“La felicidad” por Joaquín Soler Cura

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“Nada es permanente a excepción del cambio”.

Heráclito de Éfeso

Todo empezó con un desencuentro, por un malentendido Eris sembró la discordia entre los hombres con una manzana. De ello hace mucho tiempo pero nos ha llegado el eco del relato hasta nuestros días.

Leo que el alumno con la mejor nota de la selectividad en Madrid, un 13,96, ha elegido estudiar la carrera de filosofía clásica. “Prefiero la felicidad al éxito seguro”, afirma. Ha recibido números críticas a su elección, diciéndole que no tiene futuro. Los que no vamos a tener futuro somos nosotros si nos olvidamos de las humanidades. Primero nos hemos de formar como personas que vivimos en sociedad. El humanismo desarrolla un espíritu crítico, para tener criterio en un mundo acelerado y sin tiempo a la reflexión. Ahora necesitamos ciudadanos que defienden sus derechos y exijan que se cumplan los requisitos básicos vitales.

El tiempo no hace prisioneros decían los clásicos. Visitando alguna librería me he dado cuenta de que los libros de poesía están arrinconados o han desaparecido, ocupan espacio y no se venden. Las primeras historias orales o poemas son cantados por los rapsodas, recogidas en las polis griegas en estructura métrica. En las ágoras se desarrolló el debate, la filosofía, la política y la democracia. Los ciudadanos al escuchar esas historias eran felices por un instante, por la sorpresa y lo inesperado. Emprendían un viaje imaginario, una nave izando las velas partía del puerto, surcando paisajes y aventuras impredecibles.

“Feliz quien, como Ulises, ha hecho un bello viaje”.

Joachim Du Bellay  (1522/1560)

Son historias míticas de: héroes, dioses y semidioses, con pasiones y guerras narradas en un lenguaje universal. La poesía es un aliado que traspasa el tiempo. Cuando voy lejos tomo un autobús articulado, hay que agarrarse para no rodar por el suelo. Los compañeros de viaje van enmascarados con las mascarillas y los móviles en la mano. Algunos escuchan música con auriculares otros sin ellos. Abro el libro y empieza mi aventura, subrayo lo que quiero recordar, es difícil en un viaje tan agitado. Cada libro es una ventana de esperanza que nos explica una experiencia de vida. Otros hombres siguen emprendiendo un largo viaje, huyen de la guerra, la esclavitud y el hambre. Recorren una distancia enorme sola, con la ilusión de llegar, y muchas veces el final del camino es trágico.

He elegido en esta etapa de mi vida escuchar a los demás y como el bardo ciego intento contaros sus vivencias. Por eso admiro al joven bachiller de Madrid, por ser valiente y elegir la felicidad en su proyecto de vida. La divisa de los valores indivisibles de la Republica son: Libertad, Igualdad y Fraternidad o la muerte. Añadiría otro también indivisible: la Felicidad, sin ella no merece la pena emprender ningún camino, ninguna propuesta de vida y aún menos ningún programa político.

Si no somos capaces de conseguir la felicidad estamos perdiendo el tiempo. En la Constitución de Cádiz de 1812 estaba recogido en el artículo 13, que decía: “El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen”.

No nos queda mucho tiempo, el viaje se está terminando. En cada puerto que llegamos, en cada ciudad que visitamos el enemigo y el desastre se está apoderando del paisaje y de los hombres que lo habitan. No nos damos cuenta y seguimos con nuestras disputas y diferencias, la negra niebla nos va invadiendo sin que seamos capaces de ver el alba.

“Somos millones.

Formamos la unidad de la esperanza.

Lo sabemos.

Y el saberlo nos hace fuertes. Nos salva”.

Gabriel Celaya,  “Todos a una” de “Cantos Iberos”, 1955

Salud y República para todos, incluso para los que no quieren oír lo que se les dice.

Joaquín Soler, arquitecto y vocal de la Junta Federal de Unidad Cívica por la República UCR.

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