“Felipe no sabe historia” por Arturo del Villar

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Nos lo demuestra continuamente a sus forzosos vasallos, al escucharle leer impertérrito los discursos que le entregan para su difusión los escribas de la Casa Irreal. Pasó con tanta rapidez por los centros educativos civiles y militares nazionales y extranjeros, que no tuvo tiempo de aprender nada, ocupado en las distracciones favoritas de los borbones. Y el ejemplo de su padre y muy señor nuestro le demuestra que no es preciso poseer cultura para enriquecerse con el ejercicio de la monarquía. Además, le tiene sin cuidado que sus forzosos vasallos no lo aceptemos, desde el galleguito Iván con sus cuatro años, hasta Josep Sala, a quien se ha rendido recientemente un homenaje en León por los 102 suyos, más los intermedios.

En cualquier lugar de España al que acuda algún miembro de la familia irreal se suceden los rechazos de varias clases. Tiene que haber visto el último en una de las Torres Venecianas de Barcelona, en donde se proyectó su figura cayendo en picado boca abajo, para estrellarse contra el suelo, el 29 de noviembre de este 2021, con motivo de su paso rápido por la ciudad para entregar los despachos a los integrantes de la 70º promoción de la Carrera Judicial. El discurso que les leyó demuestra que el escriba irreal, y él mismo por aceptarlo, ignoran la historia más contemporánea de España, puesto que declaró tan campanudamente como es su costumbre: “Ahora ya formáis parte de una institución primordial del Estado social y democrático de Derecho.” Qué ocurrencia fantástica, puesto que la realidad cotidiana demuestra lo contrario.

El reino borbónico de España es ilegal, porque fue instaurado por el dictadorísimo genocida, nombrado jefe del Estado en 1936 por sus compañeros los militares monárquicos sublevados contra el Gobierno constitucional de la República Española. Por lo tanto, carecía por completo de legitimidad, y todas sus decisiones son nulas, contrarias al Derecho Internacional.

Con un ley injusta

El dictadorísimo, consciente de que no era eterno, aunque nos lo parecía, quiso perpetuar su régimen contrario al pueblo español, que había causado un millón de muertos, medio millón de exiliados y un número indeterminado de presos políticos convertidos en esclavos de la dictadura fascista. Para ello reunió a los llamados “procuradores” de la caricatura infame de Cortes, el martes 22 de julio de 1969, para ordenarles que votasen favorablemente su propuesta de designar sucesor suyo a título de rey a Juan Carlos de Borbón y Borbón, una vez jurase someterse a su dictadura.

Por supuestísimo los “procuradores” aplaudieron muy sumisa y trepidantemente la Ley 62/1969, de 22 de julio, por la que se provee lo concerniente a la sucesión en la Jefatura del Estado. Publicada al día siguiente en el Boletín Oficial del Estado, páginas 1.167 y siguiente, disponía en su primer artículo la instauración [palabra clave] de la Corona en el mentado Juan Carlos, en el segundo el juramento del mismo ante las llamadas Cortes de lealtad al dictadorísimo y fidelidad a los Principios Generales del Movimiento, en el tercero que a partir de ese momento ostentaría el título de príncipe de España con tratamiento de alteza real, en el cuarto que cuando él por fin falleciera el príncipe volvería a prestar juramento ante las susodicha Cortes, y el quinto que esa ley fascistísima entraría en vigor el mismo día de su publicación.

Todo era inválido por ilegal. Los españoles callamos porque estábamos amordazados y acobardados por la feroz represión llevada a cabo por las diversas fuerzas policiales, empezando por la Secreta que parecía omnipresente y disponía de autoridad para detener a cualquiera en cualquier lugar y encerrarlo en una mazmorra, sin ninguna garantía procesal

A continuación el dictadorísimo leyó un discurso en el que aclaró que mediante esa ley él hacía una instauración monárquica, no una restauración como la que en 1874 otro general traidor hizo en la persona de Alfonso de Borbón, el XII de su dinastía. En virtud de sus omnímodos poderes derivados de la victoria en la guerra, él instauraba una monarquía propia, con un delegado suyo al frente, para que perpetuara su régimen criminal. Y era así porque, según aseguró, el nuevo régimen derivaba “de aquel acto decisivo del 18 de julio que constituye un hecho histórico trascendental que no admite pactos ni condiciones”. Parecía una broma, pero entonces no teníamos ánimo para reír. Teníamos bastante con sobrevivir.

Un acto criminal vigente

Ese “acto decisivo” fue la sublevación contra el Gobierno legítimo de la República, que dio lugar a la sanguinaria guerra con intervención de las fuerzas nazis alemanas, fascistas italianas y viriatos portugueses, más la decisiva colaboración del Estados Vaticano con todos sus fanáticos servidores repartidos por el mundo recogiendo dinero para los rebeldes. En cambio, la República Española era traicionada por las democracias occidentales, mediante un nefasto Pacto de No Intervención. Padeció una doble traición: primero la perpetrada por los militares monárquicos sublevados, y después la promovida por los países presuntamente democráticos acobardados ante el poderío agresivo nazifascista.

Tras la victoria de los rebeldes por la superioridad de su armamento comenzó esta interminable posguerra de exilios políticos, cárceles, apaleamientos policiales y multas judiciales que todavía padecemos, a consecuencia del juramento hecho por Juan Carlos de sometimiento a la voluntad de su patrocinador. Es triste que el único juramento cumplido por un Borbón haya sido precisamente éste que maltrata al pueblo español.

No se nos ha vuelo a permitir opinar libremente desde las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, ganadas por el Frente Popular. Ahora nos hallamos en un momento de transición, desde el final de la dictadura fascista hasta cuando logremos la recuperación de la República legítima vilipendiada por los facciosos. Todos los actos derivados del golpe de Estado militar de julio de 1936 son ilegales, como lo fue la dictadura fascista y lo es la monarquía del 18 de julio instaurada para perpetuarla.

Esta historia no se la contaron los profesores amaestrados a Felipe, ni se la redactan los escribas irreales. Por eso sus discursos constituyen una suma de disparates históricos, y por eso también sus vasallos forzados no lo aceptamos como jefe de este Estado ilegal y fascista. Tendrá que continuar oyendo pitidos adonde quiera vaya, y sabrá que sus fotografías son invertidas y quemadas. Es la única manera de manifestar la voluntad popular.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.         

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