Lunes 27 de marzo, “La Opinión: Un café con Kim Pérez: hablamos de Sexo, Sexualidad y Género” por Judith Bosch

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Judith Bosch

A las 14:30 h. y R a las 19:30 h. La Opinión: Un café con Kim Pérez: hablamos de Sexo, Sexualidad y Género por Judith Bosch.

Kim Joaquina Pérez Fernández-Fígares nace en
Granada, en 1941.
Se licencia en Historia con Grado en 1968.
Es socialmente Profesor Encargado de Curso de
la Universidad de Granada desde 1968 hasta 1970. Y desde 1976 hasta 2006, es
primero Profesor y durante trece años Profesora de Ética y Filosofía en FP, ESO
y Bachillerato.
En 1995 se somete a la operación de reasignación
de sexo y desde 1993 es activista en la lucha por los derechos de las mujeres
transexuales.
Con Merche Camacho, consigue el reconocimiento
del colectivo como mujeres por el Centro de la Mujer de Granada, 1993.
Participa en las Jornadas Feministas Estatales,
Madrid, 1993, y en las de Córdoba, 2000, expone su ponencia “¿Mujer o Trans?”.
En las de Granada, en 2009, presenta la temática de Conjuntos Difusos.
Con Rosa Pazos, el colectivo pide una
declaración del Defensor del Pueblo Andaluz, 1998.
Con Carmen Molina, la Proposición No de Ley del
Parlamento Andaluz, en favor de los derechos transexuales, primera en España,
aprobada por mayoría, febrero de 1999.
Con Andrés de la Portilla, trabajan activamente
con todos los grupos parlamentarios por la Proposición No de Ley del Congreso
de los Diputados, aprobada por unanimidad, abril de 1999.
Con Carla Antonelli, Ley de Identidad de
Género, 2007.
Kim participa en la Ley de Identidad de Género
de Andalucía, 2014. Y es Cofundadora y presidenta de la Academia de Identidades
de Género.
Participa como coautora en las publicaciones
colectivas “Ser transexual”, “El género desordenado”, “Transexualidad,
transgeneridad y feminismo”, “Transexualidad, adolescencias y educación”,
“Coeducación”, “Universo trans”.
Es autora de los ensayos “Hipoandrogenia”;
“TSX-F”, y “Teoría de Conjuntos Difusos de Sexogénero”, es tratada ampliamente
en la tesis doctoral de Stef Barozzi, y” Pérez o Farfanes en Loja”, sobre su
familia judía secreta, 1492-1874, y autora de numerosas piezas inéditas en
verso.
Galardonada con el Premio Granada Entiende, de
Nos, 2000; Premio Hegoak, 2006; Mención Especial a la Militancia, Cogam, 2006;
Premio Pluma, FELGT, 2010, de la FELGT; una de los “Cien líderes de Granada del
siglo XXI”, 2011; y el Premio Adriano Antinoo, en la actualidad continúa
estrechamente unida al activismo, especialmente preocupada y ocupada en ayudar
a resolver los nuevos retos sociales que presenta la comprensión de las
identidades, realidades y limitaciones de la sociedad patriarcal del SXXI.
Necesitaba encontrarme con ella, hablar con
ella, mirarla a los ojos y sentirme en casa. Sentir en ella a una compañera en
la que confiar y de la que aprender.
Llevo unos meses bastante revuelta por dentro,
tratando de digerir realidades que no conocía hasta ahora y que me han generado
mucha confusión y mucha rabia.
