En tiempo real por Arturo del Villar

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No cesa la propaganda monárquica en todos los medios a favor de toda la familia irreal, para intentar convencernos de que se trata de una familia como  cualquier otra, que dispone de palacios pero prefiere vivir sin ningún boato, y trabaja intensamente por el bien de la patria  y de sus habitantes, o sea, sus vasallos obligados.

Ya se ha anunciado que el próximo domingo día 19 de diciembre Spotify estrenará XRey II, promocionada con esta tentadora advertencia: “La historia de Felipe VI como nunca antes se había contado”, y para ello intervendrán familiares, amigos, edecanes y demás gentes partidarias de la monarquía. No se anuncia la invitación a ningún republicano, aunque es seguro que conocemos su historia mejor que sus servilones, porque nosotros la seguimos con inmenso interés. Si se me permite citarme, llevo años comentando casi todas sus intervenciones públicas y glosando los discursos que lee, porque si lo hace debe entenderse que está de acuerdo con el contenido, aunque se los proporcionen los escribas a su servicio. 

El eslogan con el que se promociona este podcast dice una insensatez: “Una monarquía para un tiempo nuevo.” Totalmente imposible, en un tiempo nuevo no es tolerable una monarquía, por ser representativa del tiempo pasado, de épocas antiguas ya superadas en este siglo. Hubo momentos históricos en los que desempeñaron un buen papel Ramsés III, David, Nabucodonosor, Alejandro, Augusto, Atila, Ricardo Corazón de León, Mohamed II, el emperador Carlos I, Luis XIV de Francia, Napoleón Bonaparte y hasta el zar Nicolás II, pero tras su ejecución en 1917 quedó demostrado que reyes y emperadores debían dejar paso al pueblo para que rija sus destinos a su conveniencia.

La institución monárquica con sus diversos títulos pasó a ser una antigualla innecesaria. La monarquía advierte etimológicamente que representa el mando de una sola persona sobre todo un pueblo, y eso desde la Revolución Soviética fue superado por la realidad indiscutible de que ha de ser el pueblo el único propietario de su destino.

El pueblo constituido en República elige democráticamente en unas elecciones generales libres a una persona para que gestione la gobernabilidad del país, con un Consejo de Ministros que, como su nombre indica, le  aconseje las medidas a tomar, y unas Cortes soberanas en las que los delegado seleccionados libremente por el pueblo legislen sobre las actuaciones más convenientes para el Estado.

España conoció ese tiempo democrático de libertades, durante la II República, que sí fue un tiempo nuevo superador de las caducas fórmulas monárquicas, quitó el poder al ridículo personaje que lo detentaba, burlonamente apodado Gutiérrez, incapacitado para ese cargo obtenido por la inicua ley de la herencia en una sola familia,  y se lo dio a los elegidos por el pueblo para que se encargasen de poner al Estado a la hora del mundo, un mundo en el que la mayor parte de los países también entregaban el pode político a sus elegidos democráticamente para gobernarlos.

Sí hubo en 1931 un tiempo nuevo, que llenó de alegría a los ciudadanos por dejar de ser vasallos del dictatorial rey heredado. Mientras la representación del Estado la ostente una sola persona, que la recibe por herencia dentro de  una sola familia, es imposible alcanzar un tiempo nuevo. El protagonista de ese espectáculo anunciado, Felipe VI de Borbón, es tan actual como Nabucodonosor, reside en un tiempo superado históricamente, porque la monarquía es una anomalía anacrónica en el año 2021.

Además, en el caso de España es ilegal, porque el pueblo español la desterró el 14 de abril de 1931, y las Cortes Constituyentes de la República la condenaron el 20 de noviembre siguiente. No puede aceptarse que un dictadorísimo fascista, entronizado por ser vencedor de la guerra organizada por los militares monárquicos, acordara por su única voluntad suprema instaurar su monarquía fascista en 1969, en la persona de un sucesor suyo a título de rey, del que ha heredado el trono Felipe VI. La realidad es que España se halla amortajada en un tiempo antiquísimo. Los españoles deseamos un nuevo tiempo republicano, pero nos impiden votarlo, y quienes lo reclaman en las calles van a la mazmorra borbónica o al exilio.

Arturo del Villar, presidente del colectivo republicano tercer milenio.

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