Lunes, 5 de marzo. “En el día que lleva tu nombre: ¡Felicidades compañera!”

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La Opinión por Nuria Martínez López.
En el día que lleva
tu nombre: ¡Felicidades compañera!
Se han vertido ríos
de tinta sobre los orígenes del #8M de marzo. Mientras hay sectores que defienden
férreamente que su nacimiento se debe a que fue un #8M de marzo del año 1857
cuando un grupo de trabajadoras textiles decidió salir a las calles
de Nueva York para protestar por
las míseras condiciones en las que trabajaban, yo prefiero ubicarlo en la Rusia
zarista.
La Revolución de Octubre
de 1917 comenzó unos meses antes y fue conocida como la Revolución de Febrero,
que haciéndola coincidir con nuestro calendario gregoriano se ubica justamente
en el día #8M de marzo.
Rusia se hallaba
inmersa en la Primera Guerra mundial, que se cobró un coste humano importante,
dejando a las mujeres en una situación muy vulnerable, ya que tenían que asumir
el papel de cabeza de familia, de madres, de pilar del hogar y un largo etcétera
de responsabilidades que recayeron sobre ellas ante la ausencia de sus
compañeros.
También
durante aquellos días se sucedieron numerosas huelgas y revueltas, que fueron
duramente reprimidas. En febrero de 1917 en la fábrica Putílov trabajaban unos
36 000 obreros, siendo la mayor planta industrial y astillera del país.
Ese mes tuvo lugar entre los días 18 y 23 (según el calendario juliano) una
gran huelga con manifestaciones y reuniones de trabajadores al grito de:

¡Abajo
la guerra! ¡abajo la autocracia! ¡queremos pan!
El hambre, el frío y
el desgaste que estaba provocando la guerra mermó la paciencia de las trabajadoras
y campesinas de Rusia, de aquellas madres y esposas con seres queridos en el
frente o sometidos a tortura en las cárceles zaristas, encarcelados por
protestar por las malas condiciones de trabajo en las fábricas.
El #8M marzo de 1917
miles de mujeres prendieron la mecha de la revolución obrera más importante de
la historia. En Petrogrado salieron a la calle bajo la premisa “pan y paz”: pan
para nuestros hijos y paz para regresar a nuestros maridos de las trincheras. A
ellas se unieron miles de los ya extrabajadores de la fábrica Putilov, así como
obreros procedentes de otros sectores, como el textil.
Aquella protesta
masiva fue una amenaza de tal magnitud que incluso las fuerzas de seguridad
zaristas, acostumbradas a reprimir con brutalidad y contundencia, no se
atrevieron a tomar medidas, posicionándose como meros observadores y, de alguna
manera convirtiéndose en cómplices de aquella justa reivindicación.
Por tanto, fueron las
mujeres de aquel #8M de marzo de 1917 las que levantaron la antorcha de la
revolución proletaria y “prendieron fuego al mundo”.
Con el triunfo
posterior de la Revolución de octubre, por primera vez un país tomaba medidas
concretas para lograr la igualdad entre hombres y mujeres (derecho al voto y
participación en el estado, salario femenino igual al masculino, derecho al
aborto legal y gratuito, el divorcio, eliminación de la prostitución, …) La
mujer tomaba por primera vez pare activa en un proceso revolucionario.
La mujer rusa se
convirtió en pieza clave en la producción, que se concentraba sobre todo en las
grandes fábricas, en los complejos agrarios, en las minas, en la construcción
civil, en las universidades, …
También accedió la
mujer al poder, habiendo abundante presencia femenina en las cúpulas políticas
de la revolución. Aquellas mujeres, además de concienciar a la población
femenina de su nuevo estatus fomentó un ambicioso plan: “para la plena
emancipación de la mujer, para su igualdad efectiva en relación al hombre, era
necesaria una economía que librase del trabajo domestico y en la cual participase
de manera igualitaria al hombre”
Fue por estos razonamientos
por los que se implementaron medidas para que la mujer, frecuentemente madre,
pudiera realizarse plenamente. Por supuesto, ni que decir tiene que fue
fundamental la alfabetización de aquellas primeras mujeres y acceso por derecho
a la educación de las nuevas generaciones.
Se hizo cotidiana la
presencia de mujeres en puestos de trabajos estereotipados o donde normalmente
se contrataban a hombres.
En cuanto al #8M de
marzo, fue una fecha recordada siempre, pero hasta que no se consolidó la
revolución no fue una festividad oficial.
Gracias a Alexandra
Kollontai, comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública y primera mujer en
la historia en ocupar un puesto en el gobierno de una nación, se consiguió que
el #8M de marzo fuera una fiesta oficial, aunque laborable en sus inicios. Hubo
que esperar hasta 1965 para que se le diera categoría de no laborable, ni para
mujeres ni para hombres, como el Primero de Mayo.
Consciente del mundo
en el que nos movemos, donde las luchas han quedado diluidas en los caudales de
la memoria semántica, invito a reflexionar a hombres y mujeres de manera
conjunta, no por separado sino como parte de un todo, como parte de una causa
que no tiene razón si ambas no se implican, no se complementan, no se apoyan,
no se nutren de manera simbiótica.
En este #8M de marzo
sólo deseo que haya una presencia masiva de hombres y mujeres libres en todas
las calles, que se recupere el espíritu de la clase trabajadora, motor
indiscutible en este mundo execrable, estrangulado por la producción despiadada
del capital.
¡Felicidades
compañeras! En nuestras manos está que este #8M de marzo (101 años después), se
prenda de nuevo la mecha que devuelva la dignidad a las trabajadoras y
trabajadores que, parafraseando a Marx, tienen más necesidad de respeto que de
pan. 
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