Me da rabia que se hable tanto de feminismo
inclusivo. ¿Inclusivo por qué y con respecto a qué? ¿A quién tenemos que
incluir en el movimiento de liberación de la mujer? Resulta que la lucha
radical para que la socialización no nos convierta en la víctima perfecta no
basta, ¿no es suficientemente clara? Aquí a veces creo que existe un problema
de base, cuyo origen se remonta a las terminologías que empleamos. Hembra es
aquel ser humano nacido con aparatos reproductores que potencialmente la
capacitan para gestar críos. Mujer es el ser humano hembra que modela el
patriarcado para confiscar esta capacidad y además añadirle otras imposiciones:
sumisión, servicios domésticos, cuidados, delicadeza, imposturas pensadas para
complacer al hombre (depilación, pies pequeños, cintura estrecha, pestañas
gigantescas, tacones, ropajes de un estilo o de otro y un largo etcétera que va
cambiando según cambian las preferencias del hombre en cada momento o según se
tergiverse y denigre el significado de las modas que creamos nosotras, como
ocurrió en el caso de la minifalda). Cuando hablamos de la liberación de la
mujer, realmente estamos hablando de la liberación de la hembra. Hablamos de la
necesidad de romper el género femenino y de deconstruir por completo el
concepto mujer. Queremos liberarnos de los roles que ¿nos tocan por naturaleza?
Y un cuerno, es el género impuesto el que determina, a través de la
socialización femenina y las presiones e imposiciones sociales, que nos
alejemos de las ciencias, nos sintamos profundamente mal si no queremos tener
hijos, interrumpamos lo que estemos haciendo en cualquier momento para
satisfacer a cualquier otra persona y perdamos un arsenal de horas semanales en
peinarnos, ponernos cremas, maquillarnos, depilarnos, cuidarnos las uñas… ¿Es
esto ser mujer? Pues mira, sí. Esa es la mujer que ha diseñado el sistema
patriarcal. Por eso, no es raro que las compañeras transexuales acaben
abrazándose a todas esas imposiciones para reconocerse como mujeres. Hablo
ahora de lo que para mí significaba la realidad de las mujeres transexuales: la
contradicción interna que sufrían personas nacidas macho y conectadas
mentalmente con unos genitales de hembra y una sexualidad de hembra. ¿Qué era
una sexualidad de hembra para mí? Aquella que una experimenta a través de los
genitales de hembra y la manera en la que se establecen relaciones sexuales con
otros seres humanos hembras o machos. ¿Dónde quedan aquí la heterosexualidad,
homosexualidad, bisexualidad? En el lugar en el que deberían estar todas las
etiquetas: en la puñetera basura. ¿Qué ocurre? Que la socialización también
revienta nuestra libertad para vivir la sexualidad de manera libre y personal.
Si naces hembra, en la sociedad patriarcal global, has de consagrarte a
complacer sexualmente a los machos, todo lo demás es perverso y/o antinatural y
a eso se le llamó durante siglos sexualidad femenina. Naces hembra y el
patriarcado te convierte en una mujer lista para ser usada por los hombres. Los
hombres se apropiarán de tu cuerpo previamente modelado y te convertirás en
madre o en puta; en una dama delicada o en una mujerzuela; en aquella que
insinúa para conquistar despacio o en aquella que muestra para ser cazada
deprisa como un ciervo perseguido por lobos ¡Y te culparán por ello! Y serás
minusvalorada y juzgada, hagas lo que hagas; se te pondrá en evidencia por
taparte, por descubrirte, por maquillarte, por salir con la cara lavada, por
engordar, por envejecer, por negarte a pasar horas de tortura o no avergonzarte
de tu vello.
Aquí, en este punto, las compañeras
transexuales llevan siglos sufriendo la misma opresión que las mujeres nacidas
hembras. Además, han de confrontar la marginación que se cierne sobre ellas por
nadar contra corriente y haber elegido ser reas y no verdugos. Como si una
pudiera elegir, como si el sexo genital con el que te identificas y la
sexualidad fueran una cuestión de elecciones y no de tendencias y realidades
innatas.
¿El hecho de ser acosadas porque la sociedad
las lea como mujeres concierne a la lucha feminista? Por supuesto que sí. La
deconstrucción del modelo patriarcal de mujer y la liberación de las hembras
nos involucra a nativas y transexuales y de ahí han surgido siempre debates
profundos sobre la necesidad de tomar consciencia y dejar de asociar las
imposiciones y torturas masculinas a nuestro concepto de mujer. Todas nosotras
somos responsables de crear un concepto nuestro, basado en una socialización
igualitaria y la ausencia absoluta de presiones formales. A la mierda el
maquillaje si no lo quieres, a la mierda los tacones, a la mierda la
depilación. Y no me digas, jamás, que eres más femenina que yo por someterte a
estas torturas. ¿Eres más femenina según la feminidad creada por los hombres?
