Jueves, 7 de diciembre. “¿Quién firmó la sentencia a muerte de Palestina?”

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La opinión por Carlos de Urabá.

¿Quién firmó la sentencia a muerte de
Palestina?
No solamente fue la famosa declaración de
Balfour la que decidió la suerte del pueblo palestino pues como se ha
demostrado en las últimas horas el presidente de EE.UU Donald Trump acaba de
pegarle el tiro de gracia reconociendo a Jerusalén como la capital única e
indivisible de Israel.
La declaración de Balfour se denomina a la
célebre carta enviada por el ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña
lord Arthur Balfour -con la anuencia del Primer Ministro Británico David Lloyd
George- al barón Rothschild, presidente de la Federación Sionista de Gran
Bretaña e Irlanda como respuesta a la demanda de la creación de un hogar judío
en Oriente Próximo (bajo su tutela). Pero no fue la primera ni la última pues
los contactos y la correspondencia (oficial y secreta) de los sionistas con
distintos líderes mundiales ha sido  muy
copiosa a  lo largo de la historia (en el
siglo XIX ya existía contactos primero con el sultán turco y posteriormente con
Gran Bretaña).
En efecto la misiva era el epílogo de una
vasta negociación llevada a cabo entre la corona británica y las organizaciones
sionistas y en la que se da el visto bueno a sus “justas demandas”. “Dear Lord
Rothschild” querido, amado o bienaventurado es el tratamiento que le dispensaba
Sir Arthur Balfour demostrando de este modo sus estrechas relaciones de
amistad. “tengo el placer de comunicarle en nombre de su majestad la siguiente
declaración de apoyo y simpatía con las aspiraciones de los judíos sionistas
que ha sido presentada y aprobada por el Gabinete. El gobierno de su Majestad
ve muy positivo el que se establezca un Hogar Judío en Palestina. Con la
advertencia de que no se debería perjudicar los derechos de las otras
comunidades existentes (árabes, cristianos, beduinos o drusos). En este proceso
también intervinieron personajes de gran relevancia como Allemby y Herbert
Louis Samuel (el primer judío que hizo parte de un gabinete británico y el
primer alto comisionado del Mandato Británico en Palestina, o sea,  el primer judío en gobernar Israel. Él
personalmente nombró a Amín Al Hussein como el muftí y máximo representante de
los árabes) y autor del memorando “The Future of Palestine” y Sykes el
protagonista del tratado secreto de Sykes-Picot en el que Gran Bretaña y
Francia se repartieron Oriente Medio.
Según los historiadores sionistas la
declaración de Balfour no hace más que refrendar la voluntad de Yahveh. Lord
Arthur Balfour como cristiano sabía que él era un instrumento de Dios para que
se cumpliera su palabra y restituir así a los judíos (el pueblo elegido) la
antigua patria de donde fueron expulsados. “Hay que obedecer la ley de Dios”.
Según los rabinos esta profecía ya estaba escrita en los textos sagrados del
Talmud, o el ocultismo de la Torá (la cábala). Mejor dicho, se trataba de un
hecho sobrenatural que no tiene explicación humana sino divina. El regreso de
los judíos a Tierra Santa anunciaba la próxima venida del mesías. Gran Bretaña
si brindaba protección a los judíos iba a tener el privilegio de acoger la
segunda venida de Cristo.
El dirigente sionista Weizmann de origen
bielorruso nacionalizado británico era un eminente ingeniero químico
descubridor del método de obtención de acetona mediante fermentación bacteriana
para estimular la producción de cordita y así mejorar el poder destructivo de
los proyectiles y obuses. Investigaciones que desarrolló mientras trabajaba
como asesor científico del Ministerio de Municiones y que aplicó en la flota de
la armada real inglesa. Weizmann pertenecía a la facción del sionismo sintético
(moderado) y con gran visión  apostó por
aliarse con el Imperio Británico confiado en que ganarían la guerra. Por el
contrario muchos judíos orientales buscaron la protección del imperio alemán
pensando lo mismo aunque fracasaron. 
