¡Habemos otro retrato del rey!

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Por Arturo Del Villar, Presidente del colectivo republicano tercer  milenio.

Nos ha costado a los vasallos 88.000 euros, pero ¿qué es esa minucia comparada con la satisfacción de saber que ya cuelga el retrato de su majestad el rey católico Felipe VI nuestro señor en el Salón de Ministros del Congreso de los Diputados? Ese salón está reservado para uso y disfrute del Gobierno, de modo que su contemplación va a quedar muy restringida. Se ha colocado en la pared principal, en sustitución del retrato de rey decrépito padre del titular, que ha sido relegado a un lateral. Los hijos empujan a los padres, como bien sabe Juan Carlos I, el que impidió reinar a su padre en vida, siguiendo la sucesión dinástica tradicional, aunque le concedió el título póstumo de rey Juan III en el panteón de El Escorial, y no era una broma macabra, aunque lo parezca.

Habrá quien piense que con una deuda pública de 1.188.121 millones de euros alcanzados en el mes de febrero, que ya serán más, lo que representa una deuda per cápita de 25.424 euros, equivalente al 98,3 por ciento del producto interior bruto, el reino debiera ahorrar todo lo posible, evitando derrochar en gastos superfluos, porque esa cantidad ya nos resulta imposible pagarla. Claro está que también habrá quien juzgue que no es superfluo abonar al muy promocionado artista gaditano Hernán Cortés Moreno los 88.000 euros solicitados para pintar el retrato de nuestro señor el rey para el Congreso de los Diputados, sino una necesidad ineludible. Hay opiniones para todos los gustos, porque todavía en este reino se nos permite opinar si coincidimos con el criterio infalible del Gobierno.

En realidad lo que más ha pintado es un amplio fondo de color ocre, ante el que ha colocado a su majestad nuestro señor sentado esparrancado con las reales manos sobre los reales muslos, vestido con el traje gris de los seres anodinos, y con profundas arrugas en la frente, demostrativas de la honda preocupación que siente ante la pésima situación económica del reino, uno de los países más endeudados del mundo y sin perspectivas de mejora. El pintor sigue la escuela realista de modelo fotográfico, de modo que ha plasmado perfectamente la expresión de hortaliza característica de la cara de nuestro soberano, al que nunca se le adivinan los sentimientos, quizá porque carece de ellos.

Éste es el sexto

El costoso artista conoce bien al modelo, puesto que ya lo había retratado para la Agencia EFE cuando era tripríncipe de Asturias, Girona y Viana, y como rey y señor nuestro para el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo, el Consejo de Estado y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Debiera haber hecho una rebaja en sus honorarios, que nadie le discute, pero teniendo tan utilizado al modelo seguramente no debe esforzarse mucho en copiar su real efigie, que además por ser tan inexpresiva carece de dificultades de reproducción. Yo protesto por tener obligatoriamente que pagar un retrato del rey.

En el pasado los reyes nombraban pintores de cámara para que los retratasen con sus familias irreales, y así fueran conocidos por la posteridad. La verdad es que los borbones debieran haber evitado que sus jetas pasasen a la historia, porque muestran toda la degeneración hereditaria de la dinastía. El cuadro de Goya La familia de Carlos IV es una galería de monstruos, por mucho que como pintor de cámara tratase de disimular sus lacras borbónicas congénitas. Pero eso es cosa del pasado, cuando no se había inventado la fotografía. Ahora, con los métodos de reproducción actuales, nada más perfecto que una fotografía para mostrar el aspecto de los reyes y sus familias irreales. Los fotógrafos son absolutamente fieles al modelo, y resultan mucho más baratos que los pintores. En el siglo XXI no hay ningún motivo para seguir los usos del XVIII. A no ser que se quiera enriquecer a un artista por algún motivo. Como vasallo pago impuestos por obligación, pero protesto porque se dilapide el presupuesto del reino en algo tan innecesario como pintar otro retrato más a nuestro señor.

Se diría que existe algún interés real en el hecho de encargar a Hernán Cortés Moreno pintar a los reyes. En los contratos de la Administración Pública se exige celebrar un concurso público, al que se presentan todos los interesados con sus proyectos. En el caso de los retratos se adjudican a dedo. Y Hernán Cortés Moreno resulta premiado siempre. En el Congreso tenía ya expuestos los retratos del los siete ponentes de la Constitución, y 34 retratos de los presidentes y personajes destacados. Es insaciable.

El descubrimiento

Esta anomalía fue resaltada como algo positivo por la todavía presidenta del Congreso en funciones, Ana Pastor, en el acto de descubrir el retrato, celebrado este histórico 6 de mayo de 2019 al mediodía. No se puede calificar de acto solemne, ya que contó con una reducida presencia de invitados, miembros de la Mesa, en su mayoría féminas gritonas, probablemente debido a no estar constituido el Congreso salido de las recientes elecciones generales el 28 de abril, aunque a juzgar por las palabras de la presidenta en funciones se trataba de un acontecimiento sin precedentes. En su opinión el descubrimiento del retrato era comparable en importancia al descubrimiento de América. Menos mal que sólo le queda unos pocos días como presidenta. Echaremos de menos sus anécdotas.

Añadió que posiblemente éste sea uno de los mejores retratos de Cortés, sin asegurarlo, pero dando a entender que así era, y justificó que se tratase de un encargo directo de la Mesa del Congreso por el reconocido prestigio del artista. Puesta a exagerar, se atrevió a predecir que “en poco tiempo este retrato se convertirá en el icono de nuestro jefe del Estado”. A tal señor tal icono.

Habló después el artista, quien improvisó unas inconexas palabras para agradecer que le hubieran encargado a él a dedo la realización del retrato. No es para menos, habida cuenta de los 88.000 euros que se ha embolsado de nuestros impuestos Especialmente resaltó el ánimo que le dio en todo momento Ana Pastor, hasta el punto de afirmar que sin su empuje no lo hubiera podido pintar. Qué lástima de ocasión perdida. Una verdadera pena que sea tan animosa. También dijo que el Congreso se ha convertido en su segunda casa, teniendo en cuenta todas las pinturas suyas colgadas allí. Respecto al retrato de nuestro señor el rey católico aclaró que ha querido seguir la tradición retratística española, pensando quizá en el retrato de Carlos II por Juan Carreño de Miranda, una de las obras maestras del Museo del Prado. Terminó asegurando que había querido destacar la manera de mirar que tiene su majestad, una manera que inspira confianza. Será a él.

Quitada la cortinilla conjuntamente por la presidenta y el artista, los escasos asistentes se deshicieron en elogios corteses de la pintura de Hernán Cortés, como buenos cortesanos que son. Y así concluyó este acto que ha sumado una mala pintura al Congreso, y nos ha restado 88.000 euros a los resignados vasallos de su majestad el rey católico, que Dios guarde.

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