Lunes, 11 de septiembre. “Una interpretación del cuadro Guernica. ¿Pasión y Terror? O algo más”

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La opinión por José Miguel Sierra. Vocal de Unidad Cívica por la República (UCR


Una interpretación del cuadro Guernica. ¿Pasión y Terror? O algo
más



El octogésimo
aniversario de la creación del Guernica ha ocasionado que el Museo Reina Sofía
haya diseñado una exposición sobre la creación del cuadro a la que le ha dado
el título de Pasión y Terror.

Cabe preguntarse
el porqué del nombre Pasión y Terror, ¿define la intención del artista al
pintarlo o el contenido que se quería tuviese en su concepción? El juicio que
los organizadores de la exposición quieren transmitir a los visitantes es que
Picasso quiso expresar en el lienzo unas abstracciones como la pasión y el
terror, pero debemos preguntarnos si se ajusta al contenido del cuadro unos
conceptos tan abstractos o no.

Remitiéndonos a
Kant, éste dividió en su Crítica del Juicio a los juicios que hacemos en
estéticos y lógicos. Entre los juicios estéticos incluyó todos aquellos
derivados del gusto. En sus palabras

“El juicio del
gusto no es, pues, un juicio de conocimiento; por tanto, no es lógico, sino
estético, entendiendo por éste aquel cuya base determinante no puede ser más
que subjetiva”

Frente al juicio
estético Kant opuso el juicio lógico que es el basado en el conocimiento del
objeto. El juicio lógico no atiende a apreciaciones subjetivas sino que
procura, partiendo de los datos que poseemos, interpretar la realidad del
objeto con el fin de aumentar nuestros conocimientos. Pero los comisarios de la
exposición han parecido optar por orientar al visitante hacia una
interpretación estética.

Como ya hemos
dicho la interpretación estética no añade conocimiento y al ser completamente
subjetiva cada individuo puede tener y de hecho tiene la suya propia.
Conocer cualquier
objeto exige profundizar en su conocimiento y su interpretación lógica, el
juicio lógico kantiano, solo es admisible si tiene en cuenta todos los datos
que sabemos del objeto y no entra en contradicción con ninguno de ellos.

Hecha esta
pequeña introducción cuya única finalidad era fundamentar el rechazo al título
de Pasión y Terror por desdibujar el conocimiento de lo que es el Guernica
intentaremos, con los datos que poseemos, construir una interpretación lógica.

En primer lugar
debemos entender que una pintura es, en cierto modo, un lenguaje sin gramática,
sin reglas para su comprensión unívoca, pero que tiene tantos significados como
espectadores lo vean. Lo que no significa que cualquier interpretación sea
igual de válida, sino que será tanto más válida aquella que más se ajuste a los
datos que poseemos de los motivos de la composición, de la finalidad del
artista, de la finalidad de los que encargaron la obra, del contexto cultural
en los momentos de la creación y, por último, ¿para qué se hizo y dónde iba a
exponerse?

Picasso sabía que
un cuadro tiene que transmitir un juicio a cada espectador y que cada
espectador haría su interpretación. Respetando al espectador, Picasso, nunca
dio una explicación completa del cuadro. No obstante dio, como veremos dos
datos cruciales para entenderlo.

El contexto
histórico del cuadro es bien conocido, pero pocas veces citado en profundidad.
En 1937 hubo en Paris una exposición internacional y, como es natural, la
organización del pabellón español le correspondió al Gobierno de la República,
que quiso aprovechar la ocasión para convertir su pabellón en lugar de denuncia
de la agresión fascista al pueblo español. Por cierto los sublevados también
montaron su propaganda en la exposición pues el Pabellón del Estado Vaticano
cedió la mitad de su superficie a la Junta Militar de Franco para que expusiera
sus obras artísticas.

El contraste entre
las dos exposiciones resulta en cierto modo paralela a la que en las mismas
fechas, verano de 1937, organizó el III Reich en Munich para confrontar el arte
degenerado (las vanguardias artísticas) con el arte germánico de pura raza
aria. En Paris el contraste se dio entre el arte republicano y el
nacionalcatólico.