El 3 de enero de 1919, dos semanas antes de
que comenzara la conferencia de Paz de París, el emir del reino árabe de Hiyaz
Faysal Ibn Husayn reconoce en un documento 
ante Weizmann -representante del Movimiento Sionista  -con el que ya se habían reunido en
Transjordania en 1918- el derecho de los judíos a materializar la Declaración
de Balfour. De esta forma se daba luz verde a la emigración o aliyá con la
condición de que los judíos apoyaran la 
creación de un estado árabe a partir de los restos del antiguo Imperio
Otomano (excluyendo a Sanjacado de Jerusalén o Palestina) Estamos hablando de
una hipotética alianza entre sionistas y hachemíes para repartirse al región.
El consejero de Faysal en ese entonces era Lawrence de Arabia que igualmente
ejercía labores de espionaje a los órdenes del imperio británico.
En la Conferencia de Paz de Paris se iba a
configurar el nuevo orden mundial y el destino de los países derrotados en la
Guerra (Alemania, Imperio Otomano, Bulgaria, Austria y Hungría) Los judíos
aprovechando sus contactos diplomáticos exigieron el total control de Sanjacado
de Jerusalén o Palestina (bajo la tutela británica) Ellos se creían los
legítimos dueños de la “tierra prometida” ignorando que el 90% de la población
era palestino. De alguna manera tenían que ganarse el favor de las potencias y
explotar al máximo el victimismo de un pueblo perseguido, de un pueblo
expulsado de su patria y condenado al exilio. El antisemitismo se había
extendido por toda Europa considerándolos 
como una raza maldita. Sin ir más lejos los pogromos llevados a cabo
especialmente en la Rusia zarista y la soviética dejaron miles y miles de
muertos, la destrucción de sus hogares, la violación en masa de mujeres, y
300.000 niños huérfanos. En fin, la ruina y la desolación.
La carta de Faysal a Félix Frankfurter, jefe
de la organización Sionista Americana en la conferencia de París, hace una
exaltación sobre la afinidad racial y antiguos vínculos entre ambos pueblos:
“Sentimos que árabes y judíos son primos de raza y hemos sufrido una opresión
semejante de manos de potencias más poderosas… Los árabes especialmente
miramos el movimiento sionista con la más profunda simpatía… Daremos a los
judíos una sentida bienvenida a casa… Gente menos informada y menos
responsable que nuestros líderes y los vuestros, ignorando la necesidad de
cooperación entre árabes y sionistas, han intentado explotar las dificultades
locales que necesariamente surgirán en Palestina en la fase temprana de
nuestros movimientos”
En los despachos de las potencias imperiales
se tomaban las decisiones sobre el destino 
de las colonias. Con la total indiferencia hacia las poblaciones
autóctonas a las que catalogaba como seres “primitivos, incapaces de discernir”
y que precisaban de un “mandato”, o sea, de alguien que los tutelara y los
civilizara siguiendo los patrones occidentales. Eso fue lo que sucedió con el
pueblo palestino despreciado por su carácter tosco y arcaico.
Pero lo cierto es que la idea de dotar al
pueblo judío de una patria empezó a forjarse a fines del siglo XVIII durante la
campaña de conquista napoleónica en 
Oriente Medio. Se tiene constancia que antes del asedio a San Juan de
Acre en 1799 Napoleón redactó su “proclama a la nación judía”, en la que les
prometió a los hebreos un estado judío independiente. “Tendréis derecho a una
existencia política y a un trato de nación de naciones”. Incluso lanzó un
llamado para que todos los judíos de la diáspora  regresaran a Palestina. De esta forma se
convirtió en el primer dirigente occidental en simpatizar con la causa
sionista.
Los británicos fueron muy astutos pues
jugaron a dos cartas como lo indican las promesas hechas por los británicos a
través de Mc Mahon (alto comisario británico en el Cairo)  al Jerife de la Meca Husayn Iban Al Hachemí  con unas cartas enviadas entre1915 y 1916
cuando la I Guerra Mundial estaba en plena ebullición buscando una alianza con
las tribus árabes-(que desató la Gran Rebelión) a cambio de un Estado Árabe.
