Felipe II, verdades y mentiras

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Si hacemos caso al historiador británico Henry Kamen, tuvo una educación muy buena, pero el príncipe tenía dificultades Como alumno, el Príncipe no era ni un modelo ni, mucho menos, sobresaliente. Su manejo del latín siempre fue regular, su estilo literario, en el mejor de los casos, mediocre, y su caligrafía siempre generalmente deficiente. Educado como un humanista, nunca llegó a serlo”.

Felipe hablaba español, portugués y también latín. Entendía bastante el italiano y francés, pero no sabía hablar con fluidez y lo mismo le pasaba con el alemán.

Los profesores, que le educan, le hacen sentir una gran pasión por los libros, lo que le hace crear una extensa biblioteca en el Escorial. Su formación se hizo junto a otros seis chicos nobles, entre los que destacaba Luis de Requesens, que era objeto de burlas por su fuerte acento catalán. Su padre Carlos I le avisa del carácter y los defectos de cada uno de los asesores “Es mejor discutir los asuntos con varios consejeros y no atarse a ninguno”. Felipe II seguirá durante toda su vida esta recomendación de su padre. Siempre tendrá en cuenta las opiniones de sus colaboradores, pero tomando la decisión él.

Con sólo doce años se crea el Consejo de la Regencia, que estaba integrado por Francisco de los Cobos, el cardenal Tavera y el duque de Alba.

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