El pabellón
republicano se nutrió de obras de Picasso con el Guernica, Miró con El pages
catala i la revolucio, Julio González con su escultura de la Monserrat, entre
otros. El pabellón franquista tuvo su pieza principal en una pintura del pintor
Josep Maria Sert titulada Altar dedicado a la intervención de Santa Teresa en
favor de la cruzada… ¡Toma ya! ¡Un título con los copones bien puestos!

Para la
exposición el gobierno de la República encargó a Picasso un gran cuadro que
fuera la estrella del pabellón y sabemos que le temática del cuadro tenía que
expresar la agresión fascista a la República Española y la resistencia al
fascismo del pueblo español que afrontaba casi inerme la lucha contra los nazis
alemanes, los fascistas italianos y a los autóctonos falangistas, requetés,
cedistas y monárquicos españoles.

El pueblo español
defendiendo la República, su democracia, sin más armas que sus manos contra el
poderoso y brutal fascismo europeo. Ese es el tema del cuadro, simbolizado en
la espada rota y las grandes manos de las figuras, y cualquier otra
interpretación que no la tenga en cuenta estará desenfocada siendo más un
juicio estético de gusto que no de conocimiento lógico de la obra, cuando no un
intento de ocultar su verdadero significado. Claro que como veremos el Guernica
transciende en su significado el motivo original alcanzando un significado
universal.

Si nos atenemos
al contexto de la sala en que se exhibió el cuadro por vez primera encontramos
algunas claves para la interpretación de la obra. Dentro del pabellón el cuadro
se exhibió en una sala rectangular bastante amplia y con bastante altura,
colgado a cierta altura en una de las paredes menores del paralelepípedo
disponiéndose para su contemplación de varias filas de butacas paralelas
enfrente del cuadro. La disposición es obvia, el Guernica se mostraba como la
proyección de una película en una sala de cine; lo que nos aclara dos
cuestiones: el tamaño del cuadro y que éste haya sido pintado como grisalla,
forma de pintar muy inusual en Picasso. Incluso el tono no es exactamente gris
sino un gris azulado que imita el tono de las películas en blanco y negro de la
época.
La idea del
cuadro es presentar un documental pintado sobre la agresión fascista al pueblo
español y recurre a una hiperexpresión en las formas y caras de las figuras
pues al igual que en una película muda busca expresar con el gesto la palabra,
el grito.

Sabemos que
estaba trabajando en la idea del cuadro cuando el 26 de abril de 1937 Guernica
fue bombardeada por la aviación alemana. El hecho fue conocido
internacionalmente y fue un escándalo ya que era el bombardeo de una población
civil inerme por la aviación militar de una potencia extranjera. La agresión
fascista al pueblo español en toda su crudeza.

El análisis de
los elementos del cuadro se ve facilitado por la aclaración de Picasso de que
el caballo representa al pueblo y el toro la agresión brutal de la guerra que
lo aniquila inmisericorde. La explicación de la elección de ambos símbolos se
explica fácilmente teniendo en cuenta la gran afición de Picasso por la
tauromaquia. La extendida percepción actual del toro como víctima de la fiesta
no era la de aquellos años. El toro era visto como la fuerza bruta que embiste
destruye y mata, y el caballo como víctima inocente era una metáfora adecuada.
Hasta la reglamentación de los años veinte que obligó a proteger a los caballos
de los picadores con un peto, estos salían sin defensa alguna al ruedo durante
la suerte de varas. Era frecuente que el caballo fuera corneado mientras se le
picaba, siendo habitual la muerte de uno o más caballos durante una corrida de
toros. Los caballos empleados eran viejos animales que ya no podían ni galopar,
ni trotar, ni ser montados, ni tirar del carro o del coche, en suma eran los
pencos. Como ya no eran útiles para sus amos pues no eran capaces de rendirles
un trabajo, la única utilidad que para sus dueños tenían los pencos era ser
vendidos para morir en la plaza de toros.