Los antecedentes de la trama sionista se
remonta a mediados del siglo XIX con la publicación en el Colonial Times en
1841 por parte de lord Shaftesbury (importante político y filántropo de la
época victoriana) del “memorando a los gobernantes protestantes de Europa” en
el que defendía el regreso de los judíos a Palestina, en 1880 la Organización
Sionista Mundial comenzó a promover la emigración a Palestina con el permiso
del Imperio Otomano, en 1897 con el “Programa de Basilea” los judíos reclaman
ante las potencias un hogar Judío en Palestina, en 1899 la Jewish Colonization
Association lanza una exitosa aliyá de colonización rural bajo la anuencia del
sultán otomano. Lord Henry Churchill oficial de la armada, cónsul británico en
la Siria Otomana y promotor del primer plan político para la instalación del
estado de Israel en la Palestina Otomana le escribe en 1841 a Moses Montefiore,
líder de la Comunidad Judía Británica, dando el visto bueno a la emigración
judía a Palestina. “A los judíos si se les permiten colonizar Siria y Palestina
deberían estar bajo la protección de las 
grandes potencias”. Tal y como lo aseveraba su Theodor Herzl
(considerado el padre fundador del moderno estado de Israel) en carta al Kaiser
Wilhelm II del 1 de marzo de 1899  “La
idea que yo defiendo (la de un estado judío), ya fue intentada en este siglo por
un gran monarca europeo, Napoleón I. La instauración del Gran Sanedrín en París
no fue sino el muy débil reflejo de esa idea. (…) Es sobre este mismo signo que
conviene situar la cuestión judía. Desde entonces, lo que no fue posible bajo
Napoleón I, ¡que lo sea bajo Wilhelm II!” Había que incentivar la emigración
judía hacia tierra santa y la compra de tierras a los propietarios árabes o
turcos.
A principios del siglo XX ya existían 200
sociedades sionistas estadounidenses con una gran influencia a nivel político y
económico. Tal es así que en 1944 Weizmann siendo presidente del Consejo
Provisional de Israel es recibido con todos los honores en Washington por el
presidente Harry S. Truman. Desde ese momento comienza entre ambos mandatarios
un intercambio epistolar que va a desembocar en el reconocimiento en 1949 por
parte del gobierno de EE.UU del nuevo estado de Israel.
Lo cierto es que desde la época de Theodor
Herzl el Movimiento Sionista ejercía una gran influencia en las altas esferas
del poder mundial. Posteriormente con Weizmann y el barón Rothschild el lobby
judío explotó las buenas relaciones con el imperio británico para sacar los más
altos réditos. Incluso tuvieron la osadía de enviar a Roma al periodista
Sokolow para que presentara el “plan judío para Palestina” ante monseñor
Eugenio Pacelli, secretario adjunto del Vaticano  (futuro Papa Pio XII) quien correspondiendo
al deseo del Papa Benedicto XV de combatir el antisemitismo les colmó de
atenciones y prebendas.
Los miembros del Movimiento Sionista
participaban asiduamente en la vida social inglesa departiendo con la alta
burguesía, los nobles y la aristocracia; asistían a fiestas, convites,
banquetes, eran invitados de honor en los encuentros políticos, culturales, o
financieras. Además gozaban de la amistad de la casa real británica y del
mismísimo rey Eduardo VII.  Reunidos en
los selectos restaurantes o los clubes privados alrededor de una mesa bebiendo
whisky decidían el futuro de millones de 
súbditos o siervos de las colonias o protectorados.
Los judíos demostraron una gran habilidad en
el campo de las relaciones públicas, sabían cómo moverse en estos ambientes refinados y exclusivos donde la
lengua oficial por supuesto era el inglés –algo que o los árabes desconocían
y  por lo tanto necesitaban de
intérpretes-. Los “gentleman sionistas” no tenían nada que ver con esos
exóticos beduinos  de apariencia salvaje,
vestidos con túnicas de camelleros y que se comunicaban en una jeringonza
incomprensible más propia de trogloditas.
