nacional de salud en Cataluña
acuden ahora perplejos a constatar su degradación.
El conflicto se agudiza y extiende: temas como
la salud mental, o la salud laboral, o el mal -tratamiento de la dependencia, o
la cenicienta atención primaria (principal víctima de todos los tijeretazos
presupuestarios), pero también los socio-sanitarios, emergencia de más y nuevas
dependencias, la omnipotencia de la industria farmacéutica (que no de l@s
farmacéuticos de botica al servicio ciudadano y a la espera de un cobro
administrativo soportable), la biotecnología, el apetecido tratamiento
economicista del big data sanitario, el deterioro en investigación y la
docencia de la ciencias de la salud, y más.
El quid de la cuestión, porque aquí también hay
causa- causal y etiología como en cualquier proceso patológico, no es otro que
la innegable mercantilización de la salud y de la sanidad. La confrontación
desigual de la salud entendida como un derecho y/o la salud como sector de
negocios. Contra lo que se afirma en potentes medias del sistema, el mantra de
la deseable colaboración es asimétrico y perverso. Los recursos públicos entran
en una espiral opaca de ingeniería financiera y acaban sirviendo a la lógica
del mercado y a sus objetivos. Léase lucro, de uno u otro pelaje, que también
habría que retomar que se entiende hoy por lucro.
Pero anunciaba opciones terapéuticas de
reapropiación frente a tanto sufrimiento y acabo:

Las hay y no son ningún fármaco.  Mucho más elemental, natural, saludable, que
no fácil: ¡ Salud es luchar… porque luchar es salud!  

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