Lunes, 12 de junio. “La desaparición del Popular ¿secuela o preaviso?”

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La desaparición del Popular ¿secuela o
preaviso?
por Pedro Montes – economista.
El oscurantismo que domina todo el mundo
financiero, y en particular en el sistema bancario por la simple razón de que
si se desata el pánico sobre una institución su hundimiento puede ser casi
inmediato con la retirada masiva de depósitos, impide desentrañar en
profundidad lo ocurrido al banco Popular y la forma en que las autoridades
monetarias europeas (la Junta Única de Resolución del BCE, otra entrega de
soberanía) y españolas han resuelto este nuevo grave incidente.
Todo indica que el banco Popular estaba en
quiebra, esto es, el valor de sus activos, unos 150,000 millones de euros, era
insuficiente para  hacer frente al
volumen de sus pasivos, constituidos fundamentalmente por los depósitos, unos
115,000 millones de euros, deudas con otras entidades de crédito, unos 15,000
millones, y los recursos propios, unos 10,000 millones. Implicado excesivamente
en la actividad inmobiliaria, los créditos fallidos hipotecarios, el susodicho
“ladrillo”, e inversiones exageradas en el suelo, habían degradado de modo
continuo su balance. Nada nuevo en lo que ha sido la crisis financiera desde
que estalló la crisis de las hipotecas “subprime” en Norteamérica, que arrastró
a todo el sistema financiero internacional y por extensión al sistema
financiero español a un período de enormes convulsiones, cuya superación dista
de estar resuelta.
El banco Popular estaba herido de muerte, su
solvencia en entredicho, y de ahí a desencadenarse una situación de falta de
liquidez había un paso en cuanto la desconfianza de los clientes en la
recuperación de los depósitos se hizo realidad. Un desenlace traumático, pero
nada novedoso en lo que representa la cadencia de los acontecimientos de la
quiebra de un banco, en este caso relativamente importante en nuestro país,
pues se trataba de la quinta institución bancaria por su balance.
El llamado “agujero” resulta de muy difícil
precisión, y cabe estimarlo en unos 17,000 millones de euros si se acepta la
solución dada que elimina de un golpe todo el capital propio de la entidad, que
podrían ser unos 10,000 millones el 6 de junio, y exigirá al banco de Santander
una emisión de acciones por unos 7.000 millones de euros para afrontar la
adquisición que ha llevado a cabo. Datos no desdeñables y relevantes, pero
desde luego nada equiparable a lo que han sido otras graves crisis de otros
bancos desde 2008, cuando la quiebra del banco de inversiones Lehman Brothers
supuso 700.000 millones de dólares. Por las cantidades implicadas, todo permite
pensar  que cabían otras posibilidades de
solución, como hubiera sido inyectar liquidez al banco -recuérdense los 25.000
millones que costó Bankia o el tratamiento que se pretende dar a otros bancos
en dificultades en Italia-, o distribuir los costes de la quiebra de un modo
distinto, como podría haber sido valorar las acciones del banco Popular por un
precio distinto de cero y matizarlo por tramos de propiedad.
Caben todas las especulaciones sobre lo que se
ha pretendido hacer con el banco Popular y los intereses que han entrado en
juego a la hora de liquidarlo, que han debido ser muchos por la jugosa
depredación. En todo caso, además, siempre quedaba  abierta la oportunidad de que el propio
Estado con una intervención decidida se hubiera hecho cargo, con un coste
mínimo,  de una parte significativa del
sistema crediticio, haciendo realidad lo que en muchos programas políticos se
anuncia de reconstruir una banca pública xxxxx. Es tal el retroceso ideológico
de la sociedad y de la izquierda con el neoliberalismo que ni cuando surgen
conmociones de este tipo se recuerda que históricamente la aspiración de una
banca pública poderosa ha sido una reivindicación, incluso una práctica, común
en otros tiempos.
Desde luego, el tema del Popular no está
cerrado, aunque se pretenda por parte del gobierno darle carpetazo formalmente,
por los perjuicios causados a unos 300.000 accionistas, y las irregularidades
que de nuevo se han cometido, permitiendo o facilitando ampliaciones de capital
con informaciones falsas sobre la situación financiera real del banco,
incluidos los famosos análisis de estrés europeos.  Las instituciones reguladoras y de control no
sólo es que miran para otro lado haciendo caso omiso de sus responsabilidades,
sino que alimentan las estafas financieras que se fraguan al amparo de la
ignorancia y opacidad que cubren el mundo financiero.
