Están hartos de príncipes por Arturo del Villar

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Muchos ciudadanos británicos están demostrando su menosprecio por la familia irreal, dándose de baja de Netflix. El motivo se debe al hecho de haber contratado esta plataforma a los duques de Sussex, Harry, apodado El Sucio por sus andanzas de soltero, nieto de la reina Isabel II, y su cónyuge, la exactriz estadounidense Meghan Markle, para producir documentales y programas en directo, por cien millones de dólares.

Al hacerse público el acuerdo muchos británicos escribieron a los diarios, según costumbre muy arraigada en el Reino Unido, para expresar su protesta. Según decía uno de ellos en The Express, “Si Netflix quiere derrochar su dinero es asunto suyo, pero yo me doy de baja: hay otras plataformas”.

La boda de Harry, después de una serie de escándalos que permitieron publicar en algunos periódicos británicos su desnudo integral en una orgía, o vestido con uniforme nazi, contentó a la reina, tanto como para concederle los títulos de duque de Sussex, conde de Dumbarton y barón Kilkeel en tan feliz día de 2018. Suponía que con la boda sentaría la cabeza, y dejaría de proporcionar reportajes a los periódicos sensacionalistas.

Sin embargo, la pareja le ha originado muchos más disgustos, hasta que el 8 de enero de 2020 la anciana soberana autorizó la publicación de un comunicado oficial anunciando que Harry renunciaba, y con él su esposa, al tratamiento de alteza real, y a la percepción de una asignación derivada del Ducado de Cornualles. El 31 de marzo se materializó la renuncia, y la pareja se puso a buscar trabajo, al dejar de vivir a costa del pueblo británico. Por el momento se instalaron en Los Ángeles, para ver si le salía algún papel cinematográfico a la antigua actriz.

Con ese motivo Harry ha perdido los diversos títulos nobiliarios que detentaba, y el cargo de capitán general de los Royal Marines. Antes de que su hermano mayor, y presunto heredero algún día de la corona británica, se dedicase a procrear hijos, era el tercero en la línea de sucesión, después de su padre, el príncipe Carlos, el que había expresado su deseo de ser una compresa de su entonces amante y ahora legítima esposa, y de su hermano, pero en la actualidad con el nacimiento de sus sobrinos se le había puesto muy difícil acceder al trono, a no ser que ocurriese una hecatombe en la familia. De manera que no debió de significarle un sacrificio la renuncia.

Los medios de comunicación ya se habían ocupado de Harry por sus escándalos cuando estaba soltero, y han continuado siguiendo las andanzas de la pareja después del enlace matrimonial. En España suelen ser noticia en esa prensa llamada rosa, aunque en realidad es amarilla, con la que se pervierte el escaso sentido común de las marujonas que la leen.

Pero algunos ciudadanos británicos demuestran poseerlo más arraigado, y dicen que no quieren saber nada de la pareja. No se ha hecho una encuesta para conocer el número de los sensatos frente al de los tarados por la incidencia de la publicidad en torno a los dos emigrantes, aunque es valioso que comience a generarse una opinión pública contraria a la insistencia en presentar los movimientos de los personajes relacionados con la realeza.

Los editores de la llamada prensa rosa aducen que les dedican reportajes porque hacen vender ejemplares. Los que se dan de baja de Netflix demuestran que esa teoría debe ser puesta en duda. Las familias irreales no sólo no les importan nada a muchos lectores, sino que causan hartazgo y provocan ira. A muchos lectores les disgusta que les impongan noticias sobre unas gentes dedicadas a vivir del cuento, gracias a unos títulos nobiliarios sin importancia en el siglo XXI. Del cuento y de la promoción que les hacen los medios de comunicación de masas gratuitamente, cuando no les pagan por concederles la exclusiva de una noticia. A ver si aprenden algo con el rechazo a Netflix.

Por: Arturo del Villar

Nota: el articulo es responsabilidad de su autor, a. Nosotros solo somos el medio que permite libremente expresarse a sus autores, as.

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