Lunes, 26 de junio. “Yo fui torturado por “Billy El Niño”

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La opinión por José Luis Úriz.
Yo fui torturado por “Billy El Niño”
Yo fui torturado por José Antonio González
Pacheco, alías Billy El Niño en 1969, fue en mi época de lucha anti franquista,
en la que militaba en el PCE en sus dos vertientes, la sindical a través de
CC.OO. de Artes Gráficas, y estudiantil, en la Escuela de Telecomunicaciones de
la Complutense. En aquel tiempo se estaba discutiendo el Estatuto para la
Politécnica, y la izquierda lideró esa lucha, yo era representante de Teleco, y
después de una reunión clandestina en Caminos, al salir camino del autobús, paró
bruscamente un Seat 124 negro a mi lado, supe enseguida qué suponía aquello,
bajaron dos policías de la Brigada Político Social, uno de ellos era “Billy el
niño”. Creo que nunca se borrará de mi mente aquella cara. Ahora la he vuelto a
ver de nuevo al saber que una jueza argentina pide su detención y
enjuiciamiento, vuelven a mí los recuerdos de aquellos interminables días en la
DGS, en la Dirección General de Seguridad de la Puerta del Sol. Aquel tétrico
edificio que aún me da escalofríos al pasar delante, por más que ahora sea la
sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid.
En el camino unas cuantas, muchas, hostias,
casi todas venidas de Billy, especialmente cuando me quejé de que las esposas
me hacían daño, y el aviso de lo que sería después. Reconozco que no fue miedo
lo que sentí, quizás porque mis convicciones ideológicas eran tan profundas que
estaba preparado para ello, era una mezcla de rabia, impotencia, e
incertidumbre. Luego recuerdo que ya en la tenebrosa celda mi única inquietud
era que mi madre estaría preocupada porque no llegaba a casa, y así era porque
en aquel tiempo cuando te detenían desparecías. Menos mal que mi novia de
entonces, que también militaba en el PCE en Standar, imaginaba dónde podía
estar y se lo advirtió ya de madrugada, por eso acabaron las dos en la DGS
descubriendo que me encontraba allí después de recorrer todos los hospitales de
Madrid.
En ese lugar, en mí soledad, me preparé para lo
que venía, había leído las instrucciones que nos daba mi partido, y por nada
del mundo podía dejar de dar la talla, ni podía, ni debía “cantar” nada, porque
de eso dependían otros camaradas, y aguanté, aguanté duro, y quizás el aguantar
entonces me haya hecho la persona que soy. Quizás en aquellos días, y en los
que vinieron posteriormente en nuevas detenciones se forjó mi acero, me curtí
definitivamente, quizás me prepararon para aguantar los envites de la vida. Por
eso ahora al ver su cara, al recordar sus interrogatorios, sus “métodos”, la
piscina, la bolsa, los siento aún en mis carnes, en mi memoria y me repugna aún
más la tortura. Desde aquí alzo mi voz contra ella, más aún si se llegara a
practicar desde instituciones del estado.
Cuando Billy “actuaba” dando fuertes golpes en
mi nuca situado justo detrás mía y uno de sus compañeros le decía “ten cuidado
que se te va a ir la mano otra vez y lo vas a matar”, resuenan esas palabras en
mi mente, las heridas se reabren, y las recuerdo como si fueran ahora, y cuando
él respondía cínicamente “no importa, hacemos como con Ruano, lo tiramos por la
ventana y decimos que se quería escapar”, rememorando así la muerte de otro
compañero de lucha Enrique Ruano supuestamente asesinado unos días antes en los
interrogatorios y luego lanzado por una ventana para disimularlo .
Pienso en Enrique (en la foto), en todos los
Enriques que dejamos por el camino, en los abogados de Atocha, donde las
casualidades de la vida también hicieron cambiar una reunión del PCE de Artes
Gráficas que teníamos allí ese día, quizás el destino me quería llevar hasta
hoy, para escribir estas líneas, que son, que quieren ser un homenaje a quienes
lucharon codo con codo conmigo.
Hoy estamos en otro tiempo, pero esta tarde
otoñal recuerdo aquellos momentos, aquellos días, aquellos interrogatorios
crueles, aquellas gentes, con sensaciones profundas, muy profundas, y alguna
lágrima asomando por mis ojos, ahora que he recuperado mi capacidad para llorar
de emoción. Veo a quien fue mi abogada de entonces: Cristina Almeida con la que
luego me unió una gran amistad.
Quizás lo que me está ocurriendo ahora,
escribir estas líneas, sea consecuencia de ese despertar al sentir, que es como
despertar al vivir y solo espero que a esa persona, que ahora conozco vive en
Madrid porque pensaba que estaba desaparecido en un país latinoamericano, tenga
al fin lo que se merece.

Animo al hilo de la solicitud de la jueza
argentina a que todas aquellas personas torturadas por él alcen su voz alta y
clara, que perdamos el miedo y el silencio.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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