Sí. ¿Es ésta la feminidad que nos interesa a nosotras? No. ¿Entonces hablamos
de feminismo cuando discutimos sobre feminidad y atribuimos al género
cualidades naturales de las que carece? No; no hablamos de feminismo, nos
revolcamos en la pocilga patriarcal.
Por otro lado, siguiendo con el hilo de las
compañeras transexuales, ¿concierne al feminismo la lucha por eliminar
prejuicios sociales sobre las expresiones de individualidad y sexualidad no
normativas? No. Y no es no. La liberación de la hembra y la ruptura del género
femenino incluye todos los aspectos que atañen a este hecho: las obligaciones,
presiones, humillaciones estructurales profundas a la que se nos somete,
hayamos nacido hembras o seamos transexuales. Por eso, la transfobia, que es un
grave problema muy concreto, no debe ser asunto del feminismo y está bien que
no lo sea y que exista un movimiento llamado LGTBi en el que las compañeras
transexuales participan como grupo anexo y, con todas las personas que luchan
por los derechos de las expresiones individuales y la sexualidad no normativa,
presionen para que la sociedad cambie y ser transexual no implique marginación
y violencia extrema, de la misma manera que no implique marginación ni
violencia ser homosexual o bisexual. ¿Estos son asuntos concernientes al
feminismo y a la liberación de las hembras? Mira, no, y no pasa nada porque no
lo sean. Luchamos para no ser las eternas cuidadoras de todo el mundo y en esta
misma lucha otros movimientos con los que podemos compartir algunos objetivos y
enemigos: LGTBi, Movimiento Animalista, Movimiento Ecologista… se empeñan en
llamarnos malas feministas si no nos adherimos a ellos o los consideramos parte
de nuestra causa. Basta ya. Hasta el coño estamos de no poder siquiera llevar
de manera autónoma e independiente nuestro propio movimiento.
A todo ello se une el choque frontal que se
produce entre el feminismo radical y el transfeminismo que, basado en
interpretaciones de la teoría Queer, considera la identidad de género como algo
innato. Así, tranquilamente y sin despeinarse, tira al suelo todos los
postulados feministas que reivindicaban y reivindican la abolición del género.
¿Cómo podríamos abolir algo innato? En este punto recuerdo un comentario que
nos dedicó hace poco un individuo a unas compañeras que apoyábamos el tetazo de
las feministas argentinas: Sos mujer. Naciste sometida, vivirás sometida y
morirás sometida. La alegría que se llevará cuando lea por algún sitio que sí,
que tiene razón, que la identidad de género es innata; no la manipulación
patriarcal en la que se sustenta esa frase nacida en la Edad de Hierro.
Si quieres profundizar más sobre este choque
frontal y toda la polémica y daños que está generando en el movimiento
feminista radical, te aconsejo encarecidamente que leas el artículo Feminismo
radical VS Transfeminismo publicado por la Plataforma Anti Patriarcado a raíz
del cierre de su página de Facebook por denuncias masivas de transfobia
completamente injustificadas.
Por mi parte, concluyo esta larga introducción
y paso a trasladar los interesantes puntos en común que he desarrollado con Kim
Pérez a lo largo de nuestra charla:
Un poco de historia. ¿De dónde venimos?
