La muerte de Azaña por Arturo del Villar

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Se repite que Manuel Azaña falleció el 3 de noviembre de 1940, y por ello en este día le han dedicado un recuerdo en algunos medios de comunicación, para conmemorar los 80 años de la muerte. Sin embargo, parece que la fecha debe retrasarse a la madrugada del día 4, puesto que así lo cuenta la persona que se ocupó de él diligentemente en los tres últimos meses de su vida. Fue el diplomático mexicano Luis Ignacio Rodríguez Taboada, a quien el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, el general Lázaro Cárdenas, constante partidario de la legitimidad de la República Española, le encargó la misión de acoger a todos los españoles y a los antiguos voluntarios de las Brigadas Internacionales refugiados en Francia, y de manera muy especial de atender al expresidente enfermo, para impedir que cumpliera sus siniestros propósitos una tropa falangista entrada en Francia con la intención de secuestrarlo y conducirlo a la España fascista.

En el año 2000 se imprimió en México, por cuenta de tres organismos, El Colegio de México, A. C.; la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, un volumen de 604 páginas titulado Misión de Luis I. Rodríguez en Francia. La protección de los refugiados españoles, julio a diciembre de 1940, con prólogo de Rafael Segovia y Fernando Serrano. Es una recopilación de los documentos que Rodríguez, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos Mexicanos ante la República Francesa, reunió acerca del cumplimiento de su misión, para tener informado en todo momento a su presidente de las gestiones que realizaba al frente de la comisión franco—mexicana. No se trata, pues, de una biografía ni de una novela, sino de unas anotaciones de campo, o de telegramas y cartas, de modo que presentan un valor testimonial indiscutible.

Lo que ahora nos importa es repasar el capítulo VII, titulado “Muerte de Manuel Azaña”, que recopila los documentos 280 a 355 en las páginas 237 a 283, fechados entre el 2 de julio de 1940 y el 1 de enero de 1941.

El reloj quedó roto

El 13 de octubre Azaña escribió una carta al “Señor ministro y muy ilustre amigo”, en la que planteaba la posibilidad de abandonar su refugio en Montauban, conforme a los planes estudiados por Rodríguez, para exiliarse en México. El propósito le agradaba, aunque debido al deficiente estado de su salud le parecía imposible llevarlo a cabo:

Los médicos opinan unánimemente que no debo afrontar ese viaje, porque no puedo elevarme a miles de metros de altura, difíciles de resistir. Con todo eso yo estaría dispuesto a afrontarme delante de ese peligro para encontrar una solución al viaje. (Página 272.)

Acompañó su escrito con un certificado médico, suscrito el 12 de octubre por el doctor Pouget, de la Facultad de Medicina de París, en el que informaba sobre la dolencia del ilustre enfermo, que en resumen y traducido diagnosticaba que sufría “ de un estado nervioso, caracterizado por crisis de ansiedad y por insomnios rebeldes” (273).

Ante el agravamiento de su estado físico, Rodríguez se trasladó a Montauban el 3 de noviembre. La nota fechada el día 4 registra para la historia el final de Manuel Azaña, el hombre que había encarnado el ideal republicano, por lo que era reverenciado por muchos españoles, y odiado por otros tantos con el mismo motivo:

Despertaba el alba cuando se quebró su vida. Cuatro horas cincuenta y tres minutos marcaron el punto final de una radiante existencia entregada por entero al servicio de la democracia del mundo… Carlos de Juan eternizó el instante haciendo saltar la cuerda del reloj que había registrado tantas victorias en el puño del combatiente; la viuda recogió el pañuelo donde brillaba su última lágrima; [el general Juan Hernández] Sarabia cumplió su compromiso cerrando para siempre los párpados del atormentado; Antoñito [Lot, fiel mayordomo] conformó su desesperación besando sin medida la cabeza ya sin luz. Nosotros, los mexicanos, hieráticos como Cárdenas, no supimos ni siquiera restallar la angustia. (274.)

Por lo tanto, parece que debemos aceptar el testimonio de quien estuvo presente en el momento del fallecimiento de Azaña, sucedido a las 4,53 de la madrugada del 4 de noviembre de 1940. El reloj roto no permitía engañarse, y la meticulosidad demostrada por Rodríguez en sus informes oficiales obliga a dar por exacta su anotación, por tratarse además de un momento histórico, como él bien sabía.

Sin noción del tiempo

Existe otro testimonio personal sobre lo sucedido entonces, una carta escrita por la ya viuda del expresidente y enviada a su hermano, Cipriano de Rivas Cherif. A él le sirvió para terminar con su publicación la biografía de su cuñado escrita en la cárcel de la dictadura, en la que se hallaba condenado por los vencedores de la guerra, precisamente debido al “delito” de ser su cuñado: Retrato de un desconocido. Vida de Manuel Azaña, Badalona, Grijalbo, 1979, página 510. Lo escrito por Dolores de Rivas es muy inconcreto, “Minutos después”, y una nota a pie de página de su sobrino Enrique de Rivas añade que, según le contó su tía no sabemos cuándo, ocurrió “A las 11,45 de la noche del 3 de noviembre”. No obstante, ella asegura en la carta que no era consciente de nada de lo sucedido en aquel triste momento:

Minutos después, nuestro enfermo expiraba, sin que yo, falta ya de resistencia, pudiera darme cuenta de nada hasta que el cabo de no sé si horas o segundos, porque nunca he vuelto a tener noción del tiempo pasado, me encontré echada en la cama de la habitación de al lado, rodeada de los amigos que me acompañaban.

Resulta comprensible su estado de ánimo, en el momento en que fallecía su marido, con el que llevaba casada más de once años, desde el 27 de febrero de 1929. Es lógico que no se enterase de si pasaban horas o segundos, por lo que debe ponerse en duda esa precisión de la hora y los minutos en que aconteció el desenlace fatal de su matrimonio, fijada para su sobrino en fecha incierta. Ella misma asegura que “nunca he vuelto a tener noción del tiempo pasado”, y siendo así no podemos fiarnos de su testimonio.

Luis Ignacio Rodríguez se apresuró a informar al presidente Cárdenas de la triste novedad, en un mensaje fechado el 4 de noviembre:

Nuevo infortunio oblígame comunicarle señor Manuel Azaña, ex presidente República española, falleció hoy dependencias Legación México en Montauban bajo el amparo de nuestra bandera. Asistieron le últimos momentos su esposa, general Sarabia y elementos mexicanos.” (275.)

Ese “hoy” corresponde, pues, al día 4 de noviembre, en concordancia con lo relatado anteriormente. Por todo ello, en resumen, la conmemoración de la muerte de Manuel Azaña debe realizarse el 4 de noviembre.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.

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