Exiliados y emigrantes en Francia

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No se entiende el interés que pueda ofrecer la lectura del libro Los olvidados del exilio. Cartas de los últimos refugiados españoles, recopilado por Ritama Muñoz Rojas, con un capítulo firmado por la profesora Alicia Alted Vigil y un epílogo de Rosa Laviña, publicado por Reino de Cordelia en este 2021con 125 páginas. Cuesta, que no vale, 15 euros. Se publican cartas que pueden ser considerada anónimas, ya que están firmadas por unas iniciales solamente, en las que sus autores relatan sus experiencias como refugiados en la República Francesa, todas penosas, porque la patria que proclamó los lemas de la Libertad, Igualdad y Fraternidad se los guarda para sí misma y no los comparte con otros, sean españoles, argelinos, o de cualquier nacionalidad.

La correspondencia fue enviada a la asociación titulada Amigos de los Antiguos Refugiados Españoles (AARE), fundada en 1983 y disuelta en enero de 2020 tras el fallecimiento del último refugiado inscrito en la asociación. Continúa habiendo en el Hexágono algunos exiliados republicanos e hijos de exiliados, que mantienen amicales y conmemoran las festividades republicanas, pero no se interesaron por la AARE, e hicieron muy bien.

Tiene su precedente en la Spanish Refugee Aid (SRA), institución fundada en Nueva York en 1953 “para aliviar los sufrimientos de los refugiados españoles anticomunistas”, detalle que delata su carácter muy propio de la guerra fría. Recuérdese que en 1953 se firmaron los llamados pactos de Madrid, tres acuerdos ejecutivos por los que la dictadura fascista convirtió a España en colonia de los Estados Unidos de América. A cambio nos enviaron un queso intragable que todavía recuerdo con asco, y unas cajas de leche en polvo que más parecían de cal. No fue casualidad la coincidencia en las fechas. A los comunistas no les daban los imperialistas ni leche en polvo. Mejor para ellos, que no necesitaban escupirla.

La huida y la derrota

Pero la AARE no tenía las ideas claras sobre el exilio y la emigración. En la cuarta página de cubierta se menciona “El regreso de los intelectuales,  escritores y políticos que huyeron de España en 1939”, expresión despectiva porque no huyeron, sino que se exiliaron para conservar la libertad y la vida por las que habían combatido a los militares monárquicos sublevados. Y no se refugiaron mayoritariamente en la República Francesa, sino principalmente en los Estados Unidos Mexicanos y otros países latinoamericanos y en la Unión Soviética, en donde fueron bien recibidos y tratados mucho mejor que en Francia: la República heredó el odio de la monarquía a los españoles, desde que el rey Francisco I fue derrotado en Pavía y traído preso a Madrid, una vergüenza imperdonable para el chovinismo franchute, que todavía no la ha asimilado.

Según el título del volumen, en la AARE amistaban a los antiguos refugiados, que si cruzaron la frontera en 1939 contaban en 1983 con más de 44 años sobre los que hubieran cumplido en España, edad suficiente para haber encontrado algún trabajo al servicio de los gabachos, una pesada carga, aunque en las malas circunstancias hay que adaptase. Con todo, no se relacionaban solamente con los exiliados políticos, sino también con los emigrantes económicos en busca de trabajo. La recopiladora no distingue entre exiliados republicanos y emigrantes económicos, lo que distorsiona la comprensión del volumen.

Quiere presumir de la beneficencia mostrada por la AARE desde su creación en 1983, sin querer recordar la gran labor llevada a cabo por dos organismos republicanos en el año trágico de 1939, cuando la derrota y el exilio impedían una actividad reglamentada. En París en 1939 se fundó el Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles (SERE), como una continuación de la primera asociación constituida en 1937 para ayudar a los exiliados de las provincias del Norte conquistadas por los militares monárquicos rebeldes. Se calcula que el SERE se encargó de trasladar a los Estados Unidos Mexicanos alrededor de seis mil exiliados, y además constituyó en su auxilio el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles (CTARE), de gran utilidad.

Asimismo desempeñó un papel destacadísimo en aquel primer momento del exilio la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), creada en París el 31 de julio de 1939, y trasladada también a los Estados Unidos Mexicanos, en donde la acogedora recepción facilitada por el presidente Lázaro Cárdenas abrió las puertas a los vencidos y permitió la continuación de la República Española en el exilio.

Estas organizaciones sí resultaron fundamentales para facilitar a los exiliados republicanos su instalación en los países de acogida. Buscaron trabajo y domicilios a los mayores, fundaron centros de enseñanza para los niños, y casinos y lugares de reunión para que los desterrados mantuvieran los vínculos sociales en la nueva tierra de residencia.

Esta historia sí resulta trascendente para el exilio, en tanto las cartas en realidad anónimas firmadas con iniciales no aportan nada nuevo, porque son de sobra conocidas las penalidades padecidas por los republicanos españoles en la pervertida República Francesa. Por eso todos los que pudieron conseguirlo la abandonaron por otros países más amistosos.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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