La recuperación de las instituciones republicanas hace 75 años

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Todavía cuando se escribe sobre la República Española en los medios de comunicación de masas, es habitual asegurar que terminó con la victoria del Ejército sublevado el 1 de abril de 1939. Es erróneo. Aquello fue un paréntesis forzado por las circunstancias, pero la República continuó en el exilio hasta su autodisolución el 21 de junio de 1977. Precisamente conmemoramos en estos días los 75 años de su restauración, por las Cortes Españolas, durante una solemne ceremonia celebrada en el Salón de Cabildos del Palacio del Go-bierno, en la Ciudad de México. Fue uno de los momentos históricos más so-bresalientes, que debiera ser festejado jubilosamente si este país tuviese me-moria histórica, tantas veces aludida. Aprovechemos el aniversario para reco-dar los datos más significativos, por si sirvieran para aclarar las ideas de esos supuestos historiadores periodísticos.

Los exiliados republicanos se habían repartido por el mundo, con una impor-tante representación en los Estados Unidos Mexicanos, gracias a la decidida colaboración de su presidente Lázaro Cárdenas, demostrada ya durante la guerra, y confirmada a su término al ordenar que se acogiera a todos los exi-liados que desearan instalarse en su país. Esa política fue continuada por su sucesor, Manuel Ávila Camacho, presidente de la nación entre 1940 y 1946.

REUNIÓN DE LAS CORTES

Así, hace ahora 75 años pudieron restablecerse las instituciones más impor-tantes de la República Española. El 17 de agosto de 1945 se reunieron las Cor-tes, como queda dicho, en el Palacio del Gobierno, al que había concedido la extraterritorialidad el presidente, por lo que era a efectos legales territorio es-pañol. En los balcones ondeaban las banderas de los dos países más herma-nados que nunca.

Asistieron 96 diputados y se leyeron las adhesiones de otros 34 residentes en diversos lugares. Asimismo estuvieron presentes altos dignatarios de la Re-pública, como el general Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de la flota aérea, y el almirante González Ubieta. También estuvieron presentes dignatarios mexica-nos y embajadores y ministros de varios países que no reconocían a la dicta-dura implantada en España tras la guerra.

Luis Fernández Clérigo, vicepresidente segundo de las Cortes en funciones de vicepresidente primero por ausencia del titular, Luis Jiménez de Asúa, insta-lado en Buenos Aires, pronunció un discurso, y a continuación preguntó a Die-go Martínez Barrio, presidente del Congreso en funciones de presidente de la República desde la dimisión de Manuel Azaña, si prometía fidelidad a la Repú-blica y a la Constitución. Al responder afirmativamente el interpelado, Fernán-dez Clérigo pronunció la fórmula habitual por la que Martínez Barrio se conver-tía en tercer presidente de la República Española: “Si así lo hiciereis la nación os lo premie, y si no, os lo demande.” Entre vítores a la República Española sonó el Himno de Riego, escuchado con gran emoción por todos.

EL GOBIERNO DE GIRAL

De esta manera comenzó la restauración de la República Española, con la reunión de las Cortes y la elección del presidente constitucional. Faltaba la de-signación de un Gobierno, porque ese mismo día presentó Juan Negrín la di-misión del que estaba presidiendo desde el 17 de mayo de 1937. Tras las con-sultas pertinentes a los diversos grupos políticos, el designado fue José Giral, de Izquierda Republicana.

Con las inevitables exclusiones propiciadas por algunos partidos, el nuevo Gobierno de la República Española fue presentado a la Prensa mexicana y co-rresponsales acreditados el 26 de agosto de 1945. Estaba integrado por José Giral como presidente, con los ministros Fernando de los Ríos, del Partido So-cialista, en Estado; Augusto Barcia, de Izquierda Republicana, en Hacienda; Álvaro de Albornoz, de Izquierda Republicana, en Justicia; el general Juan Her-nández Saravia en Defensa; Manuel Torres Campañá, de Unión Republicana, en Gobernación; Miquel Santaló, de Esquerra Republicana de Catalunya, en Instrucción Pública; Manuel Irujo, del Partido Nacionalista Vasco, en Navega-ción, Industria y Comercio; Trifón Gómez, de la Unión General de Trabajado-res, en Emigración; y Ángel Ossorio y Gallardo, “monárquico sin rey”, y Luis Nicolau d’Olwer, de Acció Republicana Catalana, sin cartera.

Con posterioridad se incorporaron dos ministros de la CNT, Horacio Martínez Prieto en Obras Públicas, y José E. Leiva en Agricultura.
Este Gobierno fue reconocido inmediatamente por varios países democráti-cos como representante del pueblo español.

Una consecuencia de la aceptación del Gobierno constitucional español fue la disolución de la Junta Española de Liberación el 31 de agosto, al considerar que toda la actuación tendente a recuperar la legalidad en España debía co-rresponder desde entonces al nuevo Gobierno.

De esta manera hace 75 años la República Española recuperó sus institucio-nes, y continuó manteniendo la representación única de la España democrática y constitucional, frente a la caricatura de Cortes creada por la dictadura fascis-ta el 17 de julio de 1942, para disimular su carácter totalitario sin participación del pueblo carente de libertades políticas y sociales.

Arturo del Villar, Presidente del colectivo Republicano Tercer Milenio

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