Lleida desprecia a la reina de España

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Está muy acostumbrada a concitar el repudio de sus forzosos vasallos donde quiera que acude de visita, de modo que ya no se inmuta al escuchar los abucheos ni al ver las pancartas reclamando que se vayan los borbones entronizados por el dictadorísimo fascista sin contar con la opinión del pueblo español. El 6 de setiembre de este 2022 le correspondió a Lleida demostrar en la calle su rechazo de la borbonería, ante la visita de su majestad la reina católica nuestra señora, que Dios guarde, y a nosotros de ella.

Según informa el diario Segre.com la reina participó en un acto organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer, y celebrado en el Caixa Forum de Lleida. Su presencia en el salón de actos fue acogida con enorme frialdad, pues apenas sonaron unos tímidos aplausos. Había entrado por la puerta trasera, con el fin de evitar la visión y audición de los manifestantes contra su visita. Se hallaban en la Avinguda Blondel tras unas vallas y vigilados por las fuerzas brutas policiales armadas con pistolas y porras.

Se veían muchas pancartas, con lemas como “No sou benvinguts!”, “Tombem el règimen” y “Fora la monarquia espanyola”, además de escucharse gritos como “Els borbons són uns lladres!”. En la breve crónica del acto difundida por la Oficina de Prensa de la Casa Irreal no se menciona esta circunstancia real. Será porque el redactor da por hecho que los lectores saben que la visita letízica debía concitar el desagrado de la población, como sucede siempre que algún miembro de la familia irreal se persona en cualquier acto con público, en lugar abierto o cerrado.

Así sucede en todas las localidades españolas. Se da la paradoja, por ejemplo, de que en Girona, cuyo principado ostenta la presunta heredera del trono por el simple hecho de serlo, no puede entrar la familia irreal por haber declarado el Ajuntament personas non gratas a todos sus componentes, empezando por el rey católico, desprovisto de cualquier majestad.  

Si reuniéramos todas las manifestaciones contrarias a la borbonería, los numerosos ayuntamientos que han declarado ingratos a sus componentes, los abucheos y pitidos con los que son acogidos sus representantes lo mismo en estadios de fútbol que en teatros, las pintadas que ilustran las paredes de las localidades que visitan, las quemas públicas de sus fotografías, las canciones populares burlonas a pesar de las condenas a sus autores, las caricaturas satíricas insertadas en algunas atrevidas revistas antes de ser secuestradas por orden de los jueces servilones, y todas las restantes actuaciones antidinásticas de las que tenemos noticia cuando se dan a conocer las sentencias judiciales contra sus responsables, porque los medios de comunicación se abstienen de informarnos de ellas puntualmente para no perder las subvenciones con las que sobreviven, obtendríamos un grueso volumen con el sentir mayoritario de los vasallos de su majestad el rey católico, que Dios guarde, contrario a la familia irreal que tan cara nos cuesta y encima nos roba y avergüenza con su comportamiento censurable.

Sin embargo, todas las manifestaciones aisladas para demostrar el rechazo popular a la dinastía son inútiles. La familia irreal continúa impertérrita, como si no se enterase de lo que el pueblo opina sobre ella. Y es posible que no se entere, ya que los edecanes les presentan diariamente resúmenes de las noticias que se supone les pueden interesar, censurando las perjudiciales para su reputación, y en las actividades públicas los contrarios son estabulados entre vallas a suficiente distancia para que las irreales personas no distingan las pancartas ni oigan los gritos en su contra.

Habría que unificar todas esas demostraciones puntuales de oposición a la borbonería para que resultase imposible ignorarlas. Si se consiguiera declarar un día y una hora antiborbónicos en el territorio nacional, de manera que al mismo tiempo salieran a la calle los contrarios a continuar tolerando la monarquía del 18 de julio instaurada por el dictadorísimo fascista, la familia irreal tendría que exiliarse, como ya  hizo en dos ocasiones anteriores, el 18 de setiembre de 1868 y el 14 de abril de 1931.

Sería una manifestación general en todo el reino, con un lema unitario, por ejemplo el que nos legaron los revolucionaros de 1868, “¡Viva España con honra! ¡Abajo los borbones!”, puesto que mantiene plena vigencia, sin menciones a la República, aunque es lógicamente el único régimen capaz de sustituir con dignidad a la corrupta y corruptora monarquía. El rey nuestro señor, que Dios guarde, no convocará nunca un referéndum sobre la forma del Estado preferida por la mayoría de los españoles, porque sabe muy bien que lo perdería. Por lo tanto, hemos de actuar quienes deseamos el cambio imprescindible para recuperar la honra nacional.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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