Kim Pérez comenta: «Más que de matriarcado y
patriarcado, yo hablaría de matrilinealidad y patrilinealidad. La sociedad del
Neolítico, cuando las mujeres crean la agricultura, es matrilineal: la línea de
descendencia, que es segura, la marca la madre. Se sabe que los hijos son de su
madre y la madre, que está emancipada del varón, elige cómo criarlos y
educarlos. En la sociedad de la Edad de Hierro, de los nómadas herederos de los
cazadores, que son dueños de ganados, y edifican su sociedad sobre este modelo,
empieza a desarrollarse la patrilinealidad, para gestar la línea de
descendencia que es insegura, la del padre. Para asegurarse el control de los
hijos, los hombres tienen que asegurarse el de las madres; los hombres se
apropian de las mujeres y de sus cuerpos, que entienden como vasijas para
gestar su simiente». Otras fuentes convergentes, suman a esta visión la
aparición de los conceptos adulterio (vientre adulterado), primogénitos (hijos
del padre) y vástagos (hijos no reconocidos por el padre). Aquí el valor de la
mujer como individuo emancipado desaparece y en lo sucesivo se desarrollan
numerosas herramientas sociales que consolidan la creencia de que la mujer es
una cosa a disposición del hombre. Añado y estamos de acuerdo: «Las
construcciones de género son poderosas herramientas que colocan a los hombres
en un estatus superior al de las mujeres y este estatus se lee y se palpa en
todos los ámbitos a través de la normalización de roles, conductas y aspectos
claramente diferenciados. Las mujeres son educadas desde la infancia para
servir, complacer, agradar, ser sumisas y ser elegidas por un varón que las
dignifique. Los hombres son educados para tener metas propias, generar valor
social con inventos y creaciones propias y elegir a una mujer que perpetúe sus
genes (esta mujer le proporcionará al hombre cuidados y apoyo en el desarrollo
de sus objetivos individuales y también le proporcionará hijos). Estas
creencias y mecanismos sociales aberrantes se han perpetuado a lo largo de los
siglos. El movimiento feminista lleva 300 años en vigor ininterrumpido y
reconocido históricamente, pero apenas ha conseguido algunos logros que,
comparados con la esclavitud de la que procedemos, se consideran mucho más
importantes de lo que realmente son. De manera que, hoy en día, las mujeres
seguimos siendo mutiladas, agredidas brutalmente y asesinadas en muchos países,
por el solo hecho de nacer mujeres. En la sociedad occidental, por el solo
hecho de nacer mujeres, seguimos siendo mercancías de la industria del sexo y
el alquiler de vientres. Seguimos siendo consideradas mano de obra de trabajo
doméstico y cuidados, propiedades de nuestras parejas que nos recluyen o nos
matan. Seguimos siendo invisibles en el campo de las ciencias y los deportes, y
nuestra presencia en política y dirección de empresas es insultantemente minoritaria.
¿Por qué? Pues porque, entre otros asuntos, la educación infantil igualitaria y
la socialización igualitaria avanzan a pasos muy cortitos y esa es una realidad
que debemos asumir, afrontar y cambiar. Actualmente, siguen existiendo hombres
sociales y mujeres sociales. Seguimos creyendo que la lectura social de
nuestros cuerpos no es impuesta sino natural y, en este contexto, confundir el
género (constructo social completamente adquirido e impuesto) con el sexo
(biológico, azaroso e innato), no nos hace progresar sino retroceder»
¿Por qué confundimos el género con el sexo y
qué consecuencias tiene?
Kim me comenta: «El ser humano es
tridimensional, tiene un sexo con el que nace; una sexualidad, que es la
conducta derivada del sexo, referida al cortejo, el emparejamiento y la
crianza, compartida con los animales y que se desarrolla a medida que conoce y
reconoce su sexo y establece relaciones sexuales con otros seres humanos; y un
género, que es social y adquirido y atañe a la conducta social, actualmente aún
diferenciada por sexos, masculina y femenina». De otras fuentes convergentes se
puede colegir que, en un contexto en el que prevalece el individualismo y se
nos trata de inculcar que somos capaces de crearnos a nosotras y nosotros
mismos, es relativamente sencillo caer en pensamientos que se alejan de las
ciencias y los razonamientos humanísticos y abrazan filosofías postmodernas más
dadas a encontrar respuestas que a analizar realidades y formular preguntas.
