¿Leer es pecado? por Arturo del Villar

7
0

Estos días de la semana santa en retiro forzoso a consecuencia del virus que nos amenaza, invitan a leer para entretener el tiempo. Pero debemos preguntarnos si es bueno leer, o si cometeremos un grave pecado al hacerlo. La cuestión la plantea nada menos que san Francisco de Sales, nombrado patrono de los periodistas en 1922, y confieso haber celebrado su festividad los días 24 de enero durante los años dedicados a ese oficio en la dictadura fascista, muy devota de todos los santos y los millones de vírgenes reconocidas, por lo que siempre había alguna conmemoración que festejar. Nosotros lo hacíamos con una cena bien acompañada con buenos vinos, porque no debe de haber profesión más aficionada a reverenciar a la diosa Botella, según la cantó Rabelais, que la periodística.

El motivo del patronazgo se debe a que tuvo la costumbre de escribir recomendaciones para repartirlas entre los calvinistas a los que deseaba llevar a su rebaño catolicorromano. Pero lo absurdo es que él recomendaba no leer más que un solo libro en la vida. Era la fórmula aconsejada por él para hacerse sabio, lo que verdaderamente constituye lo contrario de lo tenido generalmente por necesario para adquirir conocimientos. Pero a la iglesia catolicorromana no le gusta que sus adeptos lean y así descubran las supercherías contadas por curas y frailes, sus tergiversaciones incluso de la Biblia que ellos mismos consideran un libro inspirado por el Espíritu Santo a los escritores, y los absurdos de sus dogmas inventados por papas tan fanáticos como incultos.

La opinión contraria a la lectura se encuentra expuesta en el Sixième entretien de su libro póstumo Entretiens spirituels, editado siete años después de su muerte por la fidelísima monja discípula Jeanne de Chantal. Traduzco del original francés lo más significativo de su lección:

Un día preguntó un religioso al gran santo [Tomás] como podría ser muy sabio: “No leyendo más que un libro”, le respondió. Yo leía por entonces la Regla que hizo san Agustín para sus religiosas, donde dice expresamente que las hermanas no deben leer jamás otros libros que los que les sean dados por la superiora; y después hizo la misma recomendación a sus religiosos, porque conocía el mal que aporta la curiosidad de saber más de lo que se necesita para servir a Dios, que es ciertamente muy poco.

Así se explica por qué los curas y frailes son tan ignorantes, e incluso los superiores en el escalafón eclesiástico, hasta llegar al sumo dictador, el papa, que es infalible según acordó el Concilio Vaticano I, a pesar de las contradictorias opiniones expuestas a lo largo de los siglos por la variopinta caterva que se dice vicaria de Jesucristo en la Tierra, y sea anatema quien lo rechace. Y lo mismo cabe decir de las monjas, según esa cita.

Creía el obispo de Ginebra que para servir a Dios se necesita saber muy poco, de modo que deben evitarse los estudios científicos y literarios, que inducen a pensar, lo que lleva a dudar de las enseñanzas propuestas por la Iglesia catolicorromana, y finalmente se reniega de una institución con bases tan contrarias a lo que demuestran las ciencias.

Los libros son contrarios a la fe tradicional, basada en la costumbre heredada de aquellos primeros cristianos, los seguidores de los apóstoles dedicados a expulsar demonios de los cuerpos en los que se había introducido, a inventar oraciones para evitar los males provocados por los adoradores del diablo en sus reuniones sabáticas, y a precaverse de las enfermedades inducidas por los hechiceros con sus malas artes. Sobran todos los libros.

Los clérigos que nombraron patrono de los periodistas a este bruto ignorante eran tan incivilizados como él. De seguir su recomendación habría que destruir las bibliotecas públicas, detener a los propietarios de bibliotecas privadas, clausurar las imprentas y actualizar el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para quemar vivos a quienes posean más de un libro. Confieso ser un grandísimo pecador sin propósito de enmendarme. Lo que prometo no volver a hacer es leer a san Francisco de Sales, y quizá hasta destruya sus obras, aunque me duele gravemente romper un libro.

Arturo del Villar, presidente del colectivo tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.
Artículo anteriorGana la corrupción – Asamblea de Leganés por la República
Artículo siguiente“Todo Borbón es un mandón” por Arturo del Villar