Felipe VI ante la guerra por Arturo de Villar

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El jefe supremo de las Fuerzas Armadas españolas, que lo es nuestro señor el rey Felipe VI según el punto h) del artículo 62 de la vigente Constitución borbónica, pronunció una arenga este 12 de marzo de 2022 en el titulado “Acto de homenaje a la ejemplaridad del pueblo de La Palma”, celebrado en el convento de San Francisco de Santa Cruz de La Palma, todo muy santo, como corresponde a la categoría del rey católico nuestro señor. Esa ejemplaridad consistió en sufrir durante 85 días la erupción del volcán de Cumbre Vieja, poniéndose fuera del alcance de la lava, reacción más que ejemplar sensata, limitada a quienes residen en territorio volcánico.

El escriba de turno hizo comenzar su discurso al rey con un tema de mayor actualidad, como lo es la guerra librada ahora mismo en Ucrania. En esa guerra participa el reino de España debido a su inscripción en la Organización Terrorista del Atlántico Norte (OTAN), que oficialmente no interviene en el conflicto, pero de hecho es quien propició y mantiene la invasión de Ucrania, en una de las actuaciones más cínicas que le hemos visto hacer, con serlo todas las suyas.

La Federación de Rusia había advertido que no toleraría que continuase la expansión de la OTAN en torno a sus fronteras, por considerarla un peligro lógico para su integridad nacional, conocida la agresividad de la Organización. Pese a ello, los Estados Bandidos de Norteamérica, los verdaderos mandos imperialistas de la OTAN, mantuvieron una campaña provocadora, bombardeando con fuego de mortero la región del Donbás, de población mayoritariamente rusa, hasta obligar a la Federación de Rusia a intervenir para garantizar su defensa. Aunque Ucrania no había llegado a formalizar su adhesión, los países firmantes del Tratado invadieron el país y sostienen una guerra utilizada para desprestigiar a la Federación de Rusia, difundiendo imágenes de niños llorones. Esto leyó su majestad:

Seguimos con gran preocupación lo que está sucediendo en Ucrania, y mostramos nuestra más sincera solidaridad con las autoridades y con el pueblo ucraniano. España muestra su firme compromiso para ayudar a los ucranianos.

De modo que a su majestad católica le disgusta la guerra, pero hace lo posible para prolongarla enviando armas y municiones a los ucranianos. Como de costumbre, el reino de España ha hecho el ridículo por medio del presidente de su Gobierno, el Perico Sánchez, un hombre con las ideas tan claras que el lunes 28 de febrero anunció desde su tribuna, la Televisión Española, que es Nazional, que el reino no enviaría armas a Ucrania, pero el miércoles 2 de marzo desde el mismo medio comunicó que el reino habia decidido enviar armas a Ucrania. Una de dos, o es un esquizofrénico con dos personalidades opuestas, o algún mando de la OTAN lo puso firme y le ordenó cambiar de criterio. Probablemente fue la segunda opción, y dado que está ansioso por recibir una mirada de atención del presidente de los Estados Bandidos de Norteamérica, que lo ignora siempre, se apresuró a desdecirse urbi et orbi, sin ninguna vergüenza. Será porque no la tiene.

Los ucranianos ya han debido de comprobar que la colaboración española les sirve de muy poco. Hay que dar la nota chusca siempre, para demostrar que “España es diferente”. Los envíos de armamento y munición no van a servir a los combatientes más que para matar de risa al enemigo. Por algo el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, advirtió durante una entrevista en la Televisión Española o Nazional, emitida el pasado viernes 11 de marzo, recogida por la Agencia EFE el mismo día, que “cuanto menos se hable de lo que se envía a Ucrania, mejor”. Tiene mucha razón: mejor que no sepa lo que hace este Gobierno. Conviene evitar que se burlen de nosotros los colegas de la OTAN.

Los combatientes ucranianos comprobarán por sí mismo el valor de la ayuda entregada por el reino borbónico de España. Nada de misiles tierra—aire, que son muy efectivos: la limosna española consiste en sistemas anticarro Alcotán 100 y C–90, fabricados en Zaragoza, y ametralladoras Ameli elaboradas en A Coruña, ya desechadas por el Ejército de Tierra. También se han mandado 700.000 cartuchos de variada munición, por si hay suerte y valen. La intención tanto de su majestad el rey como de su Gobierno seguramente es buena, pero somos un país tercermundista, y no podemos dar lo que no tenemos. Puesto que es así la realidad, que no presuman los gobernantes. Es verdad que hay ingenuos que creen sus palabras. ¡País!

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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