Añado y estamos de acuerdo: «El hecho de que no podamos mantener esa
normalización guiada que nos separa en mujeres sociales y hombres sociales y
que existan tantas personas reivindicando identidades no normativas, quiere
decir que esta separación, pero sé, es aberrante. No quiere decir que exista un
menú de géneros que no estemos teniendo en cuenta, sino que la propia
construcción del género es antinatural y dañina. ¿Cómo seríamos si no se nos
educara y programara para ser hombres o mujeres sociales? Seríamos el reflejo
de nuestra esencia personal, nuestro carácter y nuestras elecciones, que se
integrarían y retroalimentarían en el marco de una sociedad no sexuada. Esto
es, poniendo ejemplos simples y superfluos: un hombre podría llevar vestidos,
tacones y fumar pitillos rosas sin dejar de considerarse hombre ni tener ningún
tipo de crisis de identidad, así como una mujer podría llevar vaqueros anchos,
camisas a cuadros y el tatuaje amor de madre en sus biceps de gimnasio sin
dejar de considerarse mujer ni tener ningún tipo de crisis de identidad.
Las consecuencias de considerar el género como
algo innato y confundirlo con el sexo llevan consigo el desarrollo y aceptación
de identidades no normativas que no tienen lugar de ser, ya que lo natural es
que no exista ningún tipo de identidad normativa. Lo natural es librarnos de
etiquetas y ser quienes somos sin limitaciones sexistas ni más constructos de
género que reajusten el sistema patriarcal en lugar de romperlo.
Lo peor de todo, es que estamos educando a la
infancia en tratar de encajar dentro de ese menú de etiquetas y esto tiene
consecuencias fatales a largo plazo. Estamos diciendo que hay conductas
femeninas y masculinas, recogidas en un menú de géneros. Todo por no tener
valor de decir: la socialización por sexos es aberrante, quitémonos esto de
encima, seamos nosotras y nosotros mismos. Parece como si no tuviéramos valor
ni consciencia para ir a la raíz del problema; parece salirnos más rentable
decir, en lugar, que el sexo es también una construcción social y es el género
lo que prevalece y marca la identidad de las personas. Si el sexo es una
construcción social y el género es lo que se toma como referencia para el
desarrollo identitario de las personas, ¿qué es entonces una mujer? ¿Ya no es
la hembra a la que la sociedad patriarcal ha metido dentro de una construcción
de género que la oprime y la limita? ¿Entonces qué es?
La lucha feminista pierde su valor y su sentido
en esta nueva dimensión en la que nacer hembra parece no tener la mayor
relevancia. Y por supuesto que nacer hembra es determinante. Nacer hembra
significa violencia, mutilación, explotación sexual, rituales de
desfloramiento, negación a la formación lectiva, limitaciones para acceder a
multitud de ámbitos profesionales y un largo etcétera que no se soluciona
diciendo Eres retrógrada, ser mujer no tiene nada que ver con eso, ni naces
mujer; naces y luego elijes que quieres ser. No, perdona, no sé cómo funciona
en Matrix; en la Tierra, naces hembra y por nacer hembra la sociedad te mete en
una cajita que se llama género y te convierte en mujer. A eso se refería
Beauvoir cuando decía La mujer no nace, se hace. La frase completa de Beauvoir
es: La mujer no nace, se hace. Ningún destino biológico, físico o económico
define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la
civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el
castrado al que se califica como femenino. Esto sigue siendo así, es la base de
la sociedad patriarcal en la que vivimos, y esto hay que deconstruirlo y no
vamos a cambiar nada si nuestro punto de partida es negar la realidad».
3. ¿Qué importancia tiene la sexualidad en este
contexto y por qué debemos sumar fuerzas para que la educación infantil incluya
el conocimiento y reconocimiento de la sexualidad?
Hay una fotografía que se viralizó hace poco en
Facebook, en la que aparece una persona vestida con los colores de la lucha
LGTBi y lleva un cartel que dice: «¿Es niña o niño? No sé, todavía no habla».
Esta fotografía sublima el pensamiento postmoderno hasta límites que sobrepasan
el absurdo. Ese ser humano al que hace referencia la fotografía, que puede ser
cualquier ser humano que nazca en estos momentos, nacerá hembra o macho y esto
es un hecho, no es filosofía y, si seguimos invocando a los dioses de la
identidad postmoderna y no cambiamos nada de nuestro entorno, ese ser humano, a
lo largo de su infancia, no elegirá una mierda. Si tiene poca suerte y nace
hembra en china, por ejemplo, puede que ni siquiera tenga oportunidad de vivir.
