‘Elegía por un sin techo ante el dinero’ por Arturo del Villar

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Un empleado de la sucursal de BBVA en la calle de Vicente

Aleixandre, en Mérida, ha encontrado el cadáver de un hombre de

27 años dentro del cajero automático, sin signos de violencia. Según

vecinos de la zona, se trata de un sin techo que solía dormir allí.

AL otro lado de la puerta estaba el dinero de los ricos,

preparado para realizar operaciones financieras

con las que obtener unos reales beneficios

y aumentar el éxito sin fin de los banqueros.

A este lado estaban agazapados entre sombras

el hambre, la soledad, el frío, la miseria,

la única compañía que sigue a los jóvenes sin futuro

en este reino amante de los disfraces.

 

Qué mayor honra puede tener un pobre

que morirse en un Banco junto a millones de euros,

él que nunca tuvo nada falleció como un rey

sin deber nada a nadie, señor de su miseria.

 

Feliz el que no tiene que hacer testamento,

no deja ni su nombre, viajero sin billete

por este reino que sufre callado su destino,

llega hasta el fin y abandona su cuerpo a oscuras.

 

Por decreto común de los alcaldes se hace saber

que la alegría debe reinar en las calles,

pues con esa finalidad las han iluminado

con millones de euros para festejar las navidades.

 

La policía vela por la tranquilidad con sus porras,

y mantiene domados a los parias de la Tierra,

la paz y el orden reinan sobre vivos y muertos,

ya que el fúnebre compás marca el paso a los vasallos.

 

Estuvo torpe al morirse este anónimo joven

sin esperar la llegada de los reyes de Oriente,

que le hubieran regalado unos caramelos

para que orientase su pobre vida sin esperanza.

 

Los reyes son siempre muy generosos

con quienes aceptan los deberes sin derechos:

algunos deben morir para que otros triunfen,

así marcha el mundo entre las metralletas.

 

Un muerto más para las estadísticas oficiales

carece de importancia ante el esplendor de un rey,

nadie le llora porque todos atienden a su problema,

y no dejó dinero para pagar un funeral a los curas.

 

Pero esta noche navideña en el cielo de Mérida

ha aparecido una estrella que brilla con luz roja,

no se encarga de guiar a los reyes hasta el portal,

sino a las famélicas legiones hacia el pan.

 

Esa estrella roja supera con su brillo infinito

las luces millonarias de los ayuntamientos:

marchaos, reyes, figuras del pasado podrido,

que consentís la muerte de un náufrago en la calle.

 

Esa estrella roja titila como un anuncio real

de imponer la igualdad de la ley sobre el rey,

los muertos anónimos callejeros la reclaman

y a todos nos ilumina el pensamiento.

 

Arturo del Villar, poeta republicano.

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