El caballo
inocente solo tenía derecho a la vida si era capaz, obediente, de trabajar
rindiendo beneficios para su dueño, recibiendo a cambio la comida y un techo y
si ya no era capaz de trabajar era sacrificado por sus dueños sin ningún
escrúpulo de conciencia. El caballo como símbolo del pueblo, de la clase
trabajadora, que tiene derecho a la existencia mientras trabaje generando
beneficios a sus amos, obedientemente a cambio solo de la comida y el techo. Y
si así no fuera el amo tendría derecho de vida o muerte sobre ella.

Pero Picasso está
pintando una película y ya el caballo había sido utilizado antes en el cine
como símbolo del pueblo trabajador masacrado en la película Octubre de
Eisenstein, película conocidísima en aquellos años, en la que la represión
zarista a tiros de las masas trabajadoras de San Petersburgo queda simbolizado
en un caballo muerto situado en medio del puente levadizo sobre el río Neva, Al
levantarse las dos alas del puente el caballo muerto queda suspendido en lo
alto; la cámara sigue la ascensión del caballo levantado hacia el cielo por el
borde de una de las alas del puente y cuando el caballo cae hacia el río enfoca
desde arriba al puente encuadrado en una vista de la ciudad en una gran
panorámica símbolo de los nuevos tiempos de progreso que están por llegar del
futuro de la revolución que tras esa derrota triunfará.

Que contraste
entre el espacio abierto y esperanzador de la escena de Octubre con el recinto
cerrado, sin salida, sin esperanza del Guernica. El pueblo español en una
ratonera a la que le ha condenado la no intervención de Francia y el Reino
Unido mientras es agredido por el fascismo. E inerme ya que solo para oponerse
posee una espada rota y sus manos.
El recinto está
iluminado por una modesta bombilla. En 1937 la burguesía tenía en casa buenas
lámparas eléctricas en amplias habitaciones pero los trabajadores debían
conformarse con una modesta bombilla o un quinqué para alumbrase. Aquí tenemos
otra clave más para entender que las personas masacradas en el cuadro son de la
clase obrera.
En medio aparece
una figura fantasmagórica portando un quinqué. Durante el siglo XIX la figura
de la libertad popularizada había sido la de la de una mujer bella y joven
llena de vitalidad portando la antorcha de la Ilustración, el progreso y la
libertad. En el cuadro la libertad ya no es de carne y hueso, solo es un
fantasma que no porta una antorcha sino un quinqué estando en medio de los
trabajadores. La interpretación es fácil, en 1937 la clase obrera es la que
sostiene el mensaje ilustrado y la luz de la libertad pues casi son los únicos
que se oponen al fascismo y ambas, libertad y clase trabajadora, están siendo
masacradas en España.

La representación
del toro, que tanta destrucción genera, no es monstruosa, el toro no parece
nada extraordinario. Se diría que es cotidiano, anodino, manteniendo un gesto
hipócrita que esconde su brutalidad. La representación es genial pues el
fascismo, la guerra, la masacre llegan con cara amable, los que perpetran la
brutalidad no aparentan ser monstruos sino personas educadas que actúan por
razones que presentan como generosas, altruistas, políticas o religiosas.

Volviendo a Kant,
éste distingue entre lo bello y lo sublime. El mundo de la belleza es el de las
formas que nos resultan agradables ajustándose armónicamente a nuestro espíritu
ocasionando placer a nuestros sentidos. Exige una limitación a la
representación pues parte de la sensación de la belleza se corresponde con el
agrado de percibir lo completo, la totalidad.

Por el contrario
lo sublime es ilimitado, es la representación de formas que escapan y superan
nuestra aprehensión, el espectador se siente a la vez atraído y al mismo tiempo
rechazado por el objeto generándole sentimientos de admiración, respeto e
induciéndole a pensar con inquietud. Lo sublime trasciende una explicación
simple del objeto que resulta difícil de entender, violentándonos con su
presencia. No es posible la comprensión solo en el plano estético –como lo era
antes en el objeto bello-, interpretarlo nos exige pasar al nivel de la
racionalidad, aunque es labor nunca completada pues lo sublime es siempre
infinito, ilimitado. Lo sublime desarrolla en el espectador un sentimiento
moral y racional más que de admiración por la belleza.