Si tiene más suerte y nace en occidente, probablemente nazca en un entorno
familiar que le perfore los lóbulos a los pocos días, por ser hembra y, según
sea hembra o macho, la vistan de rosa o de azul, le pongan falda o pantalones,
le den muñecas para jugar o puzzles, le animen a estudiar ciencias o
secretariado, la eduquen para hacerle la cama a su hermano o para levantarse de
la mesa y no tener otra obligación distinta a la de jugar mientras su hermana
recoge los platos. Y estos rituales de normalización, que en el caso de nacer
hembra serán rituales de sumisión/subordinación (feminidad), se prolongarán
durante toda su trayectoria vital hasta que llegue un momento en el que esta
persona crea que ha decidido su identidad y cada paso que ha dado en la vida.
¿Qué más puede ocurrir? Este ser humano, puede
nacer niño y, conforme vaya explorando su sexo y su sexualidad, sentir una
desconexión profunda entre sus genitales y su mente. Esto es anómalo. ¿Qué
significa? ¿Significa que es malo? No, significa que no es óptimo ni deseable.
¿Por qué? Pues porque en tal caso, el niño, para sentirse pleno, tendrá opción
de seguir un tratamiento hormonal y una operación genital y estos procesos no
son deseables. Las hormonas no son Ceregumil Ginseng ni vitaminas. No; no son
salud. Son necesarias para personas que nacen con un sexo con el que no se
identifican y necesitan transitar para sentirse plenas. Así que el niño, cuando
hable, si tiene la suerte de no haber sido condicionado por los rituales y
programaciones de socialización antes mencionados (asunto que hoy día es
quimera), te dirá: «No me siento bien explorando mis genitales, no forman parte
de mí. Soy una niña». El sexo existe y forma parte de lo que somos, la
sexualidad existe y a través de ella reconocemos nuestro sexo y nos
relacionamos sexualmente con otras personas. Las personas tienen que contar con
el derecho de sentirse bien con sus cuerpos y desarrollar una sexualidad sana
acorde a lo que necesitan y experimentan a través de sus cuerpos. De la misma
manera, tienen derecho a ser, sin que la sociedad tradicional ni ningún tipo de
pensamiento postmoderno trate de encasillarlas desde que nacen.
Recordamos, como referencia y representación de
lo que ocurre cuando confundimos sexo y género, que actualmente existen hombres
identificados y conectados con sus genitales masculinos, con una sexualidad
plena a través de estos genitales, pero que se niegan a ser leídos como hombres
tradicionales: reivindican su derecho a tener nombre de mujer y ser mujeres
sociales (llevar vestidos, tacones, etc). Es relativamente sencillo, en un
entorno que les niega su forma de entender la masculinidad, que directamente
repudien lo masculino y se consideren mujeres. En lugar de reivindicar una
nueva masculinidad exenta de tópicos y límites sociales, en la que ser hombre
no signifique tener una conducta determinada ni elegir un aspecto determinado,
reivindican que se les considere mujeres y que se les incluya en la lucha
feminista. Y de esta realidad nos vamos a casos extremos como el que representa
Danielle Muscato, que no solo considera que para ser mujer habiendo nacido
hombre, no haga falta transitar ni someterse a ningún proceso de hormonación u
operación, es que ni siquiera se molesta en afeitarse. Y con su barba, su traje
de chaqueta y sus dos cojones, nos dice que es mujer y que la tenemos que
considerar transfeminista porque además sufre la misma opresión que cualquier
mujer trans.
Kim me comenta: «Vivimos tiempos difíciles y
olvidar que actualmente, como concepto, siguen existiendo hombres sociales y
mujeres sociales; esto es, personas que, por su aspecto y su conducta, son
leídas como hombres o mujeres, o no son leídas, por problemas solo de imagen,
nos dificulta la comprensión de lo que somos, las medidas que necesitamos tomar
para liberarnos y, todo, nos lleva a confundir identidades y realidades
individuales con luchas y realidades colectivas. La realidad de las mujeres
transexuales es muy compleja, pero también concreta en cuanto a los parámetros
que tomamos para entenderla: somos personas nacidas con una genitalidad masculina
y con una mente que no conecta con la genitalidad masculina sino con la
femenina. Este fenómeno puede entenderse como un aspecto más de la realidad
intersexual y sí, efectivamente, para sentirnos plenas, necesitamos transitar y
cambiar varios de nuestros aspectos biológicos. Mezclar este hecho con otro
tipo de fenómenos que pone de manifiesto la influencia de los roles sociales en
las necesidades identitarias, es decir, hechos de género, invisibiliza nuestra
realidad, nuestra necesidad de transición de sexo, y confunde a las personas».
