Límites para la libertad de expresión

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Dos polémicas dividen estos días la opinión de los franceses, relativas a la libertad de expresión, por lo que no es solamente un asunto francés, sino de interés internacional. La primera se refiere a la difusión en Twitter de un vídeo con la violación a una mujer de 28 años que se estaba produciendo en la noche del 21 al 22 de mayo. Sucedió en París, en la Place de la Bataille de Stalingrad, en el distrito 19, y fue grabada por un grupo de vecinos que la presenció sin intervenir. Según cuentan los vecinos, el barrio está dominado por los drogadictos, y ellos han querido demostrar a la opinión pública lo que sucede en sus calles, puesto que las autoridades municipales no toman medidas para mejorar esa situación que impide la convivencia.

La polémica se plantea porque el vídeo muestra a la víctima pidiendo auxilio, y al violador, un toxicómano de 38 años que fue detenido el día 24 gracias a esa prueba identificatoria concluyente. La opinión pública se ha dividido acerca de la licitud de haber facilitado la circulación en la red de esas imágenes. Eso es precisamente lo que trasciende el ámbito parisiense para internacionalizarse, porque el tema de la libertad de comunicación está siempre en un primer plano de vigilancia muy sutil.

El vídeo grabado y difundido sin permiso de la víctima por Twitter constituye la denuncia de un delito de violación, pero también de la comisión de un delito de difusión de unas imágenes no autorizadas, faltando al derecho al honor de una persona. La cuestión planteada es si se tiene que condenar a quienes hicieron la grabación y la difundieron. Se debe distinguir entre la intención, que puede ser buena, y la realización, que puede ser mala. Es un problema para el que se aportan soluciones dispares, todas discutibles.

Un libro malvado

La otra polémica actualmente en los medios de comunicación ha sido motivada por el anuncio hecho por la editorial Fayard de poner a la venta, el próximo 2 de junio, una edición crítica de uno de los libros más nefastos de la historia humana, Mein Kampf, la exposición del nazismo contada por el ser de apariencia humana que llevó al mundo al desastre de la segunda guerra. Conocida su maldad innegable, se preguntan algunos comentaristas si es lícito autorizar una nueva edición, que facilitará su difusión y conocimiento para adoctrinar a los jóvenes que no lo habían leído.

Argumenta Sophie de Closets, directora general de Fayard, que se trata de una edición académica, con numerosas introducciones y notas, para colocar al texto en su tiempo. Afirma que el libro se reedita continuamente en muchos idiomas, porque la ideología nazi sigue vigente para muchas personas en muchos países, y lo que facilita esta edición con sus anotaciones es demostrar las falsedades de la escritura, con sus errores históricos.

Ha corrido a cargo la edición de dos especialistas en la historia del nazismo, el alemán Andreas Wirsching, director de Instituto de Historia Contemporánea de Munich, y el francés Florent Brayard, autores de las introducciones y notas. La traducción del texto al francés la realizó Olivier Mannoni. La edición se titula Historiciser le mal. Une édition critique de Mein Kampf. No se trata, por tanto, de una edición vulgar.

Opinan algunos que el dar esa importancia a uno de los libros más nefastos de la historia humana, lo que consigue es proporcionarle una publicidad peligrosa. Personas que no sintieran interés por conocer una exposición de las ideas del autor, sabido el horror causado por su aplicación, pueden tener curiosidad por leer el origen de su adoctrinamiento. Y hay una realidad indudable: el nazismo continúa vigente, y cada vez con más difusión.

La pregunta derivada de ese conocimiento es si resulta conveniente permitir una edición tan importante como la anunciada por Fayard. Es preciso defender la libertad de imprenta como una de las esenciales para la formación e información de los ciudadanos, pero es lícito preguntarse si tiene que alcanzar a una obra indudablemente mala causante de millones de muertes y de la destrucción de Alemania.

Lo mismo que sucedió en los años veinte del siglo XX podría repetirse en el XXI. En 2025 tendrá lugar el centenario de la primera edición de Mein Kampf, y debemos suponer que algunos lo celebrarán fastuosamente, porque no parece haber intención de tomar medidas para impedirlo. La República Francesa padeció el horror del nazismo, pero Fayard expone académicamente su realidad, para que sea conocida. ¿Es una buena idea? Hay disparidad de respuestas.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.
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