Crisis pasada o futura
Desde el punto de vista político general, la
cuestión clave que plantea el caso singular del banco Popular es si se debe
inscribir en la estela de la gran crisis financiera padecida desde 2008 o si,
por el contrario, es un relámpago anunciador de otras peligrosas tormentas por
llegar. Mi opinión es que están pendientes enormes convulsiones y episodios de
emergencia, a partir de tener en cuenta la situación de nuestro país como la
más general de la situación financiera mundial.
Toda la seguridad propagandista que emite el
gobierno sobre la solidez y solvencia del sistema financiero queda en
entredicho por lo que ha ocurrido con el Popular, que ya se extiende a otras
entidades, como es el caso de Liberbank. Los datos son imprecisos, pero se
sigue reconociendo que los bancos siguen ocultando en sus balances decenas de
miles de millones de activos tóxicos inmobiliarios, quizás algunos centenares
de miles, que aún no han digerido a pesar del entramado institucional que se ha
creado para aliviarlos de la carga destructiva que representan.
Por otra parte, todo el sistema bancario ha
gozado en los últimos años de una evolución excepcional determinada por ser el
canal fundamental por el que el Estado se ha financiado emitiendo cientos de
miles de millones de euros hasta alcanzar la deuda pública el 100% del PIB y
por el que el BCE ha inyectado liquidez a la economía con respaldo de esa
deuda. Un circuito extraño, beneficioso para la banca, generado en un contexto
tipos de interés del BCE mínimos, o nulos, que tarde o temprano tendrá que
acabar. Si la crisis de los bancos ha puesto en jaque al Estado hasta aquí,
será el endeudamiento que ya alcanza el Estado el que ponga en jaque el
equilibrio de los bancos ahora.
Alardear de que los contribuyentes quedan
descargados de los costes de intervención en el caso del Popular no se
compadece con el hecho de que el Estado ha gastado en el mantenimiento del
sistema financiero x decenas de miles de millones de euros que y es una osadía
X porque aún no se sabe cómo acabara esta historia. Por no referirse al
endeudamiento general que padece toda la economía española, incluidos los
pasivos exteriores, por la que se convierte en uno de los países más
vulnerables del mundo.
Convendría no olvidar que al final de 2016,
después de 8 años de crisis, quiebras y reajustes financieros, los pasivos
entre las empresas, las instituciones financieras, las Administraciones
Publicas y los Hogares ascendía a 7,8 billones de euros, a los que sumar otros
2,6 billones de pasivos con el exterior de esos agentes. En 2009, esas cifras
eran respectivamente de 7,7 billones y 2,3 billones, dejando de manifiesto que
la carga explosiva del endeudamiento sigue intacta, e incluso algo más
peligrosa por el aumento de los pasivos con el exterior.  
Pero más importante aún. Destacados y solventes
analistas vienen anunciando la proximidad de otra crisis financiera mundial
cuya intensidad, sostienen, superará la que hemos conocido recientemente. Las
propias instituciones financieras internacionales deslizan sutilmente su
preocupación por la situación existente. Como se sabe, la práctica de inyectar
liquidez en cantidades desorbitadas por parte de la FED y el BCE ha sido el
medio para detener la consecuencia incontrolada de la crisis. La liquidez
generada ha detenido su propagación, pero al mismo tiempo ha multiplicado los
riesgos de que sobrevengan convulsiones más graves. Si ello ocurre, por los
múltiples factores de inestabilidad existentes, incluidos los políticos, no
cabe pensar que el sistema financiero español quedará indemne, puesto que, como
se ha resaltado, la economía española en términos de su endeudamiento global no
se ha corregido, manteniendo todo el sistema una vulnerabilidad muy elevada.
Después de todo, se admite que la evolución
entre los flujos financieros de la economía globalizada y los flujos de
intercambios reales de bienes y servicios han cobrado una desproporción
disparatada e insostenible, cualesquiera que sean las comparaciones. Como la
evolución del volumen de los activos y pasivos financieros mundiales no guarda
relación alguna con el crecimiento del PIB real del mundo. La economía
productiva opera dentro una burbuja financiera que tendrá que desaparecer antes
de que el capitalismo pueda normalizarse y emprender otra fase. Se ha de
destruir mucho capital ficticio y especulativo para sanear economías, pero eso
no acaecerá sin grandes traumas, tensiones y conflictos.

El caso del banco Popular nos pone un ejemplo
perfecto de lo que tendrá que ocurrir: de la noche a la mañana todos los
poseedores de acciones y bonos convertibles del banco han perdido todo su
capital. Generalizar los problemas y angustias que sufren los afectados por la
crisis del Popular nos puede servir de imagen de lo que está por suceder a otra
escala.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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