Y continúa con esta reflexión: «Las trans
operadas o en transición hormonal han demostrado al máximo que no están en el
lado de los hombres. No quieren tener una sexualidad corporal masculina y saben
con orgullo que no pueden. Tienen vagina, aunque sea una neovagina, no echan de
menos ninguna función corporal, porque es probable que ciertas experiencias o
ciertos circuitos cerebrales ajusten bien con esta forma. Las mujeres de
nacimiento pueden compartir con ellas una gran parte del camino, aunque otra
parte del camino, la relativa a la lucha contra los prejuicios sociales, tiene
que desarrollarse por separado.
En cuanto al sexo y la sexuación, es
fundamental que se sepa que las mujeres y los hombres forman partes separadas
dentro de un mismo continuo de androgenia, que debía ser llamada de sexogenia,
por generar las formas del cuerpo, la acometividad y la libido. En efecto, las
proporciones de la también llamada testosterona, que en las mujeres surge sin
proceder de los testículos, son de cero nanogramos por mililitro de sangre a
nueve con cinco en la mayoría de las mujeres; luego viene un hiato, y de
treinta a ciento veinte en la mayoría de los hombres. Pero el hiato es
importante porque en él se encuentra una minoría real de seres humanos que no
corresponden a la mayoría de las mujeres ni de los hombres.
Como estas proporciones tienen que ver también
con la muscularidad y ésta con el deporte, el Comité Olímpico Internacional ha
decidido en 2016, ante la necesidad de integrar a estos seres humanos, poner la
separación entre ambas categorías en 10 nanogramos/ mililitro,
independientemente de que se sea hombre o mujer de nacimiento u hombre trans o
mujer trans».
Con otras fuentes convergentes se puede añadir
que las personas que se sienten identificadas con sus genitales masculinos y
viven una sexualidad plena a través de su genitalidad masculina y su sexo, no
necesitan escuchar que son mujeres; necesitan luchar por una masculinidad libre
de roles sociales impuestos y esta lucha también es interesante y necesaria.
Cuando escuchan que son mujeres y se aferran a la necesidad impuesta de ser
consideradas mujeres, viven un desorden mucho mayor, al repudiar como innatos
unos caracteres conductuales, asociados al concepto tradicional de
masculinidad, que son puramente sociales y que pueden cambiarse.
Vivimos tiempos de confusión y compartir nos
libera y nos centra. Esta charla se ha desarrollado desde el respeto y la
admiración mutua, el diálogo como camino de análisis y formulación de
interrogantes, la razón humana y la necesidad de conceptualizar algunos de los
conflictos internos que vive actualmente la lucha feminista. Esta charla no
parte de ningún sentimiento de rechazo ni de odio, y tratar de confundir debate
con fobia es una burla a la inteligencia humana. Por favor, no sigamos por ese
camino. Sigamos dialogando.
Espero hablar más de Kim en otras ocasiones.
Quiero acabar este artículo con algunas frases suyas que me han resultado
especialmente inspiradoras y reveladoras para estos momentos que vivimos:
«La liberación trans es una liberación
feminista cuando es la liberación de lo femenino en cuerpos masculinos que
dejan de serlo».
«La postura de una madre o padre ante un menor
intersexual debe ser ir detrás, dejándole entrar en todas las puertas y salir
de las que quiera, evitándole golpes y dejándole decidir su propio itinerario,
que puede ser diferente del que la madre o el padre suponían».

«El ser humano necesita vivir en la verdad. Si
bien buscar la verdad no implica encontrarla, renunciar a ella no nos hace
mejores ni más abiertos; nos lleva irremediablemente hacia el absurdo y el
sinsentido».
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