Jueves 8 de junio. “De Manchester a Londres, pasando por….Siria”

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Un nuevo escalofrío ha recorrido el espinazo de
la vieja Europa el pasado domingo, justo después de la final de la Champions y
en plena euforia de la hinchada madridista.
Esa es una de las contradicciones de este mundo
cruel, que sigue girando a pesar de los terribles acontecimientos, de los asesinatos,
porque a nadie se le ocurrió suspender las celebraciones de la duodécima copa
del Real Madrid para solidarizarse con las víctimas de Londres. Nadie
transformó la inmensa alegría de ser campeón de Europa, para intentar sentir un
poco del dolor de las víctimas y familiares de una tragedia ocurrida apenas a
unos kilómetros de allí.
Ese es uno de los dramas de nuestros tiempos,
que a casi nadie le importa un carajo el dolor ajeno. Que vivimos en una
sociedad hipócrita sin capacidad de empatizar, que las lágrimas de cocodrilo se
imponen al sentimiento real y sincero.
¿Cuántos de los que ahora lloran esas víctimas
en las redes sociales, o en los comentarios de bar, peluquería, o carnicería,
se sintió implicado a los pocos minutos de que Sergio Ramos levantara la
orejera en Glasgow con lo ocurrido en la capital del reino? ¿Hubo realmente
alguno que lo sintiera sinceramente? ¿O somos todos realmente unos hipócritas?
Es cierto que el terrorismo islamista
indiscriminado es brutal, abominable y condenable. Eso de socializar el dolor
lo conocemos muy bien por aquí, especialmente en la época más brutal y
sanguinaria de ETA. Pero también en esta ocasión esa socialización del dolor
produce sufrimiento en ambas orillas.
Igualmente, esa hipocresía de la sociedad acalla
las voces que al igual que condenan esta barbaridad, que abominan de ese
terrorismo salvaje, lo hacen de la misma manera con los bombardeos
indiscriminado en Siria o Afganistán y con las miles de víctimas que yacen en
el fondo de un mar Mediterráneo convertido en una inmensa fosa común de seres
inocentes que huyen de una guerra provocada por una panda de criminales
irresponsables.
Uno de los pocos terroristas detenidos vivos,
porque las diferentes policías disparan primero y preguntan después, cuando el
trabajo bien hecho sería detenerles con vida para obtener la mayor dosis de
información, declaraba haberse hecho yihadista viendo en los informativos de
televisión los niños, niñas y mujeres muertos (¿o debemos decir asesinados
también?) en las ciudades de Siria, como consecuencia de las miles de bombas
que les vienen encima de los ejércitos de Assad, Rusia, Francia, o EE.UU
Esa población civil inocente, al igual que la
de Paris, Bruselas, Manchester, Londres, o anteriormente Madrid, también sufre
las consecuencias de esa brutal guerra. Lo sufren allí y lo sufrimos aquí,
porque sus jóvenes de manera cruel y criminal sí, intentan hacernos pagar lo
que nuestros mayores les hacen a los suyos.
Esto no tiene solución. Mientras desde las
televisiones occidentales vomiten imágenes en los telediarios de aquella
brutalidad, tendremos aquí la suya. Mientras existan jóvenes dispuestos a morir
matando para vengar a los suyos, esa socialización del sufrimiento la pagarán
nuestras gentes.
Sólo parando aquello se parará esto, porque la
ley del Talión, el “ojo por ojo y diente por diente” nos está llevando a esta
escalada de violencia. Si contestamos su brutalidad con la nuestra, si a los
muertos de Manchester y Londres le añadimos los de Aleppo, o Raqqah jamás pararemos
esta espiral.
Desde la condena más contundente del atentado
del sábado en Londres hago un llamamiento a la cordura, a la sensatez de los
que pueden parar esto para que lo hagan. A quienes tienen capacidad de
presionarles desde instituciones, grupos sociales, económicos e incluso
religiosos para que empujen en esa dirección.
Sólo actuando en el origen del conflicto,
acabando con una guerra estéril, evitando el horror, como señalaba Conrad en
“El corazón de las tinieblas” en boca del coronel Kurtz, conseguiremos evitar
el odio de esos jóvenes suicidas.

El odio no se combate con más odio. Tampoco
convirtiendo Occidente en una fortaleza inexpugnable y protegida, porque
siempre habrá alguien dispuesto a inmolarse por Alá.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.
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