Jueves 29 diciembre, “La Opinión, Reflexiones de un librepensador”

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Jueves 29 diciembre, a las 15:00 h. y R a las 19:30 h. La Opinión, Reflexiones de un librepensador por José Luis Úriz, militante del PSC.
José Luis Úriz
En alguna ocasión, en los últimos tiempos con
más razón, me he preguntado cómo me definiría desde el punto de vista
ideológico. ¿Socialista? ¿Socialista, anarquista? ¿Socialista, liberal?
¿Liberal de izquierdas? Pero he llegado a la conclusión de que en realidad me
considero “librepensador”, o aunque pueda ser una redundancia
“librepensador de izquierdas”. Entendiendo por librepensador la
definición clásica de “persona que forma sus opiniones sobre la base de la
razón. Independientemente de la tradición, la autoridad o de creencias
establecidas”.
Además y como agravante, me considero
utópico, que como aseguraba Galeano en una de sus geniales reflexiones es aquel
que persigue la utopía, porque está en el horizonte: cuando uno camina dos
pasos, ella se aleja dos pasos, cuando se camina diez pasos, ella está diez
pasos más lejos. ¿Para qué sirve pues la utopía? Sirve para eso, para caminar,
para avanzar, para crecer intelectual y humanamente.
Por tanto a la vista de cómo está la
militancia política en estos tiempos, resulta casi una contradicción definirse
así y al mismo tiempo militar…, perdón, sería más adecuado decir estar afiliado
a un partido. Aunque viendo cómo se estructuran hoy en día tampoco sería tan
desafortunado emplear ése término.
Utilizando la lógica, la mayoría de los
afiliados a partidos considerados de la izquierda clásica deberíamos ser
librepensadores, y además utópicos, pero me temo que eso no es así ya que la
práctica de estos principios llevaría inexorablemente a la expulsión, o como
mal menor la marginación en más o menos tiempo. La disciplina en los partidos
políticos clásicos  está por encima de
cualquier otra componente, véase si no los “avances” que intentan en este tema
en los partidos de nuevo cuño como Podemos o Ciudadanos.
Ya se sabe que la disciplina si algo coarta
es la libertad, también la de pensar, especialmente cuando el pensamiento se
transforma en palabras y mucho más peligroso aún si se pone negro sobre blanco
haciéndolo además público.
Ante esas circunstancias se me puede y debe
preguntar: ¿Cómo se apaña un militante honesto para ser leal a su ideología
librepensadora, y al mismo tiempo seguir militando en un partido político como
el PSOE? Buena pregunta, de difícil respuesta. Quizás limitando la actividad
librepensadora, o al menos dejándola en eso, en lo que se piensa, evitando en
lo posible trasladarla a lo que se dice y mucho menos aún a lo que escribe.
En alguna ocasión ya he elucubrado sobre eso
de la censura, la autocensura, o la existencia constante de Torquemada en el
seno del PSOE por lo que la respuesta más correcta sería: practicando la
autocensura, controlando en lo posible la extensión de tus ideas y mucho más
aún tus críticas.
¿Eso supone una contradicción, o incluso una
traición a esas ideas? Puede ser, pero al menos permite la supervivencia en una
actividad política   que se desea
mantener. Aunque hay que decir que a medida que pasan los años uno se vuelve
menos pragmático, comienza a romper ataduras y compromisos, se va más ligero de
equipaje llevando la ideología librepensadora a su máxima expresión, pase lo
que pase, y tenga las consecuencias que tenga. En éste momento me encuentro en
los convulsos tiempos que nos tocan vivir dentro del socialismo español.
Desprecio profundamente a los burócratas,
casi siempre mediocres, que se dedican a coartar la libertad de expresión,
quizás porque siempre he defendido que en los partidos políticos debería de
cuidarse la heterodoxia como si de una especie en vías de extinción se tratara,
porque la verdad es que quedar, lo que es quedar, quedamos bastante pocos
heterodoxos en su seno.
La gente hoy llega a los partidos políticos
como si de una oficina de colocación se tratara, con ánimo de medrar y para
conseguirlo se impone la ortodoxia, el portarse bien y obedecer ciegamente al
líder, convertirse en su acólito sin osar contradecirle en lo más mínimo. Ni
siquiera en los grupos minoritarios o grupúsculos están bien vistos los
heterodoxos, también entre los que van con la bandera de “rompedores”.
Esto no quiero que se interprete como una
crítica a mi partido, porque probablemente en cualquier otro además de cómo
estoy (marginado y ninguneado) estaría expulsado (obvio aquí mi experiencia
anterior), en alguno incluso algo peor. Aún no se quema a los discrepantes en
una hoguera, pero todo llegará. Mi crítica se dirige a todos, todos los
partidos en general, y especialmente a los que se definen como progresistas o
de izquierdas.
Aunque no nos confundamos, tampoco la
sociedad actual tolera el librepensamiento. Bueno, cuando éste supone una
crítica a los demás sí, pero si está dirigida a nosotros la cosa cambia porque
se impone el sectarismo. Existen demasiadas sectas en la actividad política. No
hay nada más que ver, o leer, las furibundas respuestas a algunas reflexiones
Como eso se suele transformar en epidemia,
también algunos medios de comunicación se suman a la cruzada. Habitualmente
éstos sólo sacan los artículos que son críticos con la actitud del partido al
que se intenta debilitar, no porque respeten el librepensamiento sino para
erosionarlo.
No vivimos una buena época para el
librepensamiento. A pesar de ello habrá que aguantar. Intentaremos seguir los
consejos de Bertolt Brecht: “Hay hombres que luchan un día y son buenos.
Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son
muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los
imprescindibles”. Seguiremos luchando, al menos para que alguien aguante
ésta vela hasta que otros más jóvenes vengan a relevarnos, aunque a la vista de
lo que viene detrás no me extrañaría que nos muramos de viejos sujetándola.
En fin, alguna gente me suele decir que me
estoy volviendo demasiado pesimista y crítico a la hora de valorar la sociedad
actual. Será cosa de la edad, ya se sabe que algunos nos volvemos gruñones y
cascarrabias con los años.

Reivindico pues el librepensamiento, la
utopía y también otra cualidad ahora en desuso: la bondad. A menudo cuando te
tachan de buena persona casi suena a insulto, por eso aunque se pueda
interpretar que no tiene nada que ver con este artículo, no quisiera privarme
de reflejar una frase que me ha parecido simplemente genial, dicha por Blanca
Li: «Si tuviera que morir esta noche, quisiera tener la sensación de haber sido
bueno. Cualquier tonto puede ser malo, pero la bondad precisa inteligencia».
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