Jueves 20 de abril, “La Opinión: ¿República o Monarquía? por José Luis Úriz

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El pasado viernes de dolores se celebró el día
de la República en España. Desde hace años, especialmente por los errores
cometido por una monarquía que parecía intocable se ha reabierto con más virulencia
si cabe el debate de si la esta es realmente útil, necesaria ya se sabe que no,
en un país moderno como el nuestro.
Es cuando menos curioso que este debate no
fuera tan duro en los momentos del inicio de la transición, más allá de lo
ocurrido en el seno del PCE, fui protagonista en primera persona de esos
históricos instantes, cuando Santiago Carrillo en un gesto de “pragmatismo” de
los que hacen época, impuso a sangre y fuego en su seno la aceptación de la
monarquía y de la bandera bicolor.
Aquello fue muy difícil de tragar,
especialmente por unas bases que se habían batido el cobre frente al
franquismo, en defensa de una serie de elementos ideológicos básicos que
parecían inalterables: marxismo-leninismo, república, bandera tricolor,
ateísmo. Principios cuya dejación fue el precio a pagar para la legalización, e
incluso según algunos teóricos del tema, para que la democracia pudiera llegar
y asentarse.
También en la otra izquierda, la socialista, se
pagó un alto precio como el abandono del marxismo en su XXVIII Congreso, así
como aceptar una monarquía en la que no creían; más jirones dejados por la
izquierda en ese largo y tortuoso camino. De si valieron la pena esos esfuerzos
existen diferentes teorías y al menos visto desde la perspectiva actual me temo
que no, que eso trajo victorias electorales, pero no ideológicas de fondo, no
transformaciones profundas e inalterables de la sociedad.
Quizás otro de los debates abiertos: si debimos
haber luchado por la ruptura en lugar de la reforma pueda traer respuestas
contundentes. No se puede dar marcha a tras al tiempo, pero parece que éste le
da la razón a quienes defendieron la primera opción.
Pero se hizo lo que se hizo. Los dirigentes
impusieron a las bases su pragmatismo, su “sensatez” y tuvimos que cargar con
un peso muerto como la monarquía cuyo único papel importante, cuestionado por
algunos, fue su actuación, parece que defensora del orden constitucional, la
famosa noche del 23-F de 1981.
Cierto es que en aquel momento los poderes
fácticos heredados del franquismo (policía, guardia civil y ejército), estaban
totalmente incontrolados desde el poder político, y eso podía haber entorpecido
nuestra marcha hacia la democracia Pero aunque aquel día el rey no se hubiera
puesto en medio, esa marcha era ya imparable, reconociendo eso sí que nos
habría costado más dolor y sufrimiento pero a la que habríamos llegado igual.
A partir de ahí su función ha sido meramente
protocolaria, cada vez con menos poder y menos funciones, más allá de las
simbólicas absolutamente prescindible en nuestro sistema democrático.
Pero como no estorbaba, como más allá de
anécdotas o bromas estúpidas no originaba ningún quebradero de cabeza y
teorizando que su costo no era excesivo, más aún en época de vacas gordas,
nadie la cuestionó de una manera seria. Solo minorías provenientes de IU,
especialmente en la época de Julio Anguita defendieron su eliminación.
Durante muchos años la sociedad la valoraba
entre las instituciones que gozaban de su máximo apoyo y respeto, pero en los
últimos tiempos la cosa ha ido cambiando. El incidente de la caz en Bostwana,
del que nos enteramos precisamente la madrugada del 14 de Abril (¿casualidad o
premonición?), supuso la quiebra, puede que definitiva, de ese apoyo y respeto.
La consecuencia de torpezas de este calibre, más el enjuiciamiento de la
Infanta Cristina y su marido tuvieron como consecuencia su abdicación y la
llegada al trono de su hijo Felipe en un intento de lavar la imagen de la
institución.
¿Cómo respetar y apoyar a un monarca que
después de decir que no dormía pensando en los jóvenes parados, se va a cazar
elefantes en África? Hacerlo en un momento en el que sus súbditos (que fea
palabra) las están pasando canutas, con nocturnidad, no solo porque la caída se
produjo a las 5 de la madrugada y alevosía.
Un despropósito. Pero un despropósito realizado
por quien, y a menudo se intentaba camuflar este hecho, era la máxima
institución de nuestro país: el Jefe del Estado.
A partir de ahí ya no se trataba de dilucidar
si la monarquía es útil o no lo es, se trata de algo mucho más serio: de exigir
que como el resto de los mortales asuma sus responsabilidades ante errores tan
graves. Y eso no se soluciona solo con la abdicación sino con la supresión.
Mereció una reflexión aparte la reacción en
aquel instante de nuestros líderes políticos, especialmente en el seno de la
izquierda. Excepto IU y dirigentes del PSOE como Odón Elorza y eso les honra,
ha habido silencios clamorosos. El PSOE si no quiere ir otra vez
contracorriente en su nueva etapa debería liderar, ponerse al frente de la
marea crítica sobre una institución cada vez más cuestionada.
Es el momento de que esa izquierda reabra el
debate sobre monarquía y república, defendiendo con claridad y contundencia que
la primera institución es ya caduca, estéril y no tiene cabida en nuestro
futuro como pueblo.
¿Es la hora de la República? Parece que sí,
éste es el momento, éste el lugar para que haya una profunda reforma
institucional que nos lleve a ser una república moderna y democrática.
Habrá dificultades, tendremos que hacer un gran
esfuerzo, es probable que con incomprensiones, manipulaciones e incluso
agresiones, pero es el momento de ser valientes, de recuperar nuestras banderas
demasiado tiempo ocultas, guardadas en desvanes oscuros.

Para conseguirlo primero habrá que romper la
inercia permisiva y a veces cómplice de nuestros dirigentes, pero está claro
que la marea social nos acompaña y más pronto que tarde se conseguirá.
Nota: La Opinión es un espacio de Radio Rebelde Republicana abierto y plural, en el cual una serie de colaboradoras/es dejan su opinión respecto algunos temas, que no siempre tienen por qué estar en la línea editorial de nuestra emisora.

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