Lunes, 4 de septiembre. “El franquismo: la perdición de España”

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La opinión por Manuel Ruiz Robles, miembro de Anemoi.

El franquismo, una variante del fascismo de
los años 30, no fue vencido en la Guerra de España, primera fase de la agresión
nazi-fascista a los pueblos de Europa. La dictadura -derivada del golpe militar
de 1936 y la consiguiente Guerra Civil inducida por el golpe- fue apoyada por
los ejércitos de la Alemania nazi y de la Italia fascista.

Años después, el dictador genocida Francisco
Franco fue apoyado por el gobierno de los Estados Unidos a cambio de implantar
sus bases militares en nuestra patria. La dictadura se prolongó durante
cuarenta años.
La fallida ruptura democrática que dio lugar
a la Transición, afianzó en las estructuras del Régimen del 78 el fascismo que
imperaba en los aparatos del Estado, con especial virulencia en sus fuerzas
armadas.
El ejército no solo no fue depurado de
militares franquistas sino que se incluyeron sus exigencias en la Constitución.
Además, mediante su ley preconstitucional de “punto final” -llamada “Ley de
Amnistía”- quedaron impunes sus crímenes y se aisló y persiguió a los militares
que se oponían a la dictadura.
Un comandante y ocho capitanes demócratas
fueron procesados en consejo de guerra, expulsados y condenados a numerosos
años de prisión. Después excarcelados al comienzo de la Transición, pero no
amnistiados en aquellos momentos decisivos. Todos los que fuimos miembros de la
Unión Militar Democrática UMD fuimos sistemáticamente reprimidos y condenados a
un ostracismo interior, al quedar expulsados y no amnistiados nuestros
compañeros de lucha, con el comandante Luis Otero al frente.
El capitán de aviación José Ignacio
Domínguez, portavoz de la UMD en el exilio, fue también procesado y condenado
en consejo de guerra a su regreso a España, a finales de 1977, en plena
“modélica Transición”. Tampoco fue amnistiado en aquellos años, cuando era
evidente la necesidad de ello para asentar la democracia en unas fuerzas
armadas que procedían del nazi-fascismo.
Todos los que nos unimos activamente a la
lucha contra el franquismo en aquellos tiempos difíciles éramos conscientes de
que arriesgábamos, de un modo u otro, nuestras vidas y medios de subsistencia familiar;
etapa que se prolongó peligrosamente hasta la llegada del PSOE al gobierno en
1983. Nuestra acción pacifica, acompañando a los pueblos de nuestra patria que
clamaban por su libertad, fue duramente reprimida.
Con la llegada al gobierno de Felipe González
se inició el blanqueo de los militares fascistas, que fueron ascendidos y
promocionados a destinos de la máxima confianza, incluidos algunos responsables
del autogolpe del 23 de febrero de 1981. La única condición que se les exigió
para esa descarada promoción fue que estos no hiciesen declaraciones públicas
contrarias al gobierno. El colaboracionismo estaba servido; era ya un hecho
irreversible.
Nuestro país quedaba, pues, sometido a un
sistema monárquico-parlamentario que poco tenía que ver con las democracias de
nuestro entorno, en concreto con la de la República Portuguesa, que había
conseguido liberarse del cáncer del fascismo mediante la llamada Revolución de
los Claveles, en un luminoso 25 de abril de 1974.
Hoy, los civiles o militares que osan
denunciar la corrupción sistémica que el franquismo ha institucionalizado en la
vida pública y privada de la nación, son tratados con la misma saña con que lo
fueron nuestros viejos camaradas. Es el caso del joven teniente Luis Gonzalo
Segura, autor de Un paso al frente y Código Rojo, o de la valerosa funcionaria
Ana Garrido Ramos, cuya denuncia e informes han sido decisivos para la investigación
de la trama Gürtel.
Aquellas cadenas, impuestas por la
Constitución monárquica a los pueblos del Estado español, se han ido corroyendo
con el lento despertar ciudadano. Hoy en día la idea franquista de España “Una
Grande Libre”, bajo la infame bandera bicolor y los espantosos sones de la
marcha real -los mismos que en la genocida dictadura franquista- es sencillamente
insoportable.
De ahí que el Parlament de Catalunya y su
Govern haya decidido democráticamente consultar a su pueblo en referendum, pues
es evidente que no desean seguir vinculados al franquismo y sus herederos,
incluida la monarquía. Sin embargo, los cruzados nacional-católicos siguen
dominando peligrosamente, de una forma u otra, casi 80 años después, las
estructuras políticas del Estado español.
Algo habrá que hacer el día después.
Manuel Ruiz Robles, capitán de navío (R) de
la Armada, portavoz del colectivo de militares demócratas Anemoi, miembro de la
Junta Directiva de la Asociación Civil Milicia y Democracia ACMYR.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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