El imperio británico necesitaba defender sus
intereses geoestratégicos, su emporio colonial, la explotación de los recursos
naturales, la extracción de materias primas, las rutas comerciales con especial énfasis en del canal de Suez como vía
de comunicación de vital importancia para mantener el dominio sobre la India,
la joya más preciadas de la corona. De ahí que en la I Guerra Mundial se
libraran en la zona de Oriente Medio batallas trascendentales que determinaron
la caída del imperio turco.
Aunque parezca delirante la carta enviada por
lord Arthur Balfour al barón Rothschild 
no solo  cambió la historia de
Oriente Medio sino también la de Occidente y la del mundo entero. Fue el propio
barón Rothschild quien hizo pública la declaración de Balfour en los periódicos
británicos el día 9 de noviembre de 
1917, es decir, hace exactamente 100 años. Podríamos decir que la
declaración de Balfour -que no es más que un simple texto mecanografiado- es la
sentencia que da vía libre al despojo, la expulsión  y el genocidio del pueblo palestino. Una condena al patíbulo sin mayores
objeciones.
Los nativos palestinos bajo la tutela del
imperio turco jamás se imaginaron lo que se estaba fraguando a miles de
kilómetros de distancia en las cortes y despachos de las metrópolis europeas.
El imperialismo aprovechándose de su poderío militar trazaba en los mapas las
nuevas fronteras que demarcaban los territorios bajo su soberanía.
“La declaración de Balfour reconoce la tierra
de Israel como la patria del pueblo judío” así lo afirmó Netanyahu en el
Kenneset en la celebración del centenario de la declaración de Balfour. En el
mismo sentido se pronunció en el  año
1917 Weizmann cuando se congratulaba ante la asamblea del Movimiento Sionista
de las buenas nuevas que llegaban de Downing Street: “la declaración de Balfour
es la carta magna de las libertades judías” “Este es el público reconocimiento
de la poderosa conexión de los judíos con Palestina”.
El pueblo Palestino ha sido víctima de una
diabólica confabulación urdida por el lobby sionista en complicidad con el
imperio británico y el beneplácito de la dinastía traidora  Hachemita. Además han incidido tres factores
determinantes para que se consume este alevoso crimen: la declaración de
Balfour, los acuerdos secretos Sykes-Picot y la resolución de la Sociedad de
Naciones que aprobó los Mandatos de Gran Bretaña y Francia. Como colofón el día
14 de mayo de 1948 se proclama en Tel Aviv el estado de Israel provocando el
estallido de la guerra árabe-israelí cuyas catastróficas consecuencias se
extienden hasta nuest
Si hace cien años fue lord Arthur Balfour el
que le remitió al Barón Rothschild la declaración de apoyo a la creación de un
hogar judío en Palestina hoy la correspondencia ya no es con el extinto imperio
británico sino con los EE.UU. El actual
presidente Donald Trump se ha reservado el papel de principal valedor de la
causa sionista y para ello cuenta como su asesor personal para ¡la Paz en
Oriente Medio! a Jared Kushner que es nada menos y nada más que su yerno y una
de las figuras más relevantes del poderoso lobby judío americano. La decisión
tomada el día de hoy miércoles 6 de diciembre del 2017 de trasladar la embajada
de EE.UU de Tel Aviv a Jerusalén nos es más que el reconocimiento total y
absoluto de Israel y sus políticas guerreristas y genocidas. Una decisión
suicida e irresponsable teniendo en cuenta la situación de extrema gravedad
(bloqueo, nuevos asentamientos, colonos, represión, militarización, estado de
sitio, detenciones arbitrarias, robo de tierras, desempleo o ruina económica)
en que se encuentran los Territorios Ocupados de Cisjordania y la franja de
Gaza que prevé un recrudecimiento sin precedentes de las acciones de
resistencia palestina que desembocará en una voraz y sangrienta espiral de
violencia.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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