La Leona de Castilla hace 500 años

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No rindió Toledo doña María Pacheco ante las tropas del rey Carlos I de España y emperador V del Sacro Imperio Romano Germánico. Aquel 25 de octubre de 1521 la apodada Leona de Castilla consiguió firmar un armisticio muy ventajoso para los comuneros toledanos, porque les permitía conservar el Alcázar y todas las armas. No se amedrentó ante la derrota del ejército comunero en Villalar, con la muerte de unos mil defensores de las libertades públicas, y la decapitación de sus tres líderes, Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, aquel 23 de abril de 1521.

Doña María López de Mendoza y Pacheco, ya viuda de Juan de Padilla, se hizo fuerte en Toledo, a la que gobernó sabiamente. Pese al trágico fin de su marido y compañeros, no dudó en enfrentarse a la tiranía del hombre más poderoso del mundo en su tiempo, el emperador. Todos los reyes son implacables, pero este Carlos para ser elegido emperador superó a todos en impiedad y despotismo. Comenzó encerrando a su madre, la reina Juana, heredera del trono, acusándola de estar loca, para hacerse con todo el poder político, a fin de gravar con impuestos nunca vistos a sus vasallos. El título de emperador era electivo entre algunos príncipes y arzobispos alemanes, por lo que era preciso sobornarlos para conseguir su voto. A Carlos le parecía lógico esquilmar a sus vasallos españoles para obtener dinero. Así se formaron las comunidades de Castilla, para defender sus derechos civiles frente al absolutismo del rey, que no hablaba ni una palabra de castellano, ni la necesitaba para ordenar el cobro de impuestos a sus vasallos.

Se atrevió a desafiar su poder tiránico doña María Pacheco, una de esas heroínas que jalonan la historia de España en momentos decisivos. En principio compartió el poder en Toledo con Antonio de Acuña, obispo de Zamora, hasta que él desertó el 25 de mayo, y ella quedó como única gobernadora. Se instaló en el Alcázar, y desde allí tuvo que encargarse de fortalecer la ciudad, para lo que hizo traer artillería, y nombró capitanes a los que encomendó la defensa de los barrios.

Necesitaba dinero con el que pagar a la tropa, y lo obtuvo por dos métodos: la imposición de contribuciones a la población, una medida siempre mal vista por los requeridos para pagarlas, y la requisa de las joyas de plata existentes en la catedral. Se comportó como un avezado general, sin rendirse ante el tirano más poderoso de su época. Puede considerarse  un  triunfo suyo la firma del armisticio hace ahora 500 años.

Por eso recibió el apodo de Leona de Castilla, título con el que se han publicado novelas y dramas, y hasta se filmó una película en 1951, dirigida por Juan de Orduña, con Amparo Rivelles en el papel protagonista. Obtuvo gran éxito de público, debido a que los espectadores se enardecían al ver a un mujer enfrentarse a la tiranía, ellos que sufrían una espantosa dictadura militar. En el Museo del Prado existe un óleo pintado en 1881 por Vicente Borrás y Mompó, titulado originalmente Doña María Pacheco después de Villalar, aunque se le conoce también con otros nombres.

El rey emperador no perdonó su valor. La condenó a muerte en rebeldía, pero ella consiguió evadirse de Toledo y exiliarse en Portugal, donde vivió y murió en Oporto en 1531. Sus familiares pretendieron traer sus restos a España, con el fin de enterrarlos junto a los de su marido, pero el rey tirano lo prohibió: no le perdonó ni después de su muerte que hubiera desafiado su poder. Por eso se la apoda también El Último Comunero.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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