Pues bien la
composición del cuadro rehúye los cánones clásicos de la belleza para evitar
cualquier sentimiento placentero, cualquier impresión de belleza. No hay
perspectiva, las figuras son planas, cuadro que recuerda el tenebrismo
recreando la oscuridad de sus cuadros barrocos, o a las pinturas negras de
Goya, lejos de unas formas equilibradas renacentistas, impresionistas o como
las pintaba su amigo Manet. La composición de las figuras divide el lienzo en
dos partes; a la izquierda está el toro asomándose trayendo la muerte y
destrucción al resto de los personajes, en el resto del cuadro aparecen las
demás figuras abigarradas en un caos de destrucción. La voluntad de resistencia
junto con la impotencia frente al toro aparecen representadas en la espada rota.

La composición
del cuadro deliberadamente busca expresar la masacre y el caos para que el
espectador se sienta violento rechazando lo que se expresa. El Guernica devela
el sufrimiento de los inocentes para que tomemos partido por el rechazo hacia
lo que se muestra. Con frecuencia se ha escrito sobre la relación entre la
estética y la ética; Picasso renuncia a la belleza a cualquier recurso
profesional que pueda inducir a una interpretación estética como cuadro con
armonía o belleza. Picasso busca en la representación del cuadro obligarnos a
la opción moral: o hacer la vista gorda ante la masacre, o bien tomar partido
en contra. Y para desnudar la intención el artista renunció a la belleza. La
estética del cuadro no es bella sino sublime. Citando a Kant:
“Lo sublime
conmueve, lo bello encanta”

Parte de la
búsqueda de lo sublime explica la sencillez del cuadro, colores sencillos, sin
perspectiva, figuras planas, casi se diría que renuncia a todos los logros
pictóricos usuales en la pintura desde el Renacimiento. De nuevo citando a
Kant:
“Lo bello puede
estar engalanado, pero lo sublime es sencillo”
Lo sublime
conmueve íntimamente a la persona, es catártico, induce a la acción para
adherirse a lo representado o rechazarlo, mientras que la belleza induce a la
pasividad pues genera la actitud de disfrutar de su goce la mayor parte del
tiempo posible.

Nos queda una
última observación sobre el Guernica hecha por el mismo Picasso. En una ocasión
una señora le hizo la observación sobre que los dedos de los personajes eran
extraños, Picasso se sonrió y le contestó que no había pintado dedos sino
falos. El significado es inequívoco, en las manos del pueblo trabajador, de la
clase trabajadora está la posibilidad de dar vida, mientras que el fascismo
mata.

Y es que el toro,
siempre con cara civilizada e invocando motivos distintos, excusas razonables a
veces altruistas, siguió, inmune e impune, embistiendo: Auschwitz, Hiroshima,
Palestina, Guatemala, El Salvador, Indonesia, Viet Nam, Camboya, Chile,
Argentina, Líbano, Ruanda, Congo, Sierra Leona, Liberia, Afganistán, Irak,
Siria… Y sigue embistiendo y masacrando a la gente indefensa y corriente.

El cuadro acabó
en Nueva York. Picasso indicó que el cuadro era propiedad de la República
Española y que debía volver a España cuando estuviera restaurada la República
Española para ser expuesto en el Museo del Prado. Tras la muerte de Franco el
cuadro llegó a España, aunque interpretar la monarquía de Juan Carlos como
equivalente a la Restauración de la República no se ajustaba a la intención del
autor. Tras un tiempo en el Casón del Buen Retiro, al que se le otorgó el
carácter de anexo del Museo del Prado para guardar las formas, fue trasladado
al nuevo Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía y así un cuadro dedicado a la
resistencia del pueblo español en defensa de la República acabó en un museo
dedicado a la Reina Sofía para hacer propaganda de la monarquía heredera de
Franco. ¡Virgen Santa, en qué país vivimos!

Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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