La Columna : Pandemia, hostelería y turismo por José Antonio Cruz

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Hagamos memoria, que algunas veces sirve para algo. Cuando se llevó a cabo la reconversión industrial, vivimos algunas experiencias que nos pueden dar pistas ahora, que la situación no es nada fácil. Conozco algo el caso del País Vasco. Lo que salvó a algunas empresas fue su calidad de fabricación, el alto valor añadido que daban a sus productos. Re-cuerdo una empresa que creo que sigue viva, en el pueblecito gipuzkoano de Antzuola, que se dedicaba al “corte fino”, a la fabricación, por ejemplo, de las hebillas de los cinturones de seguridad de los automóviles; era la segunda del mundo, después de una japonesa, en ese tipo de menesteres. Recuerdo también otra empresa en Abadiño que daban un determinado tratamiento al acero, de forma un poco artesanal, que le daban un valor poco común y que la colocaba a la cabeza del sector, entre las tres primeras del mundo. Son unos ejemplos solamente, no sé si siguen vivos, creo que sí, pero la formación y la remuneración de los trabajadores era lo que alimentaba su compromiso y les hacía muy competitivas. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, ha provocado que algunos interesados seguidos por otros desinformados a propósito, estén convirtiendo estos temas en las noticias de la pandemia. Ha pasado, además, que el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha declara-do hace poco que el turismo es un “sector de bajo valor añadido, estacional y con mucha precariedad” (no creo que sean palabras textuales, pero dejémoslo ahí). “España aspira a más y hay que modernizar las empresas”, ha insistido el ministro de Consumo mientras que ha reprochado que la oposición piense “en las próximas elecciones y no en las próximas generaciones”. Como ejemplo, ha apelado a sumar el conocimiento al sector para que salga reforzado tras su caída, apostando así por el turismo de alto valor añadido en lugar del “low cost”. Ha insistido en que el Ejecutivo nacional tiene que “hacer que el turismo crezca”, tal y como están haciendo los gobiernos autonómicos, por lo que ha apostado por “medidas masivas de apoyo” para aprovechar y modernizar el país. En Navarra, el turismo tiene características propias. Más de 18.000 trabajado-res están censados en el convenio colectivo, casi empata con la Volkswagen. Y luego vienen cantidad de autónomos, propietarios de casas y hoteles rurales, y demás. Apenas hay personal cualificado para el servicio, apenas hay sumiller, los cocineros con formación se cuentan con los dedos de las manos. Así, el personal puede ser de quita y pon, bajos salarios y baja cualificación. Podemos mirar a otro lado, pero es así. Afortunadamente existe en Navarra una Asociación de Sumilleres ejemplar, con actividades permanentes formativas de gran valor. ¿Consiguen más remuneración los sumilleres que participan de forma permanente en esas acciones formativas? Me temo que no. Esto provoca precariedad en el empleo, sin lugar a dudas, los trabajadores del sector no están “enamorados” de su trabajo, hay mucha desazón. Y la estacionalidad es una especie de maldición que nos aplasta. Hace bastan tres años, vino a Navarra un FamTrip de responsables de turismo francés, belgas y suizos. Era octubre y los llevamos a Ochagavía, llovía bastante y cuando llegamos a Muskilda, les ofrecimos, un poco en broma, subir andando, sin el autobús. Inmediatamente se bajaron y la responsable de la oficina de turismo de España en Suiza, nos dijo “si no lloviera ¿cómo ibais a tener este verde tan espectacular? No podemos desaprovecharlo”. Pensamos en el clima con nuestras preferencias, no buscamos clientes para todas las estaciones. El patrimonio monumental, el Camino de Santiago, las formas de vida de nues-tros pueblos, la gastronomía de la Ribera, la gastronomía de la Montaña… tienen valor todo el año, con atractivos extraordinarios… aunque llueva. Muchos valencianos nos dicen “el sol ya lo tenemos en nuestra casa”. La pandemia ha venido para quedarse. No me refiero a la enfermedad, me re-fiero a las consecuencias. Muchos negocios hosteleros no van a abrir o     cerrarán enseguida agobiados con cuadrar sus cuentas. Es evidente que va a sobrar personal. Lo mismo, o mejor, habrá que ofrecerlo con menos gente y más barato. En una primera etapa, las comidas a domicilio, la oferta de cocina en miniatura que conlleva menos servicio, se harán muy visibles. Alguno ya ha   comenzado a sentar plaza en medio del confinamiento. Otra de las cosas que se producirá será el aumento de la calidad de la oferta, productos ecológicos, productos Km.0, productos naturales, etc. Este va a ser uno de los valores añadidos que más va a apreciar el cliente. La búsqueda y tratamiento del cliente como un viajero inteligente, curioso, que quiere descubrir cosas nuevas será la mejor actitud. Ahora parece que todo se va a poner patas arriba, y es muy posible, pero la gente profesional y con ideas, saldrá adelante. No me cabe ninguna duda.

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