“La farsa monárquica del 12 de octubre” por Manuel Ruiz Robles

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Los inevitables cambios impulsados por las graves contradicciones del corrupto sistema político heredado de la dictadura (CE78), habrán de dar paso a un proceso constituyente en libertad, que no lo hubo. Es decir, a una República acorde con los valores democráticos, por tanto antifascistas, que dieron lugar a la Europa de los años 50 y 60. Años en los que, al Sur de los Pirineos, el pueblo español permanecía aún aturdido por el estruendo de los bombardeos y los amaneceres sangrientos de la lúgubre noche de la dictadura.

Hay quienes dirán que en esa Europa desarrollada prosperaban los grandes oligopolios, mientras la clase obrera seguía siendo explotada inmisericordemente. No les falta razón. Sin embargo, no es menos cierto que la victoria militar y política sobre el nazi fascismo dio lugar a nuevas correlaciones de fuerzas en la mayor parte del continente europeo. Ello fortaleció considerablemente sus organizaciones de clase, lo que mejoró notablemente su capacidad para afrontar, en condiciones más ventajosas, la defensa de sus intereses. Aunque no solo. También los intereses de amplias capas pequeñoburguesas, aliadas objetivas en su combate por tiempos mejores.

Aquel periodo de prosperidad, que se prolongó hasta mediados de los años 70, llamados “los treinta gloriosos”, se caracterizó por un gran desarrollo de la fuerzas productivas y un bienestar material que alcanzó, en mayor o menor grado, al conjunto de la población situada al Norte de los Pirineos. Consecuencia de todo ello fue el citado fortalecimiento de las organizaciones obreras, que posibilitaron una mayor capacidad de intervención en el reparto de la riqueza producida; ya fuese directamente, mediante un mejora de sus condiciones salariales, ya fuese indirectamente, mediante un desarrollo significativo de los sistemas públicos de salud, enseñanza y protección social.

Sin embargo, al sur de los Pirineos, el escandaloso comportamiento del Rey Juan Carlos, durante los años de su reinado, y más tarde durante su etapa de “rey emérito”, ha alcanzado de lleno, no solo al conjunto de la Familia Real, sino también a un grupo destacado de políticos, cómplices de los latrocinios reales, pues no en vano gozan de un estatus de poder y de privilegios que no tienen la menor justificación ni legitimación democrática. Una Familia Real, la de los Borbones, caracterizada por su complicidad con los sectores más ultraconservadores y retrógrados de nuestra sociedad, que ha desembocado a veces en conflictos bélicos de consecuencias catastróficas para el conjunto de la población.

Prueba de la podredumbre y falsedad de la monarquía, impuesta por la dictadura, son los recurrentes abucheos y silbidos del monarcofascismo contra el socialista Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno español, que hemos podido oír de nuevo, este 12 de octubre, a través de las cadenas de radio y TV, durante el desfile militar presidido por el rey Felipe VI. Un personaje medieval, a quien nadie votó y, por tanto, a nadie representa, salvo a un pasado indigno, condenado por la Historia a esfumarse una mañana cualquiera entre la niebla grisácea del tiempo.

Contrasta esta situación de la Familia Real, y de su fraudulento poder impune, con la trayectoria seguida por algunas familias que cruzaron en aquellos años 50 y 60 la frontera con Francia, huyendo del horror de la dictadura militar y de su sanguinaria explotación económica.

Mientras se extendía aquel aterrador éxodo político y económico, Juan Carlos de Borbón, cadete en las Academias militares españolas, se atrincheraba junto a su protector, el genocida dictador Francisco Franco, preparando su vergonzosa sucesión.

Es una historia familiar diametralmente opuesta a la de la actual Alcaldesa de París, Anne Hidalgo, próxima candidata del Partido Socialista francés a la Presidencia de la República Francesa.

Nacida en San Fernando (Cádiz) en 1959 , hija de una modesta familia, partió junto a sus padres hacia el exilio económico en Francia, mientras en España, los planes de estabilización del franquismo, empujaban a miles y miles de familias, hundidas en la más absoluta pobreza, a un éxodo del campo a la ciudad. Obligadas a refugiarse en los suburbios de la capital, sobrevivían hacinadas en chabolas desvencijadas, en condiciones infrahumanas. Un mundo de miseria y explotación que quedó grabado con horror en mis retinas de niño.

Su abuelo republicano, Antonio Hidalgo, inicialmente exiliado en Francia tras el golpe militar fascista de 1936, sufrió directamente la represión franquista. Un golpe militar frustrado que dio lugar a la Guerra de España, y, seguidamente, a la dictadura del general Franco. “Caudillo de España por la Gracia de Dios”, según quedó inscrito en las monedas de aquellos años, no tan lejanos, que aún recuerdo con irrefrenable náusea.

Siendo hija de modestos inmigrantes españoles, Anne Hidalgo tuvo la oportunidad de prosperar en una república, la República Francesa, en donde la divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad no era un simple eslogan publicitario. Esta mujer socialista, de evidente valor y talento, ha alcanzado las más altas cotas de representación política en el país vecino.

Es todo un símbolo de una sociedad, la francesa, que, con sus luces y sus sombras, se ha distinguido desde hace siglos por su enorme conciencia política, cultura democrática y cierto nivel de justicia social. Una figura emblemática solo comparable a Yolanda Díaz, actual Vicepresidenta del Gobierno de España y militante del Partido Comunista (PCE). Sin duda, la mejor Ministra de Trabajo de nuestra historia reciente y, también, justo es reconocerlo, esperanza de un futuro mejor.

Por último, mi cariñoso recuerdo a un infatigable y honesto luchador antifranquista, mi amigo Raúl Marco (1936 – 2020), fundador del PCE (m-l), al que tuve la suerte de conocer a finales de los años 80 por mi relación de amistad con su compañera Lola Val, una mujer también admirable, comprometida desde siempre en la lucha indomable por una República decente.

Animo a mis amables lectores a asistir al acto que tendrá lugar en su memoria, el próximo sábado 16 de octubre a las 11:30 h en el salón de actos del Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21). Entre los intervinientes estará mi amigo Miguel Pastrana, escritor y poeta, antiguo compañero de armas, miembro del Colectivo Anemoi.

Por: Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada, miembro de la UMD y del Colectivo Anemoi. Presidente Federal de Unidad